Lista de películas

A continuación os dejamos una magnífica lista de películas sobre asesinos en serie; realizada al completo por el portal decine21.com. Cada película tiene un enlace con información detallada:

  1. Psicosis, con Norman Bates
  2. La noche del cazador, con Harry Powell
  3. El silencio de los corderos, con Hannibal Lecter
  4. Extraños en un tren, con Bruno Anthony
  5. A sangre fría, con Perry Smith y Dick Hickock
  6. Seven, con John Doe
  7. Llama un extraño, con Curt Duncan
  8. Tesis, con Bosco Herranz
  9. El estrangulador de Boston, con Albert DeSalvo
  10. Matador,de Almodóvar, con Diego, el torero
  11. Los asesinos de la luna de miel, con Martha Beck y Ray Fernández
  12. El amigo americano, con Tom Ripley
  13. El estrangulador de Rillington Place, con John Christie
  14. El fotógrafo del pánico, conMark Lewis
  15. Justino, un asesino de la tercera edad, con Justino
  16. Speed, con Howard Payne
  17. Calma total, con el náufrago desquiciado Hughie Warriner
  18. El coleccionista de amantes, con el asesino de mujeres
  19. La matanza de Texas, con Cara de Cuero y su familia
  20. Frenesí, con “el asesino de la corbata”
  21. Asesinato por decreto, con Jack el destripador
  22. El vigilante nocturno, con el asesino de la morgue
  23. Asesinos natos, con Micky y Mallory
  24. Jennifer 8, con el asesino de ciegas
  25. Malas tierras, con Charles Starkweather
  26. El resplandor, con Jack Torrance
  27. Vestida para matar, con Bobbi, el transexual
  28. Al filo de la medianoche, con Warren Stacy
  29. En la cuerda floja, con el estrangulador de prostitutas
  30. Copycat, con Peter Foley
  31. Misery, con la enfermera Annie Wilkes
  32. In Dreams (Dentro de mis sueños), con Vivian Thompson
  33. Noche de paz, noche de muerte, con el Santa Claus asesino
  34. El talento de Mr. Ripley, con Tom Ripley
  35. Escalofrío en la noche, con Evelyn, la oyente asesina
  36. Zodiac, con el asesino del Zodiaco
  37. Citizen X, con Andrei Chikatilo, “el Carnicero de Rostov”
  38. Confesiones de un asesino en serie, con Daniel Ray Hawkins
  39. Llamada a un reportero, con Alan Delour
  40. Los asesinatos de mamá, con Beverly R. Sutphin
  41. La sombra de una duda, con el asesino de viudas
  42. Carretera al infierno, con John Ryder
  43. Profundo carmesí, con Nicolás Estrella y Coral Fabre
  44. Kalifornia, con Early Grayce
  45. Resurrección, con el asesino que amputa miembros de sus víctimas
  46. Funny Games, con los jóvenes perturbados Peter y Paul
  47. El padrastro, con Jerry Blake
  48. La noche de Halloween, con Michael Myers
  49. American Psycho, con Patrick Bateman
  50. Desde el infierno, con Jack el destripador
  51. El juego de Ripley, con Tom Ripley
  52. Los crímenes del rosario, con el asesino de religiosos
  53. Desbocado, con el asesino caníbal Charles Reece
  54. Amsterdamned: Misterio en los canales, con el asesino de los canales
  55. Henry, retrato de un asesino, con Henry
  56. SOS Summer of Sam, con ‘el hijo de Sam’
  57. Truman Capote, con Perry Smith y Dick Hickock
  58. Instinto básico, con Catherine Tramell
  59. La noche de los generales, con el General Tanz
  60. Jaque al asesino, con el asesino de mujeres
  61. Harry el sucio, con Scorpio
  62. Sawy resto de la saga, con Jigsaw
  63. M, el vampiro de Düsseldorf, con M
  64. Sombras y niebla, con el estrangulador psicópata
  65. Sin City (Ciudad del pecado), con Kevin, el asesino caníbal
  66. Arsénico por compasión, con tía Abby y tía Martha
  67. La garra escarlata, con ‘el mago del disfraz’
  68. Monsieur Verdoux, con Henri Verdoux
  69. El enemigo de las rubias, con ‘El Vengador’
  70. Monster, con Aileen
  71. Frequency, con el psicópata del pasado
  72. La soga, con Brandon Shaw y Phillip Morgan
  73. Identidad, con el asesino del motel
  74. La zona muerta (1983), con el asesino desquiciado
  75. El buen hijo, con el pequeño Henry
  76. Así no se trata a una dama, con Christopher Gill
  77. El viaje de Felicia, con Hilditch
  78. Los ríos de color púrpura, con el asesino de los Alpes
  79. Insomnio (2002), con Walter Finch
  80. Diez negritos, con el asesino misterioso
  81. Landru, con Landru
  82. El coleccionista de huesos, con el asesino de Manhattan
  83. El juramento, con el peligroso asesino misterioso
  84. El caso de la viuda negra, con Catherine Petersen
  85. Las horas del día, con Abel
  86. El cebo, con el asesino de niñas
  87. Pesadilla en Elm Street, con Freddy Krueger
  88. Los ojos de Laura Mars, con el asesino impredecible
  89. Scream, con el asesino de la máscara
  90. Los crímenes del museo de cera, con Henry Jarrod
  91. Memories of Murder, con el asesino de Corea
  92. Elephant, con los asesinos del instituto
  93. Plenilunio, con el asesino de niñas
  94. Nunca juegues con extraños, con el camionero vengativo
  95. El cabo del terror, con Max Cady
  96. El diablo sobre ruedas, con el camionero psicópata
  97. Corazón salvaje, con Bobby Perú y Perdita Durango
  98. A la caza, con el asesino de homosexuales
  99. El guardaespaldas, con el fan asesino
  100. Leyenda urbana, con el asesino de la universidad

Fuente: Las 100 mejores películas de asesinos en serie. Administrador [Consulta: 15/12/2014] Disponible en: http://decine21.com/index.php

John Ketch: el verdugo de Carlos II de Inglaterra

descarga (3)Con este nombre se conoce a uno de los personajes más controvertidos de la historia moderna de Inglaterra, que concretamente actuó a partir del último tercio del siglo XVII. Este sujeto, cuyo verdadero nombre era Richard Jacquet, fue un verdugo que, debido a su peculiar aspecto y a su forma de actuar en sus ejecuciones, llegó al grado más “alto” en este oficio, hasta tal punto que se convirtió en el verdugo que actuaba bajo las órdenes de Carlos II (1630-1685).

La primera noticia que llega de John Ketch es en 1663, anteriormente debió de emplearse como verdugo de alquiler. Pero, a partir de ese momento, se convirtió en el “arma más mortífera del gobierno inglés”, ya que durante 20 años estuvo llevando a cabo sus ejecuciones.

Lo peculiar de este personaje era su aspecto: baja estatura, poco peso y la cara marcada por la viruela. A ello se unía el hecho de que hacía de sus ejecuciones un espectáculo. Allí donde actuaba John Ketch la plaza quedaba concurrida por una multitud enardecida que no quería perderse el número de aquel psicópata. Durante sus ejecuciones tendía a humillar a los reos, llevando el hacha hasta la nuca del condenado para después pasar a dirigirse al público, les desnudaba o les desposeía de lo que pudieran llevar. Seguramente, las víctimas de John Ketch (o Richard Jacquet) debieron de padecer más de la cuenta debido al mal estado de las armas con las que trabajaba el verdugo, a lo que hay que añadir que su escasa fuerza le impediría dar golpes certeros.

La memoria colectiva del pueblo inglés quedaría marcada en 1679, tras una actuación que incluso llegó a repugnar a la gente del momento. En esta ocasión, el verdugo liquidó en un sólo día a 30 condenados, sin ningún tipo de ayuda ni de reparo. Este hecho marcaría el declive de Ketch.

220px-Monmouth's_Execution

Ejecución del duque de Monmouth, 1685, con denado por traición.

Seguidamente, acciones como las que tuvieron lugar con Lord Rusell o el duque de Monmouth, terminarán por firmar su sentencia. En 1683, el primero de ellos estuvo condenado por traición, por diseñar un plan para secuestrar a Carlos II. En el momento de la ejecución, Rusell acordó con el verdugo (tras el pago de 10 guineas nos dicen las fuentes) un trabajo rápido, sin sufrimiento. En cambio, el primer hachazo no fue certero, por lo que la cabeza siguió unida. Hay una anécdota que relata que en ese momento Rusell espetó: oye cabrón, ¿te he dado diez guineas para que me trates tan inhumanamente. Necesitó dos golpes más para terminar el trabajo. En 1865, el duque de Monmouth, también condenado por traición, acordó un pago de 6 guineas. Peor suerte corrió, ya que se necesitó de 5 golpes de hacha y, aún así tuvo que terminar la faena a cuchillo.

image005A partir de ese momento terminaría su historia. Fue arrestado por deudas y en el momento que salió de la cárcel mató a golpes a una prostituta. Este hecho le llevaría a ser condenado a la horca. Incluso su muerte fue peculiar, su poco peso hizo que Jacquet estuviera pataleando durante unos minutos hasta que murió. Era noviembre de 1686.

Entre los trabajos llevados a cabo por Ketch, a parte de las ejecuciones, realizó trabajos de amputaciones, ya sea de nariz, lengua o alguna oreja, muy característico de la época.

En algunas civilizaciones de la antigüedad el oficio de verdugo estuvo institucionalizado, pero con el final del Imperio Romano hizo que el puesto oficial se diluyera. La Edad Media supuso un momento de desafuero en la administración de la justicia, que se convirtió en algo arbitrario. El deseo de que la pena fuera un instrumento

de disuasión para toda la comunidad, hizo que la ejecución se convirtiera en un espectáculo. Se volvió a un modelo arcaico en la ejecución de sentencias. La pena de muerte se institucionalizó como instrumento jurídico de las sociedades complejas en forma de teatro moral puesto al servicio del control social y la prevención del delito (Pérez Fernández, et al., 2012)

En algunos lugares de Centroeuropa, a modo de rito de paso, el adulto más joven era el encargado de las ejecuciones. En Franconia, el último recién casado de la comunidad. En Amberes, por ejemplo, las autoridades designaban un carnicero de los más antiguos del gremio.

image002

En España, el verdugo era designado para la ocasión cuando no había si bien el cargo se transmitió de adres a hijos, pues en muchos lugares no les estaba permitido relacionarse nada más que con otras familias del mismo gremio Desde la Edad Media hasta el siglo XVIII, el ejecutor gozaba de un trabajo estable. A partir del siglo XIX se a transformar en un individuo a sueldo del estado.

Durante mucho tiempo, debido al rechazo social que generaba el oficio, el puesto estaba bien dotado económicamente. En algunos lugares recibía donativos en especie porque eran pocos los que se atrevían a recibir dinero salido de su bolsa. A parte del dinero entregado por el reo o sus familiares para reducir al máximo los daños.

En el siglo XVII el oficio de verdugo adquiere el carácter de funcionario público, era habitual la creencia sobre que el ejecutor, en tanto que profesional de la muerte, mantenía contactos con el más allá.  El vulgo otorgaba enormes prodigios a los instrumentos con los que el verdugo realizaba sus ejecuciones o a los productos de las mismas: cuerdas, cuchillos, sebo con el que supuestamente fabricar velas mágicas, semen de ahorcado, retales de ropa de los ajusticiados, dedos amputados, manos momificadas, un largo etcétera de elementos que otorgaba pingües beneficios y acrecentaba el rechazo a este gremio.

Deberemos de considerar que el oficio de verdugo se ha mantenido hasta la actualidad. En periodos de posguerra sobre todo, había personas que se dedicaban a ejecutar a traidores y enemigos. Si bien con otros métodos, la finalidad era la misma. Se cambió el instrumental, se pasó del hacha o los objetos afilados a otros medios como las cámaras de gas o la silla eléctrica por ejemplo, sin embargo, la consideración hacia el ejecutor también cambió. Ahora no sufrirían del rechazo de antaño pero ¿por qué no?

Fuentes:

Administrador. John Ketch. En: Encyclopaedia Britannica [en línea]. [Consulta: 10 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://global.britannica.com/EBchecked/topic/315648/Jack-Ketch

CEBRIÁN, J. A. Pasajes del Terror: Verdugo John Ketch. En: Onda Cero [en línea]. [Consulta: 10 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://www.ondacero.es/audios-online/la-rosa-de-los-vientos/pasajesdelterror/pasajes-terror-verdugo-john-ketch_2010101100034.html

Bibliografía:

CEBRIÁN, J. A. Psicokillers: perfiles de los asesinos en serie más famosos de la historia. Nowtilus. Madrid.

ESLAVA, J. Verdugos y torturadores. Ediciones Temas de Hoy. Madrid. 1993.

PÉREZ FERNÁNDEZ, F. “La figura institucional del verdugo como espejo público (siglos XVIII-XX). El ejecutor de sentencias y sus variantes psicológicas”. En: Revista de Historia de la Psicología. Nº 43, 2013.

Documentales:

Jeffrey Dahmer: el carnicero de Milwaukee

MTE1ODA0OTcxNTk5NzU4ODYxJeffrey Dahmer, nacido en West Allis (Wisconsin), el 21 de mayo de 1960, fue un asesino en serie que conmovió a la sociedad norteamericana. Ha sido mucho lo que se ha publicado sobre este personaje, en forma de entrevistas o documentales.

       Al contrario que otros asesinos en serie que muestran trastornos del comportamiento, Dahmer creció en un ambiente estructurado, fue un niño querido, sin embargo desarrollo una personalidad extraña y un miedo al abandono que sería lo que marcaría su conducta asesina. Desde pequeño, según cuenta su padre en una entrevista, ya mostró interés por recoger animales y desmembrarlos para después blanquear sus huesos y coleccionarlos. En el instituto, todos tenían a Jeffrey como alguien extravagante y raro. Esto le granjeó las burlas de los demás, lo que sin duda contribuyó a reforzar esa sensación de abandono que mencioné antes. Algo que acentuó todavía más ese rechazo por parte de los demás fue el hecho de que desarrollara un temprano alcoholismo, acudía bebido a clase, que como él decía, era su medicina. Esto atenuaba su tendencia hacia la excentricidad. Sus padres se divorciarían antes de que el cumpliera los 18, hecho que agravó todavía más el miedo al abandono, cuestión que como veremos más adelante será fundamental para poder entender sus crímenes.

Su inclinación sexual también marcaría sus posteriores crímenes. Comenzó a masturbarse con pornografía homosexual u observando las entrañas de los animales que cazaba y desmembraba.

Steven-Hicks-2

Steven Hicks. Primera víctima de J. Dahmer

Sería pues, tras el divorcio de sus padres cuando llevaría a cabo su primer asesinato. Una de sus fantasías consistía en recoger a un autoestopista y poseerlo, acción que llevó a cabo en 1978. Su primera víctima sería Steven Hicks. Recogió al muchacho haciendo autoestop, lo llevo a su casa, donde estuvieron bebiendo cerveza. Una vez Steven decidió irse, Jeffrey no supo como retenerlo, por lo que optó por asestarle un golpe con una barra de pesas y posteriormente asfixiarlo con esa misma barra. Se masturbó una vez lo había asesinado. Al día siguiente fue a hacerse con un cuchillo de caza, desmembró el cuerpo, lo depositó en bolsas de plástico y salió para deshacerse de él. De camino se encontró con la policía, quien lo detuvo por conducir demasiado pegado a la izquierda. Tras hacer un primer análisis de alcoholemia que resultó negativo, observaron el maletero del vehículo y le preguntaron por las bolsas que portaba. Dahmer les dijo que se trataba de basura, los agentes lo creyeron pero, sin embargo, tuvo que regresar a su casa. Una vez allí guardó las bolsas en el sótano a excepción de la cabez, que la usó como imagen para masturbarse. Del cadáver de Steven Hinks se deshizo enterrándolo en un desagüe de su casa, donde lo mantuvo durante unos dos años y medio, hasta que volvió del ejército y troceó los huesos para esparcirlos por la maleza.

Tras este primer asesinato, la vida de Dahmer pareció reconducirse. Su padre lo convenció para que ingresara en la Universidad. Lo hizo en la Ohio State University, pero sus problemas con el alcohol le llevaron a tener que abandonar. Su padre volvería a insistir y logró convencerle de que se alistase en el ejército. Estivo destinado en Alemania, donde la preparación como médico de campo le sirvió para ampliar conocimientos sobre anatomía que le serían muy útiles en sus crímenes. De nuevo por problemas con el alcohol se vio obligado a licenciarse. Tras ello, pasó un tiempo en Florida antes de regresar a Ohio. Una vez allí, tras deshacerse de los huesos de su primera víctima intentó dar un cambio a la situación. Se fue a vivir con su abuela, donde parece que hizo un intento por reinsertarse, sin embargo pronto comenzó a tener esas extrañas fantasías sexuales. Escondió un maniquí en casa de su abuela con el que intensaba satisfacer sus necesidades sexuales, pero no era suficiente, acudía a saunas gays, pero tampoco encontraba lo que necesitaba, ya que eran ligues de una noche que sabía no iban a quedarse a su lado. En estos momentos realizó un acto conmovedor, se enteró del funeral de un chico de dieciocho años y, por la noche quiso ir a desenterrarlo. Por suerte, el suelo estaba demasiado congelado, por lo que Dahmer no pudo llevar a cabo su propósito.

Pasarían casi diez años para hasta que Jeffrey llevara a cabo otro asesinato. En septiembre de 1987 conocería Steven Toumi en un bar de ambiente. En este caso fueron juntos a una habitación de hotel. Jeffrey Dahmer asegura no recordar nada de lo que pasó, simplemente que al despertar se encontró con el cadáver del chico y signos de haber forcejeado. Ante tal situación, se decidió a comprar una maleta de gran tamaño donde meter el cadáver para transportarlo hasta el sótano de su abuela. Allí practicó la necrofilia con el cadáver antes de descuartizarlo para deshacerse de él, a excepción de la cabeza, que la hirvió para blanquearla y quedársela como trofeo.

descarga (1)

Fotografía realizada por J. Dahmer mientras realizaba sus procesos de descuartizamiento.

A partir de ese momento, entraría en una espiral de asesinatos a fin de satisfacer sus necesidades sexuales. Siempre usaba el mismo modus operandi con sus víctimas, primero les ofrecía dinero a cambio de sexo, una vez en su apartamento les administraba somníferos en la bebida para posteriormente estrangularlos. Desde el punto de vista de la criminología Dahmer mostraba características de asesino mixto, es decir, organizado (acechaba a sus víctimas, las engañaba, y eliminaba las pruebas) y desorganizado (practicaba necrofilia, comía carne, mutilaba a las víctimas, conservaba alguna de sus partes).

adler_dahmer

Debido a su obsesión por el abandono, intentaba crear una especie de “zombies” a fin de tener a alguien sumiso bajo su total control. Para ello trepanó el cráneo de alguna de sus víctimas y vertía ácido o agua hirviendo. Fotograma del film Dahmer vs Ottis

En 1989 Dahmer fue procesado por intentar seducir a un menor de trece años, pero no cumplió más de 10 meses de prisión. Sin embargo antes de entrar convenció a Anthony Sears para ir a su apartamento para sacarle unas fotografías. Allí lo estranguló, practicó la necrofilia y lo descuartizó. Lo curioso es que en esta ocasión le pintó el cráneo con aerosol. Sería tras su paso por prisión cuando el ritmo en los asesinatos aumentó, doce fueron sus víctimas desde este momento hasta su detención en 1991. El 23 de julio de ese año, Tracy Edwards,  un joven maniatado consiguió alertar a la policía. Arguyó que un hombre le había amenazado con arrancarle el corazón y comérselo. En ese momento se llevó a cabo un registro de la casa, los policías no podían creer lo que allí les aguardaba. Encontraron corazones en la nevera, cabezas en el congelador, bidones con ácido con cuerpos en descomposición, así como un cadáver descompuesto en la cama.

Jeffrey Dahmer presentaba una personalidad que debió de forjarse a partir de las continuas humillaciones de los demás. Se sentía aislado, fuera de lugar en la mayoría de lugares. cuando comenzó a darse cuenta que era homosexual, para tuvo que ser un trauma el hecho de que fuera un tema tan tabú en Ohio, sin embargo, esta represión no debe de ser algo clave en sus asesinatos, como tampoco lo fue el tema de la separación de sus padres. Ya de joven, Dahmer tenía fantasías recurrentes imaginando a las víctimas inmóviles, por lo que es algo que desarrolló durante su madurez sexual. Aunque es algo que parece intentó reprimir, y que pensó que nunca llevaría a cabo, cada vez se dejó ir más lejos. Buscaba nuevas sensaciones masturbándose mientras frotaba las vísceras de las víctimas, se bañaba con los cadáveres, guardaba un cuerpo en su cama. Las fantasías de Dahmer no pudieron ser sofocadas con el maniquí. Es de destacar el tema del canibalismo, que si bien no es algo que practicó hasta el final, dan una nueva dimensión al personaje. También choca el hecho de que tuviera en mente crear una especie de zombis. Para ello trepanó el cráneo de las víctimas, inyectándoles ácido o agua hirviendo, no obteniendo los resultados esperados.

descarga (2)

Emperador Palpatine (Star Wars)

Dahmer tenía en mente, como así lo confesó en una entrevista, de crear una especie de “centro de poder”, a partir de dos esqueletos y varias calaveras. Todo organizado en torno a esa idea de poder absoluto que pretendía proyectar hacia sus víctimas. En ese contexto, simplemente como curiosidad, destacar que quería crear un ambiente similar al de Star Wars, ya que se sentía identificado con el emperador Palpatine en ese deseo de control total que proyectaba sobre sus víctimas.

Cuando la policía lo detuvo, el escenario que allí encontraron era macabro. Sin embargo esa situación podía haberse podido evitar si la policía hubiese actuado con más precisión en alguno de los casos en los que pudo ser pillada, como por ejemplo cuando ejecutó su primer asesinato y lo retuvieron por conducir demasiado a la izquierda, logrando convencer a los policías de que las bolsas que portaba eran de basura. En otra ocasión, un joven de catorce años llamado Konerak Synthasomphone (hermano de Keison Synthasomphone, cuya denuncia llevó a Dahmer a prisión por primera vez por intento de seducir a un menor) fue llevado al apartamento de Jeffrey donde, tras haberle drogado (procedimiento habitual) le trepanó el cráneo y le vertió ácido. En plena faena decidió ir a tomar una cerveza antes de que cerrara el bar pero cuando salió se encontró al joven laosiano desnudo en la hacer y rodeado por policía. El joven estaba aturdido y Dahmer consiguió convencer a la policía diciendo que se trataba de su amante, que estaba completamente borracho. Estos le ayudaron a subir al joven hasta su apartamento y, a pesar del hedor que desprendía el piso (de lo que si dejaron constancia) no registraron y dejaron el joven en manos de su asesino). En otra ocasión, una víctima llamó dando la dirección y diciendo el nombre de su asesino, pero no fue tenido en cuenta. Ante esto Dahmer se creía totalmente impune, debido a que, sin esconderse demasiado, había pasado desapercibido.

dahmer2 (1)
Gracias a que a Dahmer le gustaba sacar fotografías de todo el proceso, hay un impactante archivo sobre el caso, ya que se contaron con 83 Polaroids sacadas por el mismo.

maxresdefaultEl carnicero de Milwaukee fue sentenciado a 900 años de cárcel por los  17 crímenes cometidos, pero no llegaría a cumplir más de tres desde su detención. El hecho de que un gran número de sus víctimas fuera gente de color, hizo que corrieran teorías sobre un supuesto racismo, algo que Dahmer siempre negó. Esto le llevó a granjearse la enemistad de grupos de negros en la cárcel. En una ocasión fue apuñalado por un grupo de presos negros, pero no sería hasta finales de noviembre de 1994 cuando un preso afroamericano puso fin a la vida de Dahmer de la misma manera con la que él mismo acabó con su primera víctima, golpeado por una barra de pesas.

Las_v_ctimas

Jeffrey Dahmer nunca negó los hechos, se mostró arrepentido, pidió disculpas a la familia de sus víctimas y a la suya propia. Este personaje desmonta todas las teorías del psicoanálisis convencional, porque ningún hecho fue lo bastante dramático como para marcarle de por vida y empujarle a esa vida de asesinatos.

Tras su muerte, los padres biológicos entablaron una lucha en los tribunales por la posesión del cerebro de Jeffrey Dahmer. La madre quería venderlo a un hospital mental para que realizaran estudios sobre el cerebro de su hijo mientras que, su padre, lo que pretendía era enterrar el cerebro y ponerlo en algún lugar condenado al olvido.

Para conocer la historia de Dahmer es fundamental leer la entrevista que Robert K. Reesler, pionero en la psicología forense, le hizo en la cárcel. Esta entrevista nos permite conocer los detalles más escabrosos de las acciones llevadas a cabo por una de las mentes más perversas de la historia de los asesinos en serie.

Entrevista de Robert K. Ressler con Jeffrey Dahmer:

Retrocedamos a la época de Bath, cuando cometiste tu primer delito, y quitaste la vida a un ser humano. ¿Antes de eso…?
–No hubo nada.
¿Ninguna agresión, ni nada parecido?
–No. Violencia contra mí, sí. Fue a mí a quien atacaron, sin motivo.
¿Puedes describir brevemente lo que ocurrió?
–Había ido a visitar a un amigo y volvía de noche a casa; vi que se me acercaban tres chicos del instituto, estudiantes de último año. Uno de ellos sacó una porra y me golpeó en la nuca. Así, sin motivo. Eché a correr.
Hablemos un poco de la ruptura de tu familia. Es doloroso para mucha gente, para la gente que ha hecho lo mismo que tú, y puede convertirse en un elemento importante de su vida. Permíteme que te pregunte: ¿en algún momento sufriste alguna agresión sexual?
–No.
Entonces, ésta no fue la causa. He oído de tu interés por diseccionar animales y cosas por el estilo. ¿Cuándo empezó?
–A los quince o dieciséis años.
¿Empezó en la clase de biología?
–Sí. Nos hicieron diseccionar un lechón.
¿Cómo describirías tu fascinación por, bueno, por la desmembración (Dahmer se ríe) de animales?
–Pues… uno fue un perro grande que encontré en la carretera. Iba a separar la carne, blanquear los huesos, reconstruirlos y venderlo. Pero no llegué a hacerlo. No sé cómo empecé a meterme en esto; es una afición un poco rara.
Me parece recordar que pusiste la cabeza en un palo y lo dejaste detrás de tu casa.
–Fue una broma. Encontré al perro y lo rajé para ver cómo era por dentro. Después se me ocurrió que sería divertido clavar la cabeza en una estaca y dejarla en el bosque. Llevé a uno de mis amigos y le dije que me lo había encontrado entre los árboles.
¿Qué edad tenías entonces?
–Creo que dieciséis.
¿Qué año era?
–A finales de los setenta.
Estábamos ahora preparados para adentrarnos en el terreno de los asesinatos. Dahmer tiene una imagen fija en la cabeza, el momento de recoger a un hombre haciendo dedo, y cuando ésta se materializa en la vida real, se siente arrastrado por los acontecimientos y tiene que llegar hasta el final.
Tenías unos dieciocho años cuando cometiste el primer asesinato, ¿no es cierto?
–Antes llevaba un par de años teniendo la fantasía de encontrar a un hombre guapo haciendo dedo y (pausa dramática)… gozar sexualmente de él.
¿De dónde la sacaste: de una película, de un libro?
–No. Me vino de dentro.
De dentro.
–Ocurrió por casualidad una semana que no había nadie en casa. Mi madre estaba fuera con David, en un motel a unos ocho kilómetros; yo tenía el coche, eran más de las cinco de la mañana y regresaba a casa después de haber bebido. No buscaba a nadie, pero a un kilómetro de casa, lo vi. Hacía dedo. No llevaba camisa y era guapo. Me sentí atraído por él. Pasé por delante de él, frené y pensé: “¿Qué hago? ¿Lo hago subir o no?”. Le pregunté si quería fumar un porro y él respondió: “¡Estupendo!”. Fuimos a mi habitación, bebimos unas cervezas y en el rato que pasamos juntos vi que no era gay. No sabía cómo retenerlosi no era agarrando la barra de las pesas y golpeándolo en la cabeza. Luego lo estrangulé con la misma barra.
¿Tienes idea de dónde te vino esta fantasía de tomar a alguien por la fuerza? ¿También imaginabas quitar la vida a alguien?
–Sí, sí. Todo… todo giraba alrededor de tener un dominio absoluto. Por qué, o de dónde me vino esto, no lo sé.
¿Te sentías fuera de lugar en tus relaciones con la gente?
–En el pueblo donde vivía, la homosexualidad era el máximo tabú. Nunca se hablaba de eso. Yo sentía deseos de estar con alguien, pero nunca conocí a nadie que fuera gay, por lo menos que yo supiera; sexualmente era muy frustrante.
¿Y después de estrangularlo? ¿Hubo actividad sexual antes de eso?
–No. Yo estaba muy asustado por lo que había hecho. Anduve un rato de un lado para otro por la casa. Al final me masturbé.
¿Estabas excitado por lo ocurrido?
–Por tenerlo cautivo.
Bien. Estaba inconsciente, o muerto; no podía ir a ninguna parte. ¿Eso te excitaba?
–Exacto. Más tarde bajé el cadáver al sótano. Me quedo allí, pero no puedo dormir, vuelvo a subir a la casa. Al día siguiente tengo que pensar en una manera de deshacerme de las pruebas. Compro un cuchillo de caza. Por la noche vuelvo a bajar, le abro el vientre y me masturbo otra vez.
¿Te excitó sólo el físico?
–Los órganos internos.
¿Los órganos internos? ¿La acción de destriparlo?
–Sí, luego le corto un brazo. Luego todo el cuerpo en pedazos. Meto cada trozo en una bolsa y después todo en tres bolsas grandes de plástico para la basura. Pongo las bolsas en la parte trasera del coche y me voy a tirar los restos a un barranco, a quince kilómetros. Son las tres de la madrugada. Voy por una carretera secundaria desierta y, a mitad de camino, me para un policía, por ir demasiado a la izquierda. El agente pide refuerzos. Son dos. Me hacen la prueba de alcoholemia. La paso. Iluminan el asiento trasero con la linterna, ven las bolsas y me preguntan qué es. Les digo que basura, porque cerca de mi casa no hay ningún vertedero. Me creen a pesar del olor. Me ponen una multa por circular demasiado a la izquierda… y vuelvo a casa.
¿Y qué hiciste con las bolsas?
–Las volví a dejar en el sótano. Agarré la cabeza, la lavé, la puse en el suelo del cuarto de baño, me masturbé; luego volví a meter la cabeza con el resto de las bolsas, abajo. A la mañana siguiente… metí las bolsas en una tubería de desagüe enterrada que medía unos tres metros. Aplasté la entrada de la tubería hasta cerrarla y las dejé unos dos años y medio dentro.
¿Cuándo volviste a buscarlas?
–Después del ejército, después de trabajar un año en Miami. Abrí la tubería, agarré los huesos, los rompí en trozos pequeños y los esparcí por la maleza.
¿Por qué rompiste los huesos?
–Para acabar con todo. El colgante que él llevaba y las pulseras… los arrojé al río.
¿No conservaste nada de aquel episodio? –No. Quemé las ropas.
No quiero que me describas cada uno de los casos, pero me gustaría centrarme en algunos. ¿El siguiente homicidio cuándo ocurrió?
–En 1986. Invité a un chico que había conocido en un bar gay, detrás del Hotel Ambassador, a pasar una noche de sexo y emociones. Ya había empezado a dar píldoras a la gente.
¿Qué tipo de droga usabas?
–Píldoras para dormir.
¿Cómo te aficionaste a ellas?
–Llevaba un tiempo yendo al sauna y la mayoría de los que conocía allí quería sexo anal; a mí esto no me interesaba, prefería encontrar una manera de quedarme toda la noche con ellos sin necesidad de esto.
¿Qué efecto notabas en ellos?
–Quedaban inconscientes unas cuatro horas.
¿Cuál era tu plan?
–Tener control sobre los demás sin hacerles daño.
En aquella época, ¿tenías intenciones de llevarte a alguien a casa?
–No, en absoluto. Por eso empecé a utilizar el maniquí. ¿Sabía esto? Buscaba la manera de satisfacerme sin hacer daño a nadie.
¿Intentaste apartarte de todo esto?
–Sí. Durante dos años. Alrededor de 1983 empecé a frecuentar la iglesia con mi abuela. Quería enderezar mi vida. Iba a misa, leía la Biblia, intentaba apartar todo pensamiento relacionado con el sexo, y durante esos dos años salí adelante. Pero una noche, en la biblioteca local, leyendo un libro y pensando en mis cosas, se me acercó un chico, me tiró una nota en el regazo y se alejó apresuradamente. La nota decía: “Si bajas al lavabo de la planta baja, te la chupo”. Me lo tomé a broma y no le di más importancia. Pero unos dos meses después empecé otra vez, el impulso, la compulsión. Aumentó el deseo sexual. Volví a beber y a frecuentar los sex-shops. En aquel tiempo tenía controlado el deseo, pero quería encontrar la manera de saciarme sin hacer daño a nadie. Así que me hice socio del sauna, iba a bares gay e intentaba obtener satisfacción con el maniquí. Luego ocurrió el incidente del cementerio. Leí la esquela de un joven de dieciocho años y me presenté en el tanatorio. Vi el cadáver y era un hombre muy atractivo. Cuando lo hubieron enterrado, agarré una pala y una carretilla con la intención de llevarme el cadáver a casa. Alrededor de medianoche me dirigí al cementerio, pero el suelo estaba helado y tuve que abandonar mi propósito.
¿Descubriste que en los bares era fácil conseguir que alguien se fuera contigo? –Exacto. Era un muchacho muy guapo. Le invité a la habitación del hotel. Estuvimos bebiendo. Yo tomaba cola con ron de alta graduación. Le hice beber a él también y se quedó dormido. Yo seguí bebiendo y debí de quedarme en blanco, porque no recuerdo nada de lo que ocurrió hasta que me desperté por la mañana. El estaba tumbado de espaldas, con la cabeza colgando del borde de la cama; yo tenía los antebrazos llenos de contusiones y él algunas costillas rotas y otras lesiones. Al parecer, lo había golpeado hasta matarlo.
¿No tienes ningún recuerdo de haberlo hecho?
–No recuerdo haberlo hecho y no tenía ninguna intención de hacerlo.
¿Qué haces a continuación?
–Estaba horrorizado. Pero… tenía que hacer algo con el cadáver. Lo encerré en el armario, me fui al centro comercial y compré una valija grande con ruedas. Lo metí dentro. Reservé la habitación para otra noche. Me quedé ahí sentado, aterrorizado. La noche siguiente, a la una de la madrugada, abandoné el hotel, pedí al taxista que me ayudara a meter la valija en el portaequipajes, y me dirigí a casa de mi abuela. Escondí la valija en el sótano y lo dejé allí aproximadamente una semana.
¿Y no despedía ningún olor?
–No, porque hacía frío. Era la fiesta de Acción de Gracias y no podía hacer nada porque iban a venir unos familiares de visita.
¿Por qué no dejaste el cadáver en la habitación?
–Porque estaba a mi nombre.
Sigamos. Tienes el cadáver escondido allí abajo una semana.
–Mi abuela sale un par de horas para ir a la iglesia, y yo bajo a buscarlo. Agarro un cuchillo, le rajo el estómago, me masturbo, luego separo la carne y la meto en bolsas, cubro el esqueleto con una colcha y lo hago pedazos con una maza. Lo envuelvo todo y el lunes por la mañana lo echo a la basura. Excepto el cráneo. El cráneo me lo guardé.
¿Cuánto tiempo lo conservaste?
–Una semana. Lo metí en lejía concentrada para blanquearlo. Quedó limpio, pero demasiado frágil y lo tiré.
¿No te dio miedo tirar todo a la basura?
–No sabía qué otra cosa hacer.
¿Y tu abuela no se imaginó algo raro?
–Sólo se quejaba de algunos malos olores.
En cierto momento te fuiste de su casa.
–Pensé que, después de ocho años con ella, era hora de tener mi propia casa, donde no me viera tan restringido.
¿Y dónde estaba esa primera casa?
–En la calle Veinticuatro. Allí es donde saqué aquella foto (de la primera víctima laosiana). No quería hacerle ningún daño.
Era muy joven, ¿no? ¿Cuántos años tenía?
–Trece, catorce. Creí que era mayor. Ya sabe, un asiático puede tener veintiún años y seguir teniendo cara de niño.
Así es. ¿Qué te impulsó?
–Era un domingo por la mañana. Había salido a dar un paseo. Necesitaba actividad sexual. Lo vi, era muy atractivo. Le ofrecí cincuenta dólares por sacarle unas fotos. El aceptó. Le hice dos fotos, le di una bebida y creí que estaba inconsciente. Se escapó, y se presentó la policía.
Ahí te salió el tiro por la culata. La policía te detuvo.
–Mmm-hmm. El agente y yo volvimos al apartamento. Registraron la casa. No encontraron el cráneo que tenía en una cómoda del vestíbulo.
¿Cómo es posible que no lo vieran?
–Estaba debajo de la ropa. En Ohio se les pasaron por alto las bolsas de basura, y ahora no veían el cráneo.
Si lo hubieran encontrado, las cosas habrían cambiado considerablemente, ¿verdad?
–Sí. Y salir del hotel como lo hice. No era nada normal. Cuestión de suerte. En el diálogo siguiente, observarán que Dahmer interpreta mal lo que yo le digo. Yo digo que la voluntad de los homosexuales de relacionarse con desconocidos es una práctica peligrosa para ellos, pero él interpreta toda referencia al peligro como peligro para él, no para otros.
La mayor parte de tus víctimas las sacabas de bares o barrios gay. ¿Qué opinas de su disposición a relacionarse con desconocidos? ¿No crees que es peligroso?
–Sí, lo pensaba, pero la compulsión pasaba por encima de todo.
Según parece, habías elaborado un plan muy detallado para convencer a la gente de que fuera contigo. Estabas seguro de que siempre lo conseguirías.
–Sí.
Pero algunas veces no funcionaba.
–Algunas veces, muy pocas, estaba muy borracho, y me llevaba a alguien que no era tan atractivo como había creído, y por la mañana tenía resaca y se iba. Otras veces no quise matarlos, porque no quería estar con ellos. Esto me ocurrió tres o cuatro veces. Otras noches no quería estar con nadie y volvía a casa a ver un video o leer.
No tenías muchas cintas de video.
–A medida que pasaban los años, fui dejando de lado los videos y las revistas que no me atraían. Aparte de las películas porno, las del Jedi (trilogía de La guerra de las galaxias), el personaje del Emperador, con su control absoluto, encajaba perfectamente en mis fantasías. Supongo que a mucha gente le gustaría tener el control total, es una fantasía muy común.
Esta idea de dominación y control, ¿consideras que fue en aumento desde la segunda víctima hasta la última?
–Mmm-hmm.
Y empezaste a perfeccionar tu técnica de llevarte chicos a casa.
–Se convirtió en el impulso y el foco de mi vida, lo único que me daba satisfacción.
Tuviste algo con las ciencias ocultas. ¿Era un intento de conseguir más poder?
–Sí, pero no fue nada serio. Hice algunos dibujos. Iba a librerías especializadas en ciencias ocultas y compraba material, pero nunca hice ningún ritual con las víctimas. Probablemente lo habría hecho seis meses más tarde, si no me hubieran detenido.
Tengo una copia de un dibujo tuyo. Es toda una fantasía, ¿eh?
–Habría sido una realidad, con seis meses más.
Dahmer quería construir lo que él unas veces llamaba “centro de poder” y otras “templo”, formado por una larga mesa en la que colocaría seis calaveras. Dos esqueletos completos la flanquearían, uno a cada extremo, suspendidos del techo. Una gran lámpara se erguiría en el centro de la mesa y extendería seis globos de luz sobre las calaveras. El propósito de Dahmer era crear un entorno desde donde conectar con otro nivel de percepción o del ser, a fin de conseguir el éxito en el amor y las finanzas.
¿Pensabas comprar todo ese equipo?
–Sí. Ya tenía las lámparas y los esqueletos.
¿Alguna vez creíste…?
–Nunca estuve seguro, pero…
¿Qué había detrás del hecho de que conservaras los esqueletos, los cráneos, el pelo, las partes del cuerpo….
–Conservar los cráneos era una manera de sentir que había sido un desperdicio total matarlos. Los esqueletos iba a utilizarlos para el templo, pero ésta no fue la motivación para matarlos; se me ocurrió después.
Parece que tolerabas mal que la gente se marchara.
–Eran levantes de una noche. Siempre me dejaban claro que tenían que volver al trabajo. Y yo no quería que se fueran.
¿Crees que era realista? ¿No pensaste nunca en establecer una relación permanente?
–No podía. Cuando fui a vivir al apartamento, ya estaba hasta el cuello en cierta manera de hacer las cosas. Además, nunca conocí a nadie que me inspirara la confianza para mantener ese tipo de relación.
Entonces, ¿lo habrías preferido pero era imposible encontrar?
–No me quedaba tiempo para andar buscando. Trabajaba seis días a la semana, tenía limitaciones de tiempo, y quería soluciones inmediatas.
Con el primer muchacho, al que intentaste convertir en zombi, no te salió bien. ¿Volviste a intentarlo?
–Lo intenté otra vez, doblé la dosis y el resultado fue fatal. Esta vez no hubo estrangulamiento. Luego intenté inyectar agua hirviendo. Más tarde se despertó. Estaba muy aturdido. Le di más píldoras y volvió a dormirse. Esto fue la noche siguiente. De día lo dejaba allí.
¿Le habías atado?
–No. Estaba siempre acostado. Aquella noche murió.
¿Y qué me dices de (otra víctima)?
–Le puse la primera inyección cuando estaba drogado, me fui por una cerveza y cuando regresé…
¿Eso fue antes o después de que viniera la policía?
–Antes. La primera inyección fue antes. Salió del apartamento. Me lo volvieron a traer, creyendo que estaba borracho. Le puse la segunda inyección, y eso fue fatal.
¿Fue inmediato o…?
–Inmediato. Era el hermano del que había fotografiado. Fui a dar una vuelta al centro comercial y me topé con él. No lo conocía. ¿Cuántas posibilidades había de que ocurriera algo así? Astronómicas.
¿Hasta donde perforaste?
–Sólo hasta el hueso. Lo inyecté. Estaba dormido y salí a tomar una cerveza rápida al bar de enfrente antes de que cerrasen. Cuando volvía, le vi sentado en la acera y alguien había llamado a la policía. Tuve que pensar deprisa: les dije que era un amigo mío que se había emborrachado y me creyeron. En mitad de un callejón oscuro, a las dos de la madrugada, con la policía a un lado y los bomberos al otro. No podía ir a ninguna parte. Me pidieron el carnet de identidad y se los enseñé. Trataron de hablar con él y les respondió en su lengua. No había rastros de sangre; le examinaron y se creyeron que estaba completamente borracho. Me dijeron que me lo llevara adentro; él no quería entrar, pero entre dos agentes lo subieron al apartamento.
¿Lo examinaron?
–No. Lo tumbaron en el sofá y echaron un vistazo al apartamento. No entraron en mi dormitorio. Si lo hubieran hecho, habrían visto el cadáver (de una víctima anterior) que aún estaba allí. Vieron las dos fotos que le había sacado antes al muchacho, que estaban encima de la mesa del comedor. Un agente le dijo al otro: “¿Lo ves? Ha dicho la verdad”. Y se marcharon.
¿De dónde has sacado esta tranquilidad? En situaciones así, la gente se pone a temblar.
–La primera vez que vinieron, temblaba… Bueno, no lo sé. No sé de dónde he sacado esta tranquilidad. ¡No lo sé!

Muchos asesinos en serie conservan trofeos o recuerdos de sus víctimas. Dahmer había llevado esta tendencia mucho más allá. De las paredes de su apartamento colgaban numerosas fotos de esbeltos modelos masculinos. Le pregunté si las poses de las víctimas en sus fotos imitaban esas otras.
–Era para dar más realce a su físico.
¿Qué significado tenía esto para ti?
–Era una manera de ejercer el control, de que tuvieran el aspecto que yo deseaba.
Era importante conservar las fotos.
–Las utilizaba para masturbarme.
Tenías montones. ¿Y no las escondías?
–Antes sí, pero en la época de la detención me estaba volviendo muy descuidado.
Volviendo al muchacho del apartamento: ¿cuánto esperaste para descuartizarlo y deshacerte del cadáver?
–Hasta el día siguiente.
¿Cuánto tardaste?
–Unas dos horas.
¿Tan sólo?
–Tenía mucha práctica. Es un trabajo sucio. Trabajaba deprisa.
¿Siempre en la bañera?
–Sí.
Y te deshiciste de él. ¿Arrojaste mucho por el inodoro? ¿No se atascaba?
–No, jamás se me atascó.

Pregunté a Dahmer si había leído algo de otros asesinos en serie como Gacy y me respondió que, cuando había oído hablar de éste por primera vez, él ya había matado a varias personas. No puedo asegurar si mentía o no, porque es frecuente que los asesinos lean sobre los crímenes de otros asesinos, y, aparte de la satisfacción que les produce ver que actúan de la misma manera, a veces aprenden sus técnicas.
¿Torturaste a alguno de esos muchachos?
–Jamás. Jamás.
¿Se trataba siempre de anular su conciencia con las drogas y con la muerte?
–Quería que fuese lo menos doloroso posible.
¿Cuándo tenía lugar la actividad sexual?
–Después de drogarlos.
¿Crees que era realista mantenerlos en aquel estado?
–Drogados no. Por eso empecé con las trepanaciones. Drogarlos no funcionaba.
Tenías reparos en hacerles daño. Cuando estaban conscientes y les hacías daño, ¿te preocupaba?
–Por eso no pude seguir con (nombre de la víctima). Y acabó llamando a la policía. Pero no le creyeron. Estaba a tres kilómetros de mi casa y me lo traje otra vez. Tenía el cuchillo, pero fui incapaz de utilizarlo.
¿Alguna vez los mordiste?
–Sí, sí. Al primero. Cuando ya estaba muerto le mordí el cuello.
¿Y qué había detrás de eso, cuál era la motivación?
–La sensación de que pasaban a formar parte de mí.
¿Con cuál de las víctimas empezaste a comerlas?
–Con M. Fue después (del laosiano). Creo que el tercero del apartamento.
Más o menos el número siete.
–Supongo.
¿Cómo ocurrió?
–Mientras lo desmembraba. Guardé el corazón. Y los bíceps. Los corté en pedazos pequeños, los lavé, los metí en bolsas de plástico herméticas y las guardé en el congelador; buscaba algo más, algo nuevo para satisfacerme. Después los cociné, y me masturbé mirando la foto.
¿Nunca sentiste inclinación por los niños? ¿Cuáles eran tus preferencias?
–Los hombres hechos y derechos.
¿De tu misma edad?
–Mmm-hmm.
Blancos, negros y morenos.
–Esta es la cosa. Todo el mundo cree que era una cuestión racial, pero eran diferentes. El primero era blanco, el segundo era un indio norteamericano, el tercero era hispano y el cuarto era mulato. El único motivo de que levantara hombres negros era que en los bares gay eran mayoría.
Entonces era una cuestión de zona.
–Sí. Espero que haya quedado claro.
¿Te han acosado los negros en la cárcel por este motivo?
–Sí. Creen que… se trata de algo racial.

La vez que Dahmer abrió un armario y el administrador olió el contenido de un barril de plástico con capacidad para más de cien litros, lleno de la solución de ácido que utilizaba para disolver los huesos, el administrador a punto estuvo de desvanecerse. El le explicó que allí vertía el agua sucia de la pecera y el hombre se lo creyó.
¿De la pecera? ¿Era una excusa creíble?
–Yo creo que no. Pero, según parece, se la tragó.
Poco después, tiró el barril con su contenido y se agenció un enorme bidón azul de petróleo.
¿Qué había dentro?
–Los torsos sin cabeza.
Ese bidón azul, ¿era para guardarlos y procesarlos más tarde?
–Era para el ácido. Para tratar los torsos.
¿Cuál era el propósito de las lámparas?
–Eran globos azules. Apagaba la luz de arriba y conseguía dar una atmósfera misteriosa y oscura al escenario. Efectos especiales.
¡Vaya escena!
–Como en las películas del Jedi.
¿Y por qué barnizar los cráneos?
–Para darles un aspecto más uniforme. Después de unas semanas, algunos no estaban tan blancos como los otros y tenían un aspecto artificial, como fabricados para un anuncio.
He visto fotos y es verdad, casi parecía una campaña comercial. ¿Los sacaste alguna vez?
–Hace mucho tiempo. Una vez me llevé a casa a un muchacho de Chicago. Los vio y creyó que eran comprados.
Algunos cadáveres tenían las plantas de los pies rebanadas. ¿Por qué?
–Eso era simplemente para que el ácido tuviera una mayor superficie para desintegrar la carne. La piel de la planta de los pies normalmente es muy gruesa.
Seguimos hablando de dos casos que no terminaron en homicidio. En el primero, un hombre joven había sobrevivido a “la bebida” en casa de la abuela y Dahmer le permitió marcharse, pero más tarde el muchacho tuvo que ser hospitalizado y denunció el incidente a la policía, que no hizo un seguimiento muy bueno del asunto. A continuación sigue la narración, palabra por palabra, del segundo caso.
¿Qué pasó con aquel muchacho que golpeaste con un martillo?
–Se marchó furioso, diciendo que iba a llamar a la policía. Quince minutos más tarde, regresó. Llamó a la puerta y le dejé entrar. Dijo que necesitaba dinero para el teléfono, o el taxi, o no sé qué. Me pareció increíble que volviera. ¿Puede creérselo?
¿En lugar de ir a la policía?
–Tenía miedo de dejarlo ir otra vez; forcejeamos unos cinco minutos. Los dos estábamos agotados. Estuvimos en el dormitorio hasta las siete de la mañana. Lo calmé; me prometió que no llamaría a la policía. Fuimos a la esquina, paré un taxi y ésa fue la última vez que lo vi.
Es raro que no presentara una denuncia.
–Lo hizo, pero contó una historia absurda de que yo le había pegado y no le creyeron.
Beber más de la cuenta ha sido un problema constante en tu vida, ¿verdad?
–Sí. Era mi manera de sobrellevar la vida familiar. El divorcio. Y los golpes. Bebía para borrar la memoria. Durante un tiempo funcionó.
¿Puede decirse que te mantenías en un estado de semi..?
–En un estado de borrachera.
¿Lo sentías como una necesidad?
–Así parecía todo más fácil.
¿Te producía placer el acto de cortar en sí?
–Al principio sí. Luego pasó a ser una rutina.
¿Y el sexo después de la muerte?
–Placentero.
¿Y con los restos?
–No era tan placentero como cuando los tenía enteros.
¿Has sabido siempre que lo que hacías estaba mal?
–Sí, sí.
¿En algún momento llegaste a decirte: “Esto es una locura”?
–Sí. Cuando empecé con lo del taladro. Fue en el número doce, o por ahí.
¿Eras consciente de que…?
–De que aquello ya era demasiado.
¿Te dijiste: “No volveré a hacerlo”?
–No. Quería conseguir la técnica del zombi.
¿Por qué crees que la dominación, el control, el poder sobre los demás era tan importante? Para la gente corriente, son factores importantes, pero no hasta el extremo que los llevaste.
–Si hubiera tenido intereses y aficiones normales, como el deporte, no habrían sido tan importantes. ¿Por qué lo eran? No lo sé. (Larga pausa). Supongo que me hacían la vida más atractiva, o más plena.
De acuerdo. Pero se trataba de un poder y un control… fuera de control. ¿Entiendes lo que quiero decir?
–Ahora sí.
Cuando empezaste con lo del taladro, ¿tuviste la sensación de que iban a agarrarte?
–No. Creía que podía evitar que me descubrieran. Fue después de perder el trabajo cuando se me empezó a desmoronar todo.
¿Fue poco antes de que te detuvieran?
–Tal vez un mes.
¿Por qué perdiste el empleo?
–Porque llamé una noche, cuando estaba con el levantador de pesas negro. Creía que aún me quedaba un día de baja por enfermedad, pero no. Decidí pasar la noche con él, porque pensaba que al día siguiente aún tendría el trabajo. Fue por eso.
¿Y lo de las lentes de contacto amarillas?
–Los dos protagonistas de estas películas (El retorno del Jedi y El Exorcista III) llevaban unas lentes en los ojos que emanaban poder. Formaba parte de mi fantasía.

Seguí con la lista entera de crímenes para descubrir algún indicio de su estado mental en la época de cada uno de ellos. Para mí, el acontecimiento clave era lo que había ocurrido en el Hotel Ambassador en 1986. Me interesé por cómo era su vida en aquella época.
–Por aquel entonces había dejado de intentar resistirme a los deseos, pero, cuando conocía a alguien, iba a su casa y me limitaba a pasar una noche de sexo con ellos. La violencia no entraba en mis planes.
Pero esta vez te despiertas y el chico está muerto. Desde entonces hasta enero de 1988 pasan dos años, pero desde enero de 1988 hasta marzo de 1988 pasan sólo dos meses. Lo que ocurrió en el Ambassador, ¿te pareció agradable…?
–No.
…¿o terrible?
–Terrible.
¿Por qué?
–No lo había planeado. Para mí fue una sorpresa encontrarme con lo ocurrido.
Y que él te acompañara a casa de tu abuela, ¿qué fue? ¿Un cúmulo de circunstancias?
–Sí. Nos desnudamos. Estuvimos en la cama, acariciándonos. Nos masturbamos. Y… lo encontré tan atractivo que quise conservarlo.
Las siguientes preguntas tenían por objeto discernir qué crimen en concreto había sido planeado y cuál espontáneo. Revisamos todos los casos en una secuencia temporal. El siguiente había sido en marzo de 1988.
¿Dónde lo encontraste?
–Yendo de copas. Llevaba toda la noche bebiendo y ya me iba a casa. Cuando salí, lo vi y le hice el ofrecimiento.
¿Y otra vez a casa de la abuela, las drogas y todo lo demás?
–Mmm-hmm, el mismo plan.
¿En aquel momento sabías…?
–En aquel momento… sí, sin duda. El plan… Mmm-hmm.
Después pasa un año. Estamos en marzo de 1989. Aquella vez, cuando saliste de casa, ¿ibas en busca de alguien? ¿Planeabas hacerlo?
–Sí, sí. Buscaba a alguien para llevarme.
El siguiente crimen se produjo catorce o quince meses más tarde. “¿Cuáles habían sido las circunstancias?”, pregunté.
–Lo encontré delante de un bar. Se dedicaba a la prostitución y era muy guapo. Le ofrecí dinero, fuimos a casa, y… el mismo plan.
Cuando fuiste a Chicago, ¿habías quedado con alguien?
–Sí.
¿Pensabas que la cita podía terminar en homicidio?
–Sí, probablemente.
Le pregunté a Dahmer si, en medio de una serie de crímenes, antes de salir a la caza fantaseaba sobre lo que ocurriría.
–Sólo mirando fotos de víctimas anteriores. Videos, películas pornográficas, revistas. No tenía fantasías elaboradas antes de salir.
Entonces, te valías de las fotos y la pornografía para llenar los huecos entre…
–Exacto.
…entre sucesos.
–Sí.
Le pregunté de nuevo por sus preferencias sexuales, qué tipo de persona habría deseado como compañero sexual.
–Me habría gustado tener un hombre blanco bien desarrollado y complaciente. Habría preferido tenerlo vivo y que estuviera siempre a mi lado.
¿Que saliera a trabajar y que llevara una vida normal, o que sólo estuviera contigo?
–Que sólo estuviera conmigo.
Menos preferible, pero aún deseable, dijo Dahmer en respuesta a otras preguntas, habría sido dejar a alguien en “estado zombie”. Bajando la escala, dijo que habría preferido “lo que he estado haciendo”, es decir, ligar con hombres en los bares y llevárselos a casa para matarlos. Bajando más aún en la escala de las preferencias, sin embargo, dijo: “Nada”. Ni sexo homosexual normal ni sexo heterosexual normal, ninguna pareja. O, en todo caso, la pornografía.
¿Y después?
–Celibato, sin ninguna actividad sexual. Éste era el estado que intentaba alcanzar los dos años en que fui a la iglesia.
¿Intentabas alcanzar ese estado porque sabías que así no te meterías en líos?
–En efecto, en efecto.
En la época en que cometiste los crímenes, ¿creías que tenías derecho a hacer lo que hacías?
–Siempre intentaba no llegar a conocer demasiado bien a la persona. Así se parecían más a un objeto inanimado. Pero siempre supe que no estaba bien. Tenía de culpa.
¿Alguna vez pensaste que el otro había hecho algo mal y que tú tenías justificación para…?
–No. Esto es lo que creía Palermo, el psicólogo forense. Que lo hacía para librar el mundo de malvados. Y no lo hacía por eso.

Fuentes:

Administrador. Jeffrey Dahmer, el caníbal de Millwaukee. En: Estudio Criminal [en línea]. [Consulta: 8 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://www.estudiocriminal.eu/media/Jeffrey%20Dahmer.doc.pdf

MONTAGUT, A. El “carnicero de Millwaukee” descuartizó y devoró a sus víctimas, según su abogado. En: El País [en línea]. [Consulta: 8 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://elpais.com/diario/1992/01/31/sociedad/696812401_850215.html

Administrador. Jeffrey Dahmer. En: murderpedia [en línea]. [Consulta: 8 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://murderpedia.org/male.D/images/dahmer-jeffrey/docs/jeffrey-dahmer-info.pdf

Administrador. Jeffrey Dahmer Biography. En: Biography [en línea]. [Consulta: 8 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://www.biography.com/people/jeffrey-dahmer-9264755

Bibliografía:

BACKDERF, D. Mi amigo Dahmer. Astiberri Ediciones.

RESSLER, R. K. Dentro del mostruo: un intento de comprender a los asesinos en serie. Alba Editorial, 2010.

SCHWARTZ, A. E. El hombre que no mató lo suficiente: los macabros secretos del “Carnicero de Millwaukee”

Películas:

The Jeffrey Dahmer Files

The Jeffrey Dahmer Files (2012). Documental dirigido por Chris James Thompson

Dahmer_el_carnicero_de_Milwaukee-340659142-large

Dahmer, el caníbal (2002). Dirigida por David Jacobson

American_Psycho-503776720-large

American Psycho (2000). Dirigida por Mary Harron

 

Enlaces:

images

Tatuaje con el rostro de Jeffrey Dahmer, reflejo de hasta donde puede llegar la imagen de un asesino en la cultura popular.

Cómo funciona la mente de un Asesino en Serie

Los asesinos en serie se mueven por impulsos de elevada violencia y sin ninguna consideración por el dolor ajeno. Siempre padecen un trastorno de la personalidad o sociopatología con recurrencia a las acciones relacionadas con el sadismo, el estímulo sexual, la necrofilia, el fetichismo, el canibalismo, la mutilación y por la consiguiente necesidad de continuar con los actos delictivos (Ramón Macia Gómez, 2011, p.5).

La expresión ‘’Asesino en serie’’ o ‘’Serial Killer’’ es muy reciente. Se puede decir que surgió a finales de la década de los 60 y principios de los 70 del siglo XIX. El agente del FBI Robert Ressler acuñó la expresión para referirse a todo aquellos asesinos que habían matado a tres o más personas con un período variable de inactividad entre una y otra, conocido como “período de enfriamiento”. Anteriormente estas personas eran conocidas como hombres lobo, vampiros, endemoniados, hechiceros o incluso satánicos aunque se configuraban tal y como se conocen hoy en día (Ramón Macia Gómez, 2011, p.2). El concepto moderno surge como consecuencia de los crímenes de David Berkowitz conocido como ‘’El Hijo de Sam’’.

mm

David Berkowitz

Según el criminólogo Steven Egger, el ‘’Asesino en serie’’ se define por seguir los siguientes parámetros:

  • De 3 a 5 asesinatos en un lapso de tiempo inferior a los seis meses.
  • Actuaciones criminales metódicas y similares entre sí.
  • Entre asesinato y asesinato el individuo actúa con total normalidad.
  • No suele mantener ningún tipo de vínculo con la victima, que parece ser escogida de forma aleatoria.
  • Elevada crueldad, sangre fría y dominio total de la voluntad de las víctimas.
  • Han sufrido malos tratos o abusos durante su infancia y la unidad familiar suele estar desestructurada.
  • Carecen de venganza o lucro.
  • Cada víctima significa un logro o un estímulo placentero que se diluye con el tiempo y que da paso a un nuevo deseo de asesinato.
  • Predilección por victimas indefensas para eludir enfrentamientos directos.
  • Carecen de impulsos suicidas y no muestran arrepentimiento, miedo o vergüenza tras el asesinato.
  • En su infancia han torturado animales.
  • Cierta atracción por los representantes de la Autoridad.
  • Afán de protagonismo: epistolar antes de su detención y mediático después.

Factores psicosociales:

El perfil de asesino en serie corresponde a varones de raza blanca, inteligentes en la mayoría de casos, de clase social media o media-baja, con una edad comprendida entre los 20 y los 30 años, solitario, marginado de la sociedad, víctima de abusos sexuales y maltrato, físico o psíquico en la infancia que los conducen a estados de ansiedad y frustración. Elementos como las drogas, la pornografía y las fantasías actúan como un elemento facilitador de la conducta asesina (Jiménez Serrano, 2014, pp. 6). Padecen una psicopatía que les impide mantener afectividad con sus semejantes, tener piedad por sus víctimas, medir la crueldad de sus acciones y asumir sentimiento de culpa. Suelen tener admiración o fijación con los Agentes de la Autoridad, la notoriedad y la repercusión en prensa de sus acciones. Lo más importante es que saben simular normalidad en su entorno social, familiar (si lo tienen) y laboral sin grandes esfuerzos y logran aparentar lo contrario de lo que realmente son.

Factores biológicos:

Los investigadores de la Universidad de California han podido establecer que el comportamiento de los asesinos sigue un patrón matemático conocido como ‘’Escalera del Diablo’’. Explicado de forma sencilla, lo comparan con el mecanismo de un arma: una pistola cuando es disparada no puede volver a disparar hasta que se recarga, lo mismo sucede con las neuronas. Los brotes psicóticos aparecen cuando las neuronas se activan en el cerebro. Una vez que esto sucede, el asesino siente la necesidad de cometer un crimen, y cuando ha sido cometido la neurona se ‘’desactiva’’. Esto hace que en el periodo en que las neuronas están ‘’desactivadas’’ el criminal no sienta la necesidad de matar y pasen periodos de ‘X’ tiempo hasta que vuelven a crearse las conexiones neuronales.

Otro estudio realizado por la Universidad de Vanderbilt, en EEUU, ha encontrado una descompensación  en el sistema de recompensa en el cerebro de los psicópatas. Esta anomalía provoca que den importancia por encima de todo a sus propios intereses o necesidades sin importarle las consecuencias de sus acciones.

La dopamina es un neurotransmisor que se encarga de muchas funciones en el cerebro como promover la motivación, el placer o la sensación de recompensa. Según los investigadores de ésta universidad, en el caso de los psicópatas la dopamina es mucho más reactiva de lo normal  y les da una sensación de recompensa cerebral exagerada cuando cometen actos criminales.

Los asesinos en estadísticas:

  • El 90% de los asesinos en serie son hombres.
  • El 65% de las víctimas son mujeres.
  • El 89% de las víctimas son de raza blanca.
  • El 86% de los asesinos son heterosexuales.
  • Un 57% de ellos no tenía antecedentes criminales.
  • El 93% de ellos habían planificado los crímenes de forma cuidadosa, utilizando la sorpresa o el engaño.
  • La penetración oral y anal fue más practicada que la vaginal.
  • La estrangulación por ligaduras o de forma manual fue la forma de muerte mas usada, seguida de las armas de fuego y el apuñalamiento.
  • Con respecto a la edad:
  • El 26% comienza la carrera criminal en la adolescencia.
  • El 44% en la edad comprendida entre los 20 y 30 años.
  • El 24% a partir de los 30 años.
  • El 6% de asesinos son de elevada edad o infantiles.

Clasificación de los asesinos en serie (Jiménez Serrano, 2014, pp. 10):

  1. Visionario: alucinaciones auditivas le instan a matar
  2. Misionario: elabora una idea delirante para terminar con la vida de personas. Se cree un salvador o redentor.
  3. Hedonista: mata para sentir  placer al  terminar con la vida de los otros.
  4. Dominante: mata para sentir el placer de tener entre sus manos la vida y la muerte de una persona.
  5. Emocionales: buscan sentir emociones fuertes como excitación con el dolor y la dominación y control de la víctima.
  6. Por conveniencia: consiguen un beneficio con sus víctimas como por ejemplo los sicarios o asesinos a sueldo.

Según el ámbito geográfico:

  1. Cazador: busca a sus víctimas en los alrededores donde vive.
  2. Cazador furtivo: actúa en un área específica distinta a donde vive.
  3. Pescador: actúa en zonas de su actividad rutinaria.
  4. Trampero: usa artimañas para llevar a la víctima al punto donde quiere cometer el delito.

Profesiones con más psicópatas:

1. CEO

2. Abogado

3. Presentador de radio o televisión

4. Agente de ventas

5. Cirujano

6. Periodista

7. Agente de policía

8. Sacerdote

9. Chef

10. Funcionario público.

 

Fuentes:

MACIÁ GÓMEZ, Ramón. Los asesinos en serie. Revista General de Derecho Penal [en línea]. 2011. Nº 16. Pp. 1-25. [consulta: 13 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://www.ramonmacia.com/wp-content/uploads/LOS-ASESINOS-EN-SERIE.pdf

JIMENEZ SERRANO, J. Asesinos en serie: definición, tipologías y estudios sobre esta temática. Gaceta Internacional de Ciencias Forenses [en línea]. Enero-Marzo 2014, nº10 [consulta: 13 de diciembre de 2014]. ISSN 2174-9019. Disponible en: http://www.uv.es/gicf/3R1_Jimenez_GICF_10.pdf

Administrador. ¿En qué profesiones se encuentra la mayor cantidad de psicópatas? Hagan sus apuestas. En: pijamasurf.com [en línea]. 21 de noviembre de 2011. [consulta: 17 de diciembre de 2014]. Disponible en:  http://pijamasurf.com/2012/11/en-que-profesiones-se-encuentra-la-mayor-cantidad-de-psicopatas-hagan-sus-apuestas/

Charles Manson (1934-)

1

Hijo de una alcohólica prostituta de 16 años, Charles Milles Maddox nació el 12 de noviembre de 1934 en Cincinnati, Ohio. El matrimonio posterior de su madre con un obrero llamado William Manson, le dio su apellido. El rechazo de su madre le hizo vivir en las calles  y delinquir a una edad muy temprana. Una serie de arrestos menores lo enviaron varias veces a la cárcel y fue en esa época de su vida cuando comenzó a formarse en el esoterismo, a leer sobre el budismo y el orientalismo y a ingresar, según él, en la Iglesia de la Cienciología.

2

Tras salir de la cárcel en 1967 y trasladarse a San Francisco, esa formación esotérica le hizo formar un grupo de fanáticos seguidores conocidos como ‘’La Familia’’, a los que convenció de que se aproximaba un inminente apocalipsis al que llamó Helter Skelter, inspirado en la canción de los Beatles, los cuales consideraba como los cuatro jinetes del apocalipsis que habían creado canciones con mensajes cifrados y claves ocultas que solo él podía comprender.

El demonio de Manson despertó cuando un amigo suyo, Dennis Wilson, batería de los Beach Boys le presentó a Terry Melcher, un productor de música destacable, para que le produjese un disco. Ante la negativa de Melcher, la ira de Manson se apoderó de él y juró vengarse.

La noche del sábado 8 de agosto de 1969 Manson envió a sus discípulos de La Familia a Cielo Drive 10050 para asesinar al productor pero no contaban con que unos meses antes, la residencia fue vendida al director de cine Roman Polanski y su mujer Sharon Tate. Este pequeño detalle no era conocido por Manson por eso se dice que el asesinato de la mujer de Polanski y amigos fue un error.

Susan Atkins, Patricia Krenwinkel, Leslie Van Houten, y Charlie Watson llegaron a Cielo Drive sobre las 00:05 del 9 de agosto. Watson trepó al poste de telefonía y cortó los cables que conectaban con la casa para dejarla incomunicada mientras las mujeres vigilaban. Al terminar, saltaron la valla llevando con ellos una bolsa con ropa de repuesto, cuchillos, un revolver y cuerda de nylon. En el momento en que se acercaban a la casa principal, de la casa de huéspedes salía un coche conducido por Steven Parent el cual al ver una silueta negra paró el coche. En ese momento Watson  le apuñaló en el brazo cuando intentó protegerse, rompiéndole los tendones. Watson metió el revolver por la ventanilla y disparó cuatro veces a Parent.

6

54

Cadaver de Parent

 Después de terminar con la vida del chico, los cuatro enviados de Manson entraron a la casa y al primero que encontraron fue a Woljciech Frykowski tumbado en el sofá. En su cama leyendo se encontraba Abigail Folger y en otra habitación estaba la actriz Sharon Tate hablando con Jay Sebring. Cuando todos fueron apresados, los condujeron a la sala principal donde obligó a los cuatro rehenes a tumbarse bocabajo. Como Sharon Tate se encontraba embarazada de 8 meses se le permitió sentarse. En un descuido de los secuestradores, Sebring trató de quitarte el revolver a Watson el cual disparó a quemarropa atravesándole el torso. Mientras agonizaba en el suelo, Watson pateó a Sebring repetidas veces, llegándole a romper la nariz y la cuenca del ojo.

9

7

8

 Cadaver de Jay Sebring

Watson obligó a Susan Atkins a matar a Frykowski y cuando se disponía a hacerlo, él consiguió liberarse de sus ataduras y cogiéndola por la cabeza la golpeó. Durante la lucha, Atkins consiguió apuñalarle cuatro veces en las piernas y dos en la espalda. Al ver que el hombre seguía luchando por su vida, Charles Watson le disparó dos veces pero al ver que no caía, le pegó en la cara con la culata del revolver.

En el momento en que vio caer a su fuerte amigo, Abigail Folger se liberó y corrió gritando hacia la puerta de entrada. Patricia Krenwinkel y Watson la persiguieron. Watson consiguió alcanzarla en el jardín, le cortó el cuello y la apuñaló 28 veces. En ese momento el moribundo Frykowski salió tambaleándose por la puerta principal aunque se desplomó en unos arbustos. Lleno de rabia Watson lo apuñaló una y otra vez hasta 51 veces.

12

10

12

13

11

Cadaver de Woljciech Frykowski

Abigail Folder se puso en pie como pudo y escapó hacia la zona de la piscina aunque se desplomó antes de alcanzarla.

14


16

15

17

Cadaver de Abigail Folger

 Dentro de la casa todavía estaba Sharon Tate, atada al cadáver de su amigo Jay Sebring. Intentó fugarse pero Susan Atkins la detuvo y se dispuso a matarla. Tate rogó por su vida y por la de su hijo pero la respuesta de Atkins fue: ‘’Mujer, no tengo ninguna misericordia para ti’’. Krenwinkel y Atkins la sujetaron mientras Watson la apuñalaba en repetidas veces. En total recibió 16 apuñaladas.

sh

Última foto de Sharon Tate con vida

19

18

20

21

Sharon Tate asesinada

Según cuenta la propia Atkins, se había mojado las manos con el líquido amniótico y la sangre del bebé que brotaba a través de la herida de Tate, bebiéndola después.

Una vez finalizada la masacre, Watson ordenó destrozarlo todo y dejar señales de brujería. Comenzaron a realizar pintadas por la casa  con la sangre de las víctimas.

22

 ”Pigs” escrito con sangre en la puerta de la casa

26

25

24

27
Restos de sangre de la victima por toda la casa

La misma noche de los asesinatos, el propio Manson y otro miembro de La Familia, regresaron a la escena del crimen para limpiar huellas y buscar el cuchillo que Susan Atkins había perdido en la lucha con Frykowski. Dejaron limpio de huellas el coche de Parent utilizando una toalla que dejaron más tarde sobre la cara de Jay Sebring.

El director de cine Roman Polanski se encontraba de viaje en el momento del asesinato y cuando se enteró de la noticia de su mujer, su futuro hijo y sus amigos se quedó totalmente devastado.

pol

pol1

 Roman Polanski en la escena del crimen

Los crímenes de Manson y ‘’La Familia’’ no terminaron aquí. A la noche siguiente Charles Watson, Steve Grogan, Leslie Van Houten, Patricia Krenwinkel, Susan Atkins, Linda Kasabian y Manson se dirigieron a la casa de los LaBianca, un exitoso matrimonio dedicado a los negocios. Al entrar a la casa encontraron a Leno LaBianca en pijama a lo que Manson le dijo: ‘’Cálmese, siéntese y guarde silencio’’. Mientras Watson vigilaba, Manson fue a buscar a Rosemary LaBianca y la ató. Patricia Krenwinkel y Leslie Van Houten obligaron a la mujer a tumbarse bocabajo, cubrieron su cabeza con una funda de almohada y le ataron con un cable de lámpara.

Watson le quitó la parte superior del pijama a Leno y le dio cuatro puñaladas en la garganta con la punta de una bayoneta. La dejó clavada en el cuello y siguió apuñalándolo con su propio cuchillo. Leno falleció desangrado y asfixiado por la almohada que le colocó sobre su cabeza. Watson escribió War en el abdomen de Leno y le dejó clavado en el estomago un tenedor de trinchar.

len1

len3

len2

 Cadaver de Leno LaBianca

A continuación, Watson y Krenwinkel apuñalaron 41 veces a Rosemary LaBianca. Después Van Houten le apuñaló 16 veces más cuando ya estaba muerta.

ros2

ros4

ros3

 Cadaver de Rosemary LaBianca

Mientras Watson se duchaba en el baño de las victimas, las chichas hicieron inscripciones con sangre en las paredes: Death to pigs, Rise y Helter Skelter.

pi1

pi2

pi3

El principio del fin de ‘’La Familia’’ vino cuando detuvieron a Susan Atkins del asesinato de un profesor de música. En la cárcel, comenzó a alardear de que había matado a Sharon Tate. Una de las reclusas denunció este hecho y se abrió una investigación en la que uno a uno los integrantes de la banda fueron cayendo. Charles Manson y sus seguidores fueron detenidos y condenados a pena de muerte pero por suerte para ellos la pena de muerte quedó abolida y fue sustituida por cadena perpetua.

Fuentes:

40 años de los crímenes de la ‘Familia’ de Charles Manson. Rtve.es [en línea]. Julio de 2009. [consulta: 11 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://www.rtve.es/archivo/charles-manson/

Charles Manson y ‘’La Fmilia’’: ‘’Helter Skelter’’. Escrito con sangre. El Website de los asesinos [en línea]. [consulta: 11 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://escritoconsangre1.blogspot.com.es/2007/10/charles-manson-y-la-familia-skelter.html

El sangriento ritual de Charles Manson. La Vanguardia.com. [en línea]. 9 de agosto de 2014. [consulta: 11 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://www.lavanguardia.com/hemeroteca/20140809/54412424586/sharon-tate-actrices-asesinatos-familia-manson-roman-polanski-cine-satanismo-la-familia.html

Charles Manson. Canal Historia. En: Youtube [en línea]. 5 de julio de 2013. [Consulta: 11 de diciembre de 2014]. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=_kElWsoEQEM

Charles Manson, un viaje al mal. Biography. En: Youtube [en línea]. 28 de julio de 2012. [Consulta: 11 de diciembre de 2014]. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=XLlYC7UHuo8

 The Beatles, Helter Skelter. En: Youtube [en línea]. 2 de agosto de 2007. [Consulta: 11 de diciembre de 2014]. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=QWuXmfgXVxY

Edward Gein ”el carnicero de Plainfield” (1906-1984)

1

Ed Gein nació el 27 de agosto de 1906 en Plainfield, Wisconsin en el seno de una familia muy problemática. Su padre era un alcohólico maltratador y su madre era una fanática religiosa que odiaba a los hombres y consideraba a las mujeres como un pecado del cual debía mantener alejados a sus hijos. Además, era una tacaña con el dinero y por eso la familia pasaba calamidades y sobre todo, hambre. Normalmente le solía dar palizas al padre y este harto de las vejaciones y humillaciones de su esposa, lo pagaba con sus hijos.

La infancia de Ed y su hermano fue muy dura. Mientras la madre los educaba con una estricta disciplina y castigos para que no acabaran como su padre el día de mañana, el padre se gastaba todo su dinero en la taberna del pueblo y en prostitutas, es por eso que ambos niños crecieron sin ningún tipo de afecto o cariño por parte de sus padres. El ambiente en casa hizo que Ed se convirtiera en una persona excéntrica, solitaria y muy tímida y aunque iba a la escuela, su madre le prohibía socializar con niños y sobre todo niñas, alegando que eran pecadores. Muy pronto comenzó a aislarse y a perder la noción de la realidad cuando se aficionó a leer cómics, revistas y libros de asesinatos, muerte y violencia.

Ed Gein estuvo viviendo así durante toda su etapa adolescente y adulta. En 1940 su padre falleció y a partir de ese momento el negocio familiar comenzó a ir de mal en peor, por ello Ed y su hermano tuvieron que buscar trabajo para aportar dinero a casa. La relación entre los hermanos se volvió muy tensa cuando Henry, su hermano, observó que Ed desarrollaba un deseo incestuoso hacia su madre (complejo de Edipo). Misteriosamente, Henry falleció cuando ambos hermanos quemaban unos rastrojos y aunque en el cuerpo se evidenciaban marcas de golpes, fue declarado fallecido por asfixia. Cuatro años después su madre falleció de un infarto cuando Ed tenía 39 años. A partir de ese momento y con sus 40 años, Ed se encontraba sólo y extraño ante un mundo que no entendía, por eso, se refugió en la frialdad y represión de su mente.

Por aquella epoca, en Plainfield había una taberna llamada ‘’La Taberna de Hogan’’ donde trabajaba la propietaria del local, Mary Hogan.

2

Taberna de Hogan

El dia 8 de diciembre de 1954, un granjero del lugar entró a la taberna que aunque se encontraba abierta, no había nadie en su interior. El hombre comenzó a llamar a la propietaria para que le atendiera pero al no recibir respuesta fue a buscarla. Pronto se encontró con una gran mancha de sangre en la parte trasera de la taberna y sospechando que algo malo había ocurrido, pidió ayuda. El sheriff Thompson llegó al lugar y comprobó que el sitio estaba vacío aunque el coche de Mary se encontraba aparcado detrás de la taberna. Un largo reguero de sangre ensuciaba el suelo del bar por lo que parecía que algo había sido arrastrado. Junto a la mancha de sangre encontraron un cartucho del calibre 32. El sheriff siguió las manchas de sangre que le condujeron al parking de los clientes donde habían quedado impresas las huellas de un camión. Según los indicios, alguien había sido herido o asesinado en la Taberna Hogan y luego trasladado hacia al exterior donde habría sido escondido en un coche que esperaba fuera. La caja registradora no había sido desvalijada y en la taberna no faltaba nada, excepto Mary Hogan.

3

Mary Hogan

Las semanas pasaban y Mary no aparecía. La noticia ya se había extendido por todo el pueblo y estaba presente en todas las conversaciones. Ed Gein, antes de que la mujer desapareciese, había sido visto muchas veces en la taberna y según los testigos apuntan, se quedaba mirándola durante horas sin decirle nada, por lo que pensaban que éste estaba enamorado de ella. En una de las conversaciones usuales sobre el caso, Elmo Ueek le comentaba a Ed que si se le hubiera declarado a la mujer, ahora mismo estaría en su granja cocinando y esperando feliz a que regresara, en lugar de estar desaparecida y seguramente muerta. Ed Gein ante ese comentario le contestó a su vecino: ‘’No ha desaparecido, ahora mismo está en mi granja’’. Elmo no se tomó este comentario en serio y lo interpretó como un golpe de humor bastante patético. El comentario de Ed ya era conocido por todos los residentes de Plainfield aunque ninguno de ellos lo tomó en consideración ya que todos conocían a Gein y era de los típicos comentarios que se esperaban de una persona tan rara como él.

Pasaron tres años desde la desaparición de Mary y el caso iba cayendo poco a poco en el olvido. Ed Gein comenzaba a tramar otro asesinato, de nuevo la victima sería otra mujer llamada Bernice Worden, dueña de una ferretería del pueblo. El 16 de noviembre de 1957 era el día de la caza del ciervo y aunque todas las calles estaban desiertas y las tiendas cerradas, Bernice decidió abrir su ferretería. Alrededor de las 8:30 de la mañana entró el primer cliente: Ed Gein, que últimamente la había estado molestando con boberías y observándola desde su furgoneta o desde la calle. Ed compró un artículo, Bernice le hizo la factura y se marchó. Al rato volvió con  su rifle de caza, apuntó a Bernice a la cabeza y le pegó un tiro. Ed, al igual que Mary Hoden, arrastró el cuerpo de Worden y lo trasladó hasta la furgoneta de ésta aparcada fuera.

Al dia siguiente unos vecinos de Ed fueron a visitarle para pedirle el favor de que los acercara al pueblo para comprar una batería de coche. Ed los recibió con las manos manchadas de sangre y se excusó diciendo que estaba despedazando un ciervo. Ese comentario extrañó a los vecinos ya que según había declarado Ed varias veces, la sangre lo asustaba y siempre se mareaba al verla. Esa noche, el hijo de Bernice Worden fue a la ferretería a buscar a su madre pero lo que se encontró lo dejó de piedra: el suelo estaba encharcado en sangre, la caja registradora había sido arrancada de cuajo y su madre no estaba por ningún sitio. Tras llamar al sheriff y revisar toda la tienda, se les ocurrió mirar por casualidad el libro de contabilidad de la ferretería y allí aparecía como último cliente Ed Gein. El sheriff enseguida dio la orden de arrestar a Gein que en ese momento se encontraba en casa de su vecino cenando.

5

Detención de Ed Gein

En cuanto Ed Gein fue detenido, el sheriff y sus ayudantes se dirigieron a su granja. Al llegar, encontraron colgando boca abajo del techo un cuerpo decapitado de mujer que fue identificada posteriormente como Bernice Worden. El cuerpo colgaba de un gancho por el tobillo y con un alambre había sido sujetada la otra pierna a una polea. El cuerpo había sufrido un corte desde el pecho hasta la base del abdomen y había sido decapitada.

6

7

Cuerpo de Bernice Worden

A parte del cuerpo, la casa de Gein se encontraba en unas condiciones lamentables. Había basura por todas partes y desperdicios por los sucios y mugrientos muebles. Había cajas de cartón, latas vacías, herramientas oxidadas  y excrementos por todas partes. Entre la inmundicia, encontraron revistas y libros sobre anatomía femenina y medicina.

8

9

Casa de Ed Gein

Después de dar el aviso, la policía había rodeado la casa del psicópata. Rastrearon la casa a fondo y encontraron varios cráneos por la cocina, algunos enteros y otros cortados por la mitad empleados a modo de cuencos. Otros dos cráneos habían sido utilizados para equilibrar la cama de Ed. Algunas de las sillas de la cocina, lámparas, papeleras, cinturones, brazaletes y fundas de cuchillos estaban hechas con piel humana. También se encontró un chaleco fabricado con la piel de una mujer y unas polainas también de piel humana. En una serie de cajas se encontraron restos humanos pertenecientes a varios cuerpos sin identificar.

10

11

Restos craneales y de mandíbula

12

Cinturón fabricado con pezones

13

15 Cajas con restos humanos

Los policías se quedaron horrorizados al encontrar mascaras mortuorias y cabezas reducidas. Había un total de nueve máscaras, todas ellas con el pelo intacto. Cuatro estaban colgadas alrededor de la cama y el resto estaban metidas en bolsas y cajas. Una de las cabezas reducidas pudo ser identificada como la de Mary Hogan desaparecida varios años atrás. En una bolsa encontraron también el corazón de Bernice y sus entrañas se encontraban envueltas en un viejo traje.

La inspección continuó y al llegar a la habitación de la madre de Gein tuvieron que forzar la puerta que se encontraba tapiada con madera. Al entrar, toda la habitación se encontraba cubierta de un manto de polvo aunque estaba perfectamente ordenada y dispuesta tal y como su madre la había dejado doce años antes al morir. Dentro de la habitación, se encontraron el cuerpo seco de Augusta Gein.

En la cocina encontraron lo que habían estado buscando todo el tiempo, la cabeza de Bernice. Se encontraba llena de suciedad y todavía conservaba restos de sangre coagulada. De las orejas colgaban dos ganchos por lo que se pensó que Ed la había intentado colgar de la pared.

16

17

 Cabeza de Bernice Worden

El recuento total de víctimas era imposible pero estaba claro que Bernice Worden y Mary Hogan no habían sido sus únicas víctimas. Según las declaraciones posteriores de Ed, los restos pertenecían a gente sacada del cementerio, en total 9 mujeres de mediana edad. Se le preguntó si había mantenido alguna relación sexual con los cadáveres y lo negó diciendo: ‘’no, huelen muy mal’’. En otra declaración afirmó que solía pasearse por su granja vestido con las ropas hechas de piel humana y bailaba bajo la luz de la luna llena. Dijo que su principal deseo era operarse para convertirse en una mujer.

18

Cementerio de Plainfield

El acusado fue sometido a exámenes psicológicos que confirmaron que únicamente había asesinado a Bernice Worden y a Mary Hogan. Junto con esto, pudieron determinar que padecía un trastorno, y que su desarrollo sexual y emocional no se habían desarrollado bien por culpa de la represión de su madre.

El 6 de enero de 1958 Ed Gein fue internado en el manicomio del Estado, aunque por las protestas de los vecinos de Plainfield, se le examinaría con regularidad para que en caso de una mejora, ser conducido a prisión. En el año 1974, después de pasar 17 años en prisión, se le practicó una prueba mental que determinó que había recuperado su cordura aunque no se fiaban de dejarlo en libertad por si la enfermedad volvía a presentarse. Finalmente Gein murió por una insuficiencia respiratoria el 26 de julio de 1984 en el Geriátrico para Enfermos Mentales de Mendota.

19

 Ed Gein en 1974

20

Lápida de Ed Gein

Fuentes:

El macabro caso de Ed Gein.  Mundo Parapsicológico. [en línea]. 12 de mayo de 2006 [Consulta: 12 de diciembre de 2014] Disponible en: http://www.mundoparapsicologico.com/misterios/el-macabro-caso-de-ed-gein/

ED GEIN – El carnicero de Plainfield. Escalofrio [en línea]. [consulta: 12 de diciembre de 2014] Disponible en: http://www.escalofrio.com/n/Asesinos/Ed_Gein_-_El_carnicero_de_Plainfield/Ed_Gein_-_El_carnicero_de_Plainfield.php

Ed Gein: ‘’El Carnicero de Plainfield’’. Escrito con Sangre. El Website de los asesinos. [en línea] [consulta: 12 de diciembre de 2014] Disponible en: http://escritoconsangre1.blogspot.com.es/2008/04/ed-gein-carnicero-de-plainfield.html

Ed Gein. American Psycho. En: Youtube [en línea]. 27 de septiembre de 2014. [Consulta: 13 de diciembre de 2014]. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=YqAFEzMfwKk

Lizzie Borden ”la asesina del hacha”(1860-1927)

liz

Lizbeth Andrew Borden nació en Fall River, Massachussets un 19 de julio de 1860. Los padres de Lizzie se llamaban Sarah Anthony Borden y Andrew Jackson Borden, y su hermana, Emma Borden. La familia era muy importante en Fall River ya que tiempo atrás el clan Borden había sido el más importante de la ciudad. Desgraciadamente, cuando Lizzie tenía dos años su madre falleció y su padre, dos años después contrajo matrimonio de nuevo con Abby Durfee Gray.

Cuando Lizzi contaba con 14 años, se mudaron al 92 de Second Street, uno de los barrios más importantes de manufactura de ropa de algodón. Andrew era un padre dedicado a los negocios por ello pasaba mucho tiempo fuera de casa y no daba pie a poder tener una buena relación con su familia por eso, Abby, la mujer de Andrew comenzó a sentirse marginada dentro de su nueva familia y despreciada por sus hijastras a causa de su origen humilde. En 1887, Andrew compró una de las casas que había pertenecido a la familia de Abby, nombrándola a ella como dueña y heredera. Este gesto irritó muchísimo a las hermanas Borden que se consideraron excluidas de la herencia de su padre. A partir de ese momento, la situación familiar empeoró mucho, siendo Abby el objeto de odio de las hermanas que comenzaron a retraerse de la rutina familiar y encerrándose la mayor parte del tiempo en sus habitaciones, incluso para comer.

Lizzie había heredado el carácter hosco, materialista, frio y serio de su padre y por el contrario, su hermana mayor Emma era una muchacha frágil y sensible. A pesar de los caracteres tan opuestos, ambas odiaban a su madrastra que a pesar del rechazo de sus hijastras, intentaba ser amable y complaciente con ellas aunque conseguía el efecto contrario.

En una ocasión, la familia cayó enferma y el diagnosticó fue que habrían comido algo en mal estado. Abby por el contrario pensaba que habían sido envenenados y es lo que seguramente sucedió según los investigadores.

Andrew Borden quiso transferir una de las propiedades de los Borden a nombre de su esposa Abby pero como era sabido el odio de sus hijas hacia su esposa, quiso hacerlo en secreto. Lizzie se enteró de esta transacción y compró veneno en una tienda cercana.

El 4 de agosto de 1892, Andrew, Abby y John Vinnicum Morse –hermano de la primera esposa de Andrew- desayunaban en el salón de la casa tranquilamente, mientras que Lizzie se estaba en su cuarto y Emma se encontraba en casa de una amiga. Alrededor de las 9 de la mañana la sirvienta comenzó a encontrarse mal del estómago por lo que tuvo que salir fuera de la casa y vomitar en el jardín. El matrimonio Borden también se encontraba mal del estómago desde hacía unos días. Andrew, alrededor de las 9.30 salió de la vivienda y se fue a la ciudad para trabajar, la criada se ocupaba de la casa y Abby Borden entraba al cuarto de los invitados para no volver a salir jamás.

Sobre las 10.35, Andrew volvía a casa y al llegar se encontró a su hija Lizzie en lo alto de la escalera, cerca del cuarto de invitados. Al bajar, le dijo a su padre: ‘’La señora Borden ha salido. Dejó una nota diciendo que iba a visitar a un enfermo’’. Andrew comenzó a sentirse mal y se dirigió al sofá del cuarto de estar donde se recostó.

A las 11 de la mañana, los gritos de Lizzie alarmaron a la criada que acudió en su ayuda. El padre de familia se encontraba muerto en el sofá donde minutos antes se había acostado. Lizzi exclamó que alguien había entrado en la casa y lo había asesinado mientras ella se encontraba en el patio. La criada llamó al médico de la familia, a los vecinos y  a la policía.

pad2 - copia

pad1 - copia

Andrew Borden

Mientras el doctor examinaba a al padre, Lizzie dijo haber oído llegar a su madrastra en ese momento, por lo que ordenó a la sirvienta a subir a su habitación. Cuando la sirvienta y la vecina subieron al cuarto de Abby se encontraron a la mujer parcialmente oculta tras la cama.

mad1 - copia

mad2 - copia

 Abby Borden

El examen del doctor dictaminó que ambos habían sido asesinados con una herramienta pesada y cortante, seguramente un hacha. Al señor Borden le habían dado 11 hachazos que le habían reventado el globo ocular, roto la nariz y cortado hasta llegar al hueso. La sangre todavía brotaba de sus heridas. Abby se encontraba bocabajo entre la cómoda y la cama del cuarto de invitados. Había sido atacada por detrás y mostraba 19 heridas en la espalda y en la cabeza. La sangre se encontraba ya coagulada por lo que había fallecido tiempo antes que el señor Borden. El medico realizó las autopsias de las víctimas en la mesa del comedor de la casa Borden y allí permanecieron durante toda la noche. Emma había sido avisada de lo ocurrido y llegó por la noche con una amiga.

aut2

 Dibujo que muestra la forma en que quedó el cráneo de Andrew Borden

aut1

 Autopsia de Andrew Borden

aut3

Autopsia de Abby Borden

La policía había inspeccionado toda la casa en busca de algún indicio o prueba y lo encontraron en el sótano cuando descubrieron dos hachas. Una de ellas se encontraba en una caja de madera cubierta por una capa de carbón recién aplicada.

hach1

 Arma homicida

Al día siguiente, las hermanas Borden pusieron un anuncio en el periódico con una recompensa de 5000$ a quien proporcionase información que condujera hacia el asesino. Mientras tanto, la policía comenzaba a sospechar de la hija pequeña de los Borden. Al dia siguiente le comunicaron que ella era la principal sospechosa del caso.

El 11 de agosto Lizzie fue detenida como sospechosa del asesinato de su padre y aunque se declaró inocente, ingresó en la cárcel de Taunton, en Massachusetts. El 2 de diciembre, el jurado declaró culpable a Lizzie del asesinato de su padre y de su madrastra. El testimonio de la sirvienta fue claro para que Lizzie fuera declarada culpable de asesinato, puesto que habló de la tensa relación que Lizzie tenia con su madrastra. Lizzie se defendió argumentando que mientras su padre era asesinado, ella se encontraba en el desván buscando un un trozo de metal para reforzar la reja de la entrada pero según el testimonio de un policía, todo el desván estaba cubierto por una fina capa de polco, no habían huellas de pisadas ni nigun otro signo de que allí hubiera entrado alguien.

Las autopsias habían confirmado que Abby Borden había muerto una hora y media antes que Andrew Borden y al examinar los cráneos de las victimas, sus heridas encajaban perfectamente en el hacha que había sido encontrada en el sótano.

cr2

 Cráneo de Abby Borden

cr1

Cráneo de Andrew Borden

A pesar de todas las pruebas incriminatorias, el fiscal declaró a Lizzie Borden inocente por ser ‘’una mujer perteneciente al sexo que todos los hombres de bien debían honrar, una mujer cristiana, toda una señora, igual que sus esposas y la mía, una mujer a la que consideramos incapaz de cometer un crimen’’. Al escuchar el veredicto, Lizzie medio desvanecida se echó a llorar y rogó que la llevaran a casa. Lizzi cambió su nombre por el de Lizbeth A. Borden, vivió una vejez tranquila y murió el 1 de junio de 1927.

Fuentes:

Lizzie Borden: ‘’La asesina del hacha’’. Escrito con Sangre. El Website de los asesinos [en línea] [consulta: 13 de diciembre de 2014] Disponible en: http://escritoconsangre1.blogspot.com.es/2008/06/lizzie-borden-asesina-del-hacha.html

Administrador. Lizzie Borden: La heredera. En: Criminal Descubierto [en línea]. [consulta: 13 de diciembre de 2014] Disponible en: http://criminaldescubierto.blogspot.com.es/2009/10/lizzie-borden-la-heredera.html

MOLA, Ana. Lizzie Borden, la presunta asesina del hacha. En: Sobre Leyendas. [en línea]. [consulta: 13 de diciembre de 2014] Disponible en: http://sobreleyendas.com/2008/11/18/lizzie-borden-la-presunta-asesina-del-hacha/

La Historia de Lizzie Borden. Cuarto Milenio. En: Cuatro.com [en línea]. 19 de noviembre de 2011. [Consulta: 13 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://www.cuatro.com/cuarto-milenio/historia-Lizzie-Borden_2_1333530028.html