John Ketch: “el verdugo de Carlos II” (1630-1685)

descarga (3)Con este nombre se conoce a uno de los personajes más controvertidos de la historia moderna de Inglaterra, que concretamente actuó a partir del último tercio del siglo XVII. Este sujeto, cuyo verdadero nombre era Richard Jacquet, fue un verdugo que, debido a su peculiar aspecto y a su forma de actuar en sus ejecuciones, llegó al grado más “alto” en este oficio, hasta tal punto que se convirtió en el verdugo que actuaba bajo las órdenes de Carlos II (1630-1685).

La primera noticia que llega de John Ketch es en 1663, anteriormente debió de emplearse como verdugo de alquiler. Pero, a partir de ese momento, se convirtió en el “arma más mortífera del gobierno inglés”, ya que durante 20 años estuvo llevando a cabo sus ejecuciones.

Lo peculiar de este personaje era su aspecto: baja estatura, poco peso y la cara marcada por la viruela. A ello se unía el hecho de que hacía de sus ejecuciones un espectáculo. Allí donde actuaba John Ketch la plaza quedaba concurrida por una multitud enardecida que no quería perderse el número de aquel psicópata. Durante sus ejecuciones tendía a humillar a los reos, llevando el hacha hasta la nuca del condenado para después pasar a dirigirse al público, les desnudaba o les desposeía de lo que pudieran llevar. Seguramente, las víctimas de John Ketch (o Richard Jacquet) debieron de padecer más de la cuenta debido al mal estado de las armas con las que trabajaba el verdugo, a lo que hay que añadir que su escasa fuerza le impediría dar golpes certeros.

La memoria colectiva del pueblo inglés quedaría marcada en 1679, tras una actuación que incluso llegó a repugnar a la gente del momento. En esta ocasión, el verdugo liquidó en un sólo día a 30 condenados, sin ningún tipo de ayuda ni de reparo. Este hecho marcaría el declive de Ketch.

220px-Monmouth's_Execution

Ejecución del duque de Monmouth, 1685, con denado por traición.

Seguidamente, acciones como las que tuvieron lugar con Lord Rusell o el duque de Monmouth, terminarán por firmar su sentencia. En 1683, el primero de ellos estuvo condenado por traición, por diseñar un plan para secuestrar a Carlos II. En el momento de la ejecución, Rusell acordó con el verdugo (tras el pago de 10 guineas nos dicen las fuentes) un trabajo rápido, sin sufrimiento. En cambio, el primer hachazo no fue certero, por lo que la cabeza siguió unida. Hay una anécdota que relata que en ese momento Rusell espetó: oye cabrón, ¿te he dado diez guineas para que me trates tan inhumanamente. Necesitó dos golpes más para terminar el trabajo. En 1865, el duque de Monmouth, también condenado por traición, acordó un pago de 6 guineas. Peor suerte corrió, ya que se necesitó de 5 golpes de hacha y, aún así tuvo que terminar la faena a cuchillo.

image005A partir de ese momento terminaría su historia. Fue arrestado por deudas y en el momento que salió de la cárcel mató a golpes a una prostituta. Este hecho le llevaría a ser condenado a la horca. Incluso su muerte fue peculiar, su poco peso hizo que Jacquet estuviera pataleando durante unos minutos hasta que murió. Era noviembre de 1686.

Entre los trabajos llevados a cabo por Ketch, a parte de las ejecuciones, realizó trabajos de amputaciones, ya sea de nariz, lengua o alguna oreja, muy característico de la época.

En algunas civilizaciones de la antigüedad el oficio de verdugo estuvo institucionalizado, pero con el final del Imperio Romano hizo que el puesto oficial se diluyera. La Edad Media supuso un momento de desafuero en la administración de la justicia, que se convirtió en algo arbitrario. El deseo de que la pena fuera un instrumento

de disuasión para toda la comunidad, hizo que la ejecución se convirtiera en un espectáculo. Se volvió a un modelo arcaico en la ejecución de sentencias. La pena de muerte se institucionalizó como instrumento jurídico de las sociedades complejas en forma de teatro moral puesto al servicio del control social y la prevención del delito (Pérez Fernández, et al., 2012)

En algunos lugares de Centroeuropa, a modo de rito de paso, el adulto más joven era el encargado de las ejecuciones. En Franconia, el último recién casado de la comunidad. En Amberes, por ejemplo, las autoridades designaban un carnicero de los más antiguos del gremio.

image002

En España, el verdugo era designado para la ocasión cuando no había si bien el cargo se transmitió de adres a hijos, pues en muchos lugares no les estaba permitido relacionarse nada más que con otras familias del mismo gremio Desde la Edad Media hasta el siglo XVIII, el ejecutor gozaba de un trabajo estable. A partir del siglo XIX se a transformar en un individuo a sueldo del estado.

Durante mucho tiempo, debido al rechazo social que generaba el oficio, el puesto estaba bien dotado económicamente. En algunos lugares recibía donativos en especie porque eran pocos los que se atrevían a recibir dinero salido de su bolsa. A parte del dinero entregado por el reo o sus familiares para reducir al máximo los daños.

En el siglo XVII el oficio de verdugo adquiere el carácter de funcionario público, era habitual la creencia sobre que el ejecutor, en tanto que profesional de la muerte, mantenía contactos con el más allá.  El vulgo otorgaba enormes prodigios a los instrumentos con los que el verdugo realizaba sus ejecuciones o a los productos de las mismas: cuerdas, cuchillos, sebo con el que supuestamente fabricar velas mágicas, semen de ahorcado, retales de ropa de los ajusticiados, dedos amputados, manos momificadas, un largo etcétera de elementos que otorgaba pingües beneficios y acrecentaba el rechazo a este gremio.

Deberemos de considerar que el oficio de verdugo se ha mantenido hasta la actualidad. En periodos de posguerra sobre todo, había personas que se dedicaban a ejecutar a traidores y enemigos. Si bien con otros métodos, la finalidad era la misma. Se cambió el instrumental, se pasó del hacha o los objetos afilados a otros medios como las cámaras de gas o la silla eléctrica por ejemplo, sin embargo, la consideración hacia el ejecutor también cambió. Ahora no sufrirían del rechazo de antaño pero ¿por qué no?

Fuentes:

Administrador. John Ketch. En: Encyclopaedia Britannica [en línea]. [Consulta: 10 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://global.britannica.com/EBchecked/topic/315648/Jack-Ketch

CEBRIÁN, J. A. Pasajes del Terror: Verdugo John Ketch. En: Onda Cero [en línea]. [Consulta: 10 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://www.ondacero.es/audios-online/la-rosa-de-los-vientos/pasajesdelterror/pasajes-terror-verdugo-john-ketch_2010101100034.html

Bibliografía:

CEBRIÁN, J. A. Psicokillers: perfiles de los asesinos en serie más famosos de la historia. Nowtilus. Madrid.

ESLAVA, J. Verdugos y torturadores. Ediciones Temas de Hoy. Madrid. 1993.

PÉREZ FERNÁNDEZ, F. “La figura institucional del verdugo como espejo público (siglos XVIII-XX). El ejecutor de sentencias y sus variantes psicológicas”. En: Revista de Historia de la Psicología. Nº 43, 2013.

Documentales:

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s