Manuel Delgado Villegas: el Arropiero (1943-1998)

descarga (12)Manuel Delgado Villegas (Sevilla, 25-1-1943-Badalona, 2-2-1998), fue el mayor asesino en serie de la historia de España. Era huérfano de madre desde su nacimiento. Se crió con su abuela, puesto que su padre se dedicaba a vender dulces caseros fabricados con arrope (de ahí su mote: el Arropiero). Se cuenta que su niñez fue complicada, recibía constantes golpes por parte de sus familiares.

En 1961, a los 18 años, si incorporó a la Legión, donde aprendería a dar el golpe en el cuello que lo caracterizó en algunos de sus crímenes posteriores. Sufría ataques epilépticos, lo que motivó su salida de la Legión. A partir de ahí realizaría un recorrido, en el que normalmente se dedicaba a vagabundear, por España, Francia e Italia en el que cometería todo tipo de delitos, como robos o el ejercicio de la prostitución.

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Hay que tener en cuenta la personalidad del personaje. Padecía esquizofrenia, lo que sumado a su alcoholismo le hacía más violento y carente de empatía. Tenía una desviación genética que le provocaba un aumento brusco de testosterona, que le hacía mucho más violento. Sufría de epilepsia y un cierto grado de retraso mental.

images (4)Mataba de forma casual, nunca utilizó el mismo modus operandi, lo que dificultó las investigaciones de la policía. El mismo Arropiero llegó a auto inculparse de más de 40 crímenes, pero la policía solo pudo probar 8. El primero de ellos fue en enero de 1964 en Garraf (Cataluña), golpeó a un hombre en la cabeza con una piedra hasta matarlo para robarle. El segundo de los asesinatos que se le pudo probar es un caso más escabroso. Tuvo lugar en Ibiza. La víctima, la francesa Margaret Helene Boudrie fue hallada golpeada y con una puñalada en la espalda. Según la versión del autor del crimen, tuvo relaciones con la víctima una vez muerta y, después, le robó una cadena. Manuel también presentaba esa desviación mental, realizaba prácticas necrófilas en sus crímenes.

Otro caso sobrecogedor es el de Anastasia Barrella Moreno, de 68 años. El 23 de noviembre de 1969 salió de trabajar y se topó con el Arropiero que, según cuenta tenía ganas de una mujer. Le preguntó a la anciana si quería sexo con él. Al negarse la mató a golpes con un ladrillo y la escondió en un túnel donde practicó la necrofilia con el cadáver hasta que fue encontrado cuatro días más tarde por unos niños.

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Sería tras la desaparición de Antonia Rodríguez Riquelme cuando la policía comenzó a seguirle la pista hasta que fue detenido en enero de 1971 en el Puerto de Santa María. Con esta última víctima, que padecía de retraso mental, el Arropiero mantenía una relación sentimental. El día en que la mató la condujo en una moto hasta el campo donde, tras discutir con ella, la estranguló con unos leotardos mientras practicaba sexo con ella. Esta situación la repitió hasta que fue detenido por la policía.

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Una vez detenido se culpó de una cantidad tan grande de asesinatos que los investigadores no le creyeron, acotando sus posibles víctimas a un total de 22 de las que tan sólo pudieron probar 8. Durante dos años estuvo viajando con la policía para reconstruir sus crímenes hasta que el Juzgado de Madrid  ordenó que se detuvieran las investigaciones para que Manuel Delgado fuese internado en un hospital psiquiátrico de Carabanchel. Dado su penoso estado mental nunca fue juzgado por ninguno de sus crímenes al ser declarado faltó de responsabilidad penal dada su enfermedad psiquiátrica. En 1996 fue trasladado a Santa Coloma de Gramanet donde moriría dos años después por una enfermedad pulmonar agravada por su tabaquismo.

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Fuentes:

PIERA PELLICER, J.A.. Los crímenes del Arropiero. En: Lucía Botín [en línea]. [Consulta: 16 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://www.luciabotin.com/publicaciones/arropiero.pdf

Administrador. Manuel Delgado Villegas “el Arropiero”; biografía del mayor asesino en serie de la historia de España. En: biografías de asesinos [en línea].[Conulta: 16 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://biografiasdeasesinos.blogspot.com.es/2013/03/asesino-5-manuel-delgado-villegas-el.html

ALCAIDE, S. “El Arropiero”, el mayor asesino de España, murió tras 26 años en prisión sin ser juzgado. En: El País [en línea]. [Consulta: 16 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://elpais.com/diario/1998/04/08/espana/891986414_850215.html

DUVA, J. La Audiencia pretende juzgar ahora a “el Arropiero”, después de 21 años preso acusado de 22 asesinatos. En: El País [en línea]. [Consulta: 16 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://elpais.com/diario/1992/09/05/espana/715644006_850215.html

PÉREZ, D. <“El Arropiero” disfrutaba matando>. En: El Correo [en línea]. [Consulta: 16 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://www.elcorreo.com/vizcaya/20130602/mas-actualidad/sociedad/arropiero-disfrutaba-matando-201305282055.html

Documentales:

Películas:

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Arropiero, el vagabundo de la muerte (2008). Dirigida por Carles Balagué

 

 

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Jeffrey Dahmer: el carnicero de Milwaukee

MTE1ODA0OTcxNTk5NzU4ODYxJeffrey Dahmer, nacido en West Allis (Wisconsin), el 21 de mayo de 1960, fue un asesino en serie que conmovió a la sociedad norteamericana. Ha sido mucho lo que se ha publicado sobre este personaje, en forma de entrevistas o documentales.

       Al contrario que otros asesinos en serie que muestran trastornos del comportamiento, Dahmer creció en un ambiente estructurado, fue un niño querido, sin embargo desarrollo una personalidad extraña y un miedo al abandono que sería lo que marcaría su conducta asesina. Desde pequeño, según cuenta su padre en una entrevista, ya mostró interés por recoger animales y desmembrarlos para después blanquear sus huesos y coleccionarlos. En el instituto, todos tenían a Jeffrey como alguien extravagante y raro. Esto le granjeó las burlas de los demás, lo que sin duda contribuyó a reforzar esa sensación de abandono que mencioné antes. Algo que acentuó todavía más ese rechazo por parte de los demás fue el hecho de que desarrollara un temprano alcoholismo, acudía bebido a clase, que como él decía, era su medicina. Esto atenuaba su tendencia hacia la excentricidad. Sus padres se divorciarían antes de que el cumpliera los 18, hecho que agravó todavía más el miedo al abandono, cuestión que como veremos más adelante será fundamental para poder entender sus crímenes.

Su inclinación sexual también marcaría sus posteriores crímenes. Comenzó a masturbarse con pornografía homosexual u observando las entrañas de los animales que cazaba y desmembraba.

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Steven Hicks. Primera víctima de J. Dahmer

Sería pues, tras el divorcio de sus padres cuando llevaría a cabo su primer asesinato. Una de sus fantasías consistía en recoger a un autoestopista y poseerlo, acción que llevó a cabo en 1978. Su primera víctima sería Steven Hicks. Recogió al muchacho haciendo autoestop, lo llevo a su casa, donde estuvieron bebiendo cerveza. Una vez Steven decidió irse, Jeffrey no supo como retenerlo, por lo que optó por asestarle un golpe con una barra de pesas y posteriormente asfixiarlo con esa misma barra. Se masturbó una vez lo había asesinado. Al día siguiente fue a hacerse con un cuchillo de caza, desmembró el cuerpo, lo depositó en bolsas de plástico y salió para deshacerse de él. De camino se encontró con la policía, quien lo detuvo por conducir demasiado pegado a la izquierda. Tras hacer un primer análisis de alcoholemia que resultó negativo, observaron el maletero del vehículo y le preguntaron por las bolsas que portaba. Dahmer les dijo que se trataba de basura, los agentes lo creyeron pero, sin embargo, tuvo que regresar a su casa. Una vez allí guardó las bolsas en el sótano a excepción de la cabez, que la usó como imagen para masturbarse. Del cadáver de Steven Hinks se deshizo enterrándolo en un desagüe de su casa, donde lo mantuvo durante unos dos años y medio, hasta que volvió del ejército y troceó los huesos para esparcirlos por la maleza.

Tras este primer asesinato, la vida de Dahmer pareció reconducirse. Su padre lo convenció para que ingresara en la Universidad. Lo hizo en la Ohio State University, pero sus problemas con el alcohol le llevaron a tener que abandonar. Su padre volvería a insistir y logró convencerle de que se alistase en el ejército. Estivo destinado en Alemania, donde la preparación como médico de campo le sirvió para ampliar conocimientos sobre anatomía que le serían muy útiles en sus crímenes. De nuevo por problemas con el alcohol se vio obligado a licenciarse. Tras ello, pasó un tiempo en Florida antes de regresar a Ohio. Una vez allí, tras deshacerse de los huesos de su primera víctima intentó dar un cambio a la situación. Se fue a vivir con su abuela, donde parece que hizo un intento por reinsertarse, sin embargo pronto comenzó a tener esas extrañas fantasías sexuales. Escondió un maniquí en casa de su abuela con el que intensaba satisfacer sus necesidades sexuales, pero no era suficiente, acudía a saunas gays, pero tampoco encontraba lo que necesitaba, ya que eran ligues de una noche que sabía no iban a quedarse a su lado. En estos momentos realizó un acto conmovedor, se enteró del funeral de un chico de dieciocho años y, por la noche quiso ir a desenterrarlo. Por suerte, el suelo estaba demasiado congelado, por lo que Dahmer no pudo llevar a cabo su propósito.

Pasarían casi diez años para hasta que Jeffrey llevara a cabo otro asesinato. En septiembre de 1987 conocería Steven Toumi en un bar de ambiente. En este caso fueron juntos a una habitación de hotel. Jeffrey Dahmer asegura no recordar nada de lo que pasó, simplemente que al despertar se encontró con el cadáver del chico y signos de haber forcejeado. Ante tal situación, se decidió a comprar una maleta de gran tamaño donde meter el cadáver para transportarlo hasta el sótano de su abuela. Allí practicó la necrofilia con el cadáver antes de descuartizarlo para deshacerse de él, a excepción de la cabeza, que la hirvió para blanquearla y quedársela como trofeo.

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Fotografía realizada por J. Dahmer mientras realizaba sus procesos de descuartizamiento.

A partir de ese momento, entraría en una espiral de asesinatos a fin de satisfacer sus necesidades sexuales. Siempre usaba el mismo modus operandi con sus víctimas, primero les ofrecía dinero a cambio de sexo, una vez en su apartamento les administraba somníferos en la bebida para posteriormente estrangularlos. Desde el punto de vista de la criminología Dahmer mostraba características de asesino mixto, es decir, organizado (acechaba a sus víctimas, las engañaba, y eliminaba las pruebas) y desorganizado (practicaba necrofilia, comía carne, mutilaba a las víctimas, conservaba alguna de sus partes).

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Debido a su obsesión por el abandono, intentaba crear una especie de “zombies” a fin de tener a alguien sumiso bajo su total control. Para ello trepanó el cráneo de alguna de sus víctimas y vertía ácido o agua hirviendo. Fotograma del film Dahmer vs Ottis

En 1989 Dahmer fue procesado por intentar seducir a un menor de trece años, pero no cumplió más de 10 meses de prisión. Sin embargo antes de entrar convenció a Anthony Sears para ir a su apartamento para sacarle unas fotografías. Allí lo estranguló, practicó la necrofilia y lo descuartizó. Lo curioso es que en esta ocasión le pintó el cráneo con aerosol. Sería tras su paso por prisión cuando el ritmo en los asesinatos aumentó, doce fueron sus víctimas desde este momento hasta su detención en 1991. El 23 de julio de ese año, Tracy Edwards,  un joven maniatado consiguió alertar a la policía. Arguyó que un hombre le había amenazado con arrancarle el corazón y comérselo. En ese momento se llevó a cabo un registro de la casa, los policías no podían creer lo que allí les aguardaba. Encontraron corazones en la nevera, cabezas en el congelador, bidones con ácido con cuerpos en descomposición, así como un cadáver descompuesto en la cama.

Jeffrey Dahmer presentaba una personalidad que debió de forjarse a partir de las continuas humillaciones de los demás. Se sentía aislado, fuera de lugar en la mayoría de lugares. cuando comenzó a darse cuenta que era homosexual, para tuvo que ser un trauma el hecho de que fuera un tema tan tabú en Ohio, sin embargo, esta represión no debe de ser algo clave en sus asesinatos, como tampoco lo fue el tema de la separación de sus padres. Ya de joven, Dahmer tenía fantasías recurrentes imaginando a las víctimas inmóviles, por lo que es algo que desarrolló durante su madurez sexual. Aunque es algo que parece intentó reprimir, y que pensó que nunca llevaría a cabo, cada vez se dejó ir más lejos. Buscaba nuevas sensaciones masturbándose mientras frotaba las vísceras de las víctimas, se bañaba con los cadáveres, guardaba un cuerpo en su cama. Las fantasías de Dahmer no pudieron ser sofocadas con el maniquí. Es de destacar el tema del canibalismo, que si bien no es algo que practicó hasta el final, dan una nueva dimensión al personaje. También choca el hecho de que tuviera en mente crear una especie de zombis. Para ello trepanó el cráneo de las víctimas, inyectándoles ácido o agua hirviendo, no obteniendo los resultados esperados.

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Emperador Palpatine (Star Wars)

Dahmer tenía en mente, como así lo confesó en una entrevista, de crear una especie de “centro de poder”, a partir de dos esqueletos y varias calaveras. Todo organizado en torno a esa idea de poder absoluto que pretendía proyectar hacia sus víctimas. En ese contexto, simplemente como curiosidad, destacar que quería crear un ambiente similar al de Star Wars, ya que se sentía identificado con el emperador Palpatine en ese deseo de control total que proyectaba sobre sus víctimas.

Cuando la policía lo detuvo, el escenario que allí encontraron era macabro. Sin embargo esa situación podía haberse podido evitar si la policía hubiese actuado con más precisión en alguno de los casos en los que pudo ser pillada, como por ejemplo cuando ejecutó su primer asesinato y lo retuvieron por conducir demasiado a la izquierda, logrando convencer a los policías de que las bolsas que portaba eran de basura. En otra ocasión, un joven de catorce años llamado Konerak Synthasomphone (hermano de Keison Synthasomphone, cuya denuncia llevó a Dahmer a prisión por primera vez por intento de seducir a un menor) fue llevado al apartamento de Jeffrey donde, tras haberle drogado (procedimiento habitual) le trepanó el cráneo y le vertió ácido. En plena faena decidió ir a tomar una cerveza antes de que cerrara el bar pero cuando salió se encontró al joven laosiano desnudo en la hacer y rodeado por policía. El joven estaba aturdido y Dahmer consiguió convencer a la policía diciendo que se trataba de su amante, que estaba completamente borracho. Estos le ayudaron a subir al joven hasta su apartamento y, a pesar del hedor que desprendía el piso (de lo que si dejaron constancia) no registraron y dejaron el joven en manos de su asesino). En otra ocasión, una víctima llamó dando la dirección y diciendo el nombre de su asesino, pero no fue tenido en cuenta. Ante esto Dahmer se creía totalmente impune, debido a que, sin esconderse demasiado, había pasado desapercibido.

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Gracias a que a Dahmer le gustaba sacar fotografías de todo el proceso, hay un impactante archivo sobre el caso, ya que se contaron con 83 Polaroids sacadas por el mismo.

maxresdefaultEl carnicero de Milwaukee fue sentenciado a 900 años de cárcel por los  17 crímenes cometidos, pero no llegaría a cumplir más de tres desde su detención. El hecho de que un gran número de sus víctimas fuera gente de color, hizo que corrieran teorías sobre un supuesto racismo, algo que Dahmer siempre negó. Esto le llevó a granjearse la enemistad de grupos de negros en la cárcel. En una ocasión fue apuñalado por un grupo de presos negros, pero no sería hasta finales de noviembre de 1994 cuando un preso afroamericano puso fin a la vida de Dahmer de la misma manera con la que él mismo acabó con su primera víctima, golpeado por una barra de pesas.

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Jeffrey Dahmer nunca negó los hechos, se mostró arrepentido, pidió disculpas a la familia de sus víctimas y a la suya propia. Este personaje desmonta todas las teorías del psicoanálisis convencional, porque ningún hecho fue lo bastante dramático como para marcarle de por vida y empujarle a esa vida de asesinatos.

Tras su muerte, los padres biológicos entablaron una lucha en los tribunales por la posesión del cerebro de Jeffrey Dahmer. La madre quería venderlo a un hospital mental para que realizaran estudios sobre el cerebro de su hijo mientras que, su padre, lo que pretendía era enterrar el cerebro y ponerlo en algún lugar condenado al olvido.

Para conocer la historia de Dahmer es fundamental leer la entrevista que Robert K. Reesler, pionero en la psicología forense, le hizo en la cárcel. Esta entrevista nos permite conocer los detalles más escabrosos de las acciones llevadas a cabo por una de las mentes más perversas de la historia de los asesinos en serie.

Entrevista de Robert K. Ressler con Jeffrey Dahmer:

Retrocedamos a la época de Bath, cuando cometiste tu primer delito, y quitaste la vida a un ser humano. ¿Antes de eso…?
–No hubo nada.
¿Ninguna agresión, ni nada parecido?
–No. Violencia contra mí, sí. Fue a mí a quien atacaron, sin motivo.
¿Puedes describir brevemente lo que ocurrió?
–Había ido a visitar a un amigo y volvía de noche a casa; vi que se me acercaban tres chicos del instituto, estudiantes de último año. Uno de ellos sacó una porra y me golpeó en la nuca. Así, sin motivo. Eché a correr.
Hablemos un poco de la ruptura de tu familia. Es doloroso para mucha gente, para la gente que ha hecho lo mismo que tú, y puede convertirse en un elemento importante de su vida. Permíteme que te pregunte: ¿en algún momento sufriste alguna agresión sexual?
–No.
Entonces, ésta no fue la causa. He oído de tu interés por diseccionar animales y cosas por el estilo. ¿Cuándo empezó?
–A los quince o dieciséis años.
¿Empezó en la clase de biología?
–Sí. Nos hicieron diseccionar un lechón.
¿Cómo describirías tu fascinación por, bueno, por la desmembración (Dahmer se ríe) de animales?
–Pues… uno fue un perro grande que encontré en la carretera. Iba a separar la carne, blanquear los huesos, reconstruirlos y venderlo. Pero no llegué a hacerlo. No sé cómo empecé a meterme en esto; es una afición un poco rara.
Me parece recordar que pusiste la cabeza en un palo y lo dejaste detrás de tu casa.
–Fue una broma. Encontré al perro y lo rajé para ver cómo era por dentro. Después se me ocurrió que sería divertido clavar la cabeza en una estaca y dejarla en el bosque. Llevé a uno de mis amigos y le dije que me lo había encontrado entre los árboles.
¿Qué edad tenías entonces?
–Creo que dieciséis.
¿Qué año era?
–A finales de los setenta.
Estábamos ahora preparados para adentrarnos en el terreno de los asesinatos. Dahmer tiene una imagen fija en la cabeza, el momento de recoger a un hombre haciendo dedo, y cuando ésta se materializa en la vida real, se siente arrastrado por los acontecimientos y tiene que llegar hasta el final.
Tenías unos dieciocho años cuando cometiste el primer asesinato, ¿no es cierto?
–Antes llevaba un par de años teniendo la fantasía de encontrar a un hombre guapo haciendo dedo y (pausa dramática)… gozar sexualmente de él.
¿De dónde la sacaste: de una película, de un libro?
–No. Me vino de dentro.
De dentro.
–Ocurrió por casualidad una semana que no había nadie en casa. Mi madre estaba fuera con David, en un motel a unos ocho kilómetros; yo tenía el coche, eran más de las cinco de la mañana y regresaba a casa después de haber bebido. No buscaba a nadie, pero a un kilómetro de casa, lo vi. Hacía dedo. No llevaba camisa y era guapo. Me sentí atraído por él. Pasé por delante de él, frené y pensé: “¿Qué hago? ¿Lo hago subir o no?”. Le pregunté si quería fumar un porro y él respondió: “¡Estupendo!”. Fuimos a mi habitación, bebimos unas cervezas y en el rato que pasamos juntos vi que no era gay. No sabía cómo retenerlosi no era agarrando la barra de las pesas y golpeándolo en la cabeza. Luego lo estrangulé con la misma barra.
¿Tienes idea de dónde te vino esta fantasía de tomar a alguien por la fuerza? ¿También imaginabas quitar la vida a alguien?
–Sí, sí. Todo… todo giraba alrededor de tener un dominio absoluto. Por qué, o de dónde me vino esto, no lo sé.
¿Te sentías fuera de lugar en tus relaciones con la gente?
–En el pueblo donde vivía, la homosexualidad era el máximo tabú. Nunca se hablaba de eso. Yo sentía deseos de estar con alguien, pero nunca conocí a nadie que fuera gay, por lo menos que yo supiera; sexualmente era muy frustrante.
¿Y después de estrangularlo? ¿Hubo actividad sexual antes de eso?
–No. Yo estaba muy asustado por lo que había hecho. Anduve un rato de un lado para otro por la casa. Al final me masturbé.
¿Estabas excitado por lo ocurrido?
–Por tenerlo cautivo.
Bien. Estaba inconsciente, o muerto; no podía ir a ninguna parte. ¿Eso te excitaba?
–Exacto. Más tarde bajé el cadáver al sótano. Me quedo allí, pero no puedo dormir, vuelvo a subir a la casa. Al día siguiente tengo que pensar en una manera de deshacerme de las pruebas. Compro un cuchillo de caza. Por la noche vuelvo a bajar, le abro el vientre y me masturbo otra vez.
¿Te excitó sólo el físico?
–Los órganos internos.
¿Los órganos internos? ¿La acción de destriparlo?
–Sí, luego le corto un brazo. Luego todo el cuerpo en pedazos. Meto cada trozo en una bolsa y después todo en tres bolsas grandes de plástico para la basura. Pongo las bolsas en la parte trasera del coche y me voy a tirar los restos a un barranco, a quince kilómetros. Son las tres de la madrugada. Voy por una carretera secundaria desierta y, a mitad de camino, me para un policía, por ir demasiado a la izquierda. El agente pide refuerzos. Son dos. Me hacen la prueba de alcoholemia. La paso. Iluminan el asiento trasero con la linterna, ven las bolsas y me preguntan qué es. Les digo que basura, porque cerca de mi casa no hay ningún vertedero. Me creen a pesar del olor. Me ponen una multa por circular demasiado a la izquierda… y vuelvo a casa.
¿Y qué hiciste con las bolsas?
–Las volví a dejar en el sótano. Agarré la cabeza, la lavé, la puse en el suelo del cuarto de baño, me masturbé; luego volví a meter la cabeza con el resto de las bolsas, abajo. A la mañana siguiente… metí las bolsas en una tubería de desagüe enterrada que medía unos tres metros. Aplasté la entrada de la tubería hasta cerrarla y las dejé unos dos años y medio dentro.
¿Cuándo volviste a buscarlas?
–Después del ejército, después de trabajar un año en Miami. Abrí la tubería, agarré los huesos, los rompí en trozos pequeños y los esparcí por la maleza.
¿Por qué rompiste los huesos?
–Para acabar con todo. El colgante que él llevaba y las pulseras… los arrojé al río.
¿No conservaste nada de aquel episodio? –No. Quemé las ropas.
No quiero que me describas cada uno de los casos, pero me gustaría centrarme en algunos. ¿El siguiente homicidio cuándo ocurrió?
–En 1986. Invité a un chico que había conocido en un bar gay, detrás del Hotel Ambassador, a pasar una noche de sexo y emociones. Ya había empezado a dar píldoras a la gente.
¿Qué tipo de droga usabas?
–Píldoras para dormir.
¿Cómo te aficionaste a ellas?
–Llevaba un tiempo yendo al sauna y la mayoría de los que conocía allí quería sexo anal; a mí esto no me interesaba, prefería encontrar una manera de quedarme toda la noche con ellos sin necesidad de esto.
¿Qué efecto notabas en ellos?
–Quedaban inconscientes unas cuatro horas.
¿Cuál era tu plan?
–Tener control sobre los demás sin hacerles daño.
En aquella época, ¿tenías intenciones de llevarte a alguien a casa?
–No, en absoluto. Por eso empecé a utilizar el maniquí. ¿Sabía esto? Buscaba la manera de satisfacerme sin hacer daño a nadie.
¿Intentaste apartarte de todo esto?
–Sí. Durante dos años. Alrededor de 1983 empecé a frecuentar la iglesia con mi abuela. Quería enderezar mi vida. Iba a misa, leía la Biblia, intentaba apartar todo pensamiento relacionado con el sexo, y durante esos dos años salí adelante. Pero una noche, en la biblioteca local, leyendo un libro y pensando en mis cosas, se me acercó un chico, me tiró una nota en el regazo y se alejó apresuradamente. La nota decía: “Si bajas al lavabo de la planta baja, te la chupo”. Me lo tomé a broma y no le di más importancia. Pero unos dos meses después empecé otra vez, el impulso, la compulsión. Aumentó el deseo sexual. Volví a beber y a frecuentar los sex-shops. En aquel tiempo tenía controlado el deseo, pero quería encontrar la manera de saciarme sin hacer daño a nadie. Así que me hice socio del sauna, iba a bares gay e intentaba obtener satisfacción con el maniquí. Luego ocurrió el incidente del cementerio. Leí la esquela de un joven de dieciocho años y me presenté en el tanatorio. Vi el cadáver y era un hombre muy atractivo. Cuando lo hubieron enterrado, agarré una pala y una carretilla con la intención de llevarme el cadáver a casa. Alrededor de medianoche me dirigí al cementerio, pero el suelo estaba helado y tuve que abandonar mi propósito.
¿Descubriste que en los bares era fácil conseguir que alguien se fuera contigo? –Exacto. Era un muchacho muy guapo. Le invité a la habitación del hotel. Estuvimos bebiendo. Yo tomaba cola con ron de alta graduación. Le hice beber a él también y se quedó dormido. Yo seguí bebiendo y debí de quedarme en blanco, porque no recuerdo nada de lo que ocurrió hasta que me desperté por la mañana. El estaba tumbado de espaldas, con la cabeza colgando del borde de la cama; yo tenía los antebrazos llenos de contusiones y él algunas costillas rotas y otras lesiones. Al parecer, lo había golpeado hasta matarlo.
¿No tienes ningún recuerdo de haberlo hecho?
–No recuerdo haberlo hecho y no tenía ninguna intención de hacerlo.
¿Qué haces a continuación?
–Estaba horrorizado. Pero… tenía que hacer algo con el cadáver. Lo encerré en el armario, me fui al centro comercial y compré una valija grande con ruedas. Lo metí dentro. Reservé la habitación para otra noche. Me quedé ahí sentado, aterrorizado. La noche siguiente, a la una de la madrugada, abandoné el hotel, pedí al taxista que me ayudara a meter la valija en el portaequipajes, y me dirigí a casa de mi abuela. Escondí la valija en el sótano y lo dejé allí aproximadamente una semana.
¿Y no despedía ningún olor?
–No, porque hacía frío. Era la fiesta de Acción de Gracias y no podía hacer nada porque iban a venir unos familiares de visita.
¿Por qué no dejaste el cadáver en la habitación?
–Porque estaba a mi nombre.
Sigamos. Tienes el cadáver escondido allí abajo una semana.
–Mi abuela sale un par de horas para ir a la iglesia, y yo bajo a buscarlo. Agarro un cuchillo, le rajo el estómago, me masturbo, luego separo la carne y la meto en bolsas, cubro el esqueleto con una colcha y lo hago pedazos con una maza. Lo envuelvo todo y el lunes por la mañana lo echo a la basura. Excepto el cráneo. El cráneo me lo guardé.
¿Cuánto tiempo lo conservaste?
–Una semana. Lo metí en lejía concentrada para blanquearlo. Quedó limpio, pero demasiado frágil y lo tiré.
¿No te dio miedo tirar todo a la basura?
–No sabía qué otra cosa hacer.
¿Y tu abuela no se imaginó algo raro?
–Sólo se quejaba de algunos malos olores.
En cierto momento te fuiste de su casa.
–Pensé que, después de ocho años con ella, era hora de tener mi propia casa, donde no me viera tan restringido.
¿Y dónde estaba esa primera casa?
–En la calle Veinticuatro. Allí es donde saqué aquella foto (de la primera víctima laosiana). No quería hacerle ningún daño.
Era muy joven, ¿no? ¿Cuántos años tenía?
–Trece, catorce. Creí que era mayor. Ya sabe, un asiático puede tener veintiún años y seguir teniendo cara de niño.
Así es. ¿Qué te impulsó?
–Era un domingo por la mañana. Había salido a dar un paseo. Necesitaba actividad sexual. Lo vi, era muy atractivo. Le ofrecí cincuenta dólares por sacarle unas fotos. El aceptó. Le hice dos fotos, le di una bebida y creí que estaba inconsciente. Se escapó, y se presentó la policía.
Ahí te salió el tiro por la culata. La policía te detuvo.
–Mmm-hmm. El agente y yo volvimos al apartamento. Registraron la casa. No encontraron el cráneo que tenía en una cómoda del vestíbulo.
¿Cómo es posible que no lo vieran?
–Estaba debajo de la ropa. En Ohio se les pasaron por alto las bolsas de basura, y ahora no veían el cráneo.
Si lo hubieran encontrado, las cosas habrían cambiado considerablemente, ¿verdad?
–Sí. Y salir del hotel como lo hice. No era nada normal. Cuestión de suerte. En el diálogo siguiente, observarán que Dahmer interpreta mal lo que yo le digo. Yo digo que la voluntad de los homosexuales de relacionarse con desconocidos es una práctica peligrosa para ellos, pero él interpreta toda referencia al peligro como peligro para él, no para otros.
La mayor parte de tus víctimas las sacabas de bares o barrios gay. ¿Qué opinas de su disposición a relacionarse con desconocidos? ¿No crees que es peligroso?
–Sí, lo pensaba, pero la compulsión pasaba por encima de todo.
Según parece, habías elaborado un plan muy detallado para convencer a la gente de que fuera contigo. Estabas seguro de que siempre lo conseguirías.
–Sí.
Pero algunas veces no funcionaba.
–Algunas veces, muy pocas, estaba muy borracho, y me llevaba a alguien que no era tan atractivo como había creído, y por la mañana tenía resaca y se iba. Otras veces no quise matarlos, porque no quería estar con ellos. Esto me ocurrió tres o cuatro veces. Otras noches no quería estar con nadie y volvía a casa a ver un video o leer.
No tenías muchas cintas de video.
–A medida que pasaban los años, fui dejando de lado los videos y las revistas que no me atraían. Aparte de las películas porno, las del Jedi (trilogía de La guerra de las galaxias), el personaje del Emperador, con su control absoluto, encajaba perfectamente en mis fantasías. Supongo que a mucha gente le gustaría tener el control total, es una fantasía muy común.
Esta idea de dominación y control, ¿consideras que fue en aumento desde la segunda víctima hasta la última?
–Mmm-hmm.
Y empezaste a perfeccionar tu técnica de llevarte chicos a casa.
–Se convirtió en el impulso y el foco de mi vida, lo único que me daba satisfacción.
Tuviste algo con las ciencias ocultas. ¿Era un intento de conseguir más poder?
–Sí, pero no fue nada serio. Hice algunos dibujos. Iba a librerías especializadas en ciencias ocultas y compraba material, pero nunca hice ningún ritual con las víctimas. Probablemente lo habría hecho seis meses más tarde, si no me hubieran detenido.
Tengo una copia de un dibujo tuyo. Es toda una fantasía, ¿eh?
–Habría sido una realidad, con seis meses más.
Dahmer quería construir lo que él unas veces llamaba “centro de poder” y otras “templo”, formado por una larga mesa en la que colocaría seis calaveras. Dos esqueletos completos la flanquearían, uno a cada extremo, suspendidos del techo. Una gran lámpara se erguiría en el centro de la mesa y extendería seis globos de luz sobre las calaveras. El propósito de Dahmer era crear un entorno desde donde conectar con otro nivel de percepción o del ser, a fin de conseguir el éxito en el amor y las finanzas.
¿Pensabas comprar todo ese equipo?
–Sí. Ya tenía las lámparas y los esqueletos.
¿Alguna vez creíste…?
–Nunca estuve seguro, pero…
¿Qué había detrás del hecho de que conservaras los esqueletos, los cráneos, el pelo, las partes del cuerpo….
–Conservar los cráneos era una manera de sentir que había sido un desperdicio total matarlos. Los esqueletos iba a utilizarlos para el templo, pero ésta no fue la motivación para matarlos; se me ocurrió después.
Parece que tolerabas mal que la gente se marchara.
–Eran levantes de una noche. Siempre me dejaban claro que tenían que volver al trabajo. Y yo no quería que se fueran.
¿Crees que era realista? ¿No pensaste nunca en establecer una relación permanente?
–No podía. Cuando fui a vivir al apartamento, ya estaba hasta el cuello en cierta manera de hacer las cosas. Además, nunca conocí a nadie que me inspirara la confianza para mantener ese tipo de relación.
Entonces, ¿lo habrías preferido pero era imposible encontrar?
–No me quedaba tiempo para andar buscando. Trabajaba seis días a la semana, tenía limitaciones de tiempo, y quería soluciones inmediatas.
Con el primer muchacho, al que intentaste convertir en zombi, no te salió bien. ¿Volviste a intentarlo?
–Lo intenté otra vez, doblé la dosis y el resultado fue fatal. Esta vez no hubo estrangulamiento. Luego intenté inyectar agua hirviendo. Más tarde se despertó. Estaba muy aturdido. Le di más píldoras y volvió a dormirse. Esto fue la noche siguiente. De día lo dejaba allí.
¿Le habías atado?
–No. Estaba siempre acostado. Aquella noche murió.
¿Y qué me dices de (otra víctima)?
–Le puse la primera inyección cuando estaba drogado, me fui por una cerveza y cuando regresé…
¿Eso fue antes o después de que viniera la policía?
–Antes. La primera inyección fue antes. Salió del apartamento. Me lo volvieron a traer, creyendo que estaba borracho. Le puse la segunda inyección, y eso fue fatal.
¿Fue inmediato o…?
–Inmediato. Era el hermano del que había fotografiado. Fui a dar una vuelta al centro comercial y me topé con él. No lo conocía. ¿Cuántas posibilidades había de que ocurriera algo así? Astronómicas.
¿Hasta donde perforaste?
–Sólo hasta el hueso. Lo inyecté. Estaba dormido y salí a tomar una cerveza rápida al bar de enfrente antes de que cerrasen. Cuando volvía, le vi sentado en la acera y alguien había llamado a la policía. Tuve que pensar deprisa: les dije que era un amigo mío que se había emborrachado y me creyeron. En mitad de un callejón oscuro, a las dos de la madrugada, con la policía a un lado y los bomberos al otro. No podía ir a ninguna parte. Me pidieron el carnet de identidad y se los enseñé. Trataron de hablar con él y les respondió en su lengua. No había rastros de sangre; le examinaron y se creyeron que estaba completamente borracho. Me dijeron que me lo llevara adentro; él no quería entrar, pero entre dos agentes lo subieron al apartamento.
¿Lo examinaron?
–No. Lo tumbaron en el sofá y echaron un vistazo al apartamento. No entraron en mi dormitorio. Si lo hubieran hecho, habrían visto el cadáver (de una víctima anterior) que aún estaba allí. Vieron las dos fotos que le había sacado antes al muchacho, que estaban encima de la mesa del comedor. Un agente le dijo al otro: “¿Lo ves? Ha dicho la verdad”. Y se marcharon.
¿De dónde has sacado esta tranquilidad? En situaciones así, la gente se pone a temblar.
–La primera vez que vinieron, temblaba… Bueno, no lo sé. No sé de dónde he sacado esta tranquilidad. ¡No lo sé!

Muchos asesinos en serie conservan trofeos o recuerdos de sus víctimas. Dahmer había llevado esta tendencia mucho más allá. De las paredes de su apartamento colgaban numerosas fotos de esbeltos modelos masculinos. Le pregunté si las poses de las víctimas en sus fotos imitaban esas otras.
–Era para dar más realce a su físico.
¿Qué significado tenía esto para ti?
–Era una manera de ejercer el control, de que tuvieran el aspecto que yo deseaba.
Era importante conservar las fotos.
–Las utilizaba para masturbarme.
Tenías montones. ¿Y no las escondías?
–Antes sí, pero en la época de la detención me estaba volviendo muy descuidado.
Volviendo al muchacho del apartamento: ¿cuánto esperaste para descuartizarlo y deshacerte del cadáver?
–Hasta el día siguiente.
¿Cuánto tardaste?
–Unas dos horas.
¿Tan sólo?
–Tenía mucha práctica. Es un trabajo sucio. Trabajaba deprisa.
¿Siempre en la bañera?
–Sí.
Y te deshiciste de él. ¿Arrojaste mucho por el inodoro? ¿No se atascaba?
–No, jamás se me atascó.

Pregunté a Dahmer si había leído algo de otros asesinos en serie como Gacy y me respondió que, cuando había oído hablar de éste por primera vez, él ya había matado a varias personas. No puedo asegurar si mentía o no, porque es frecuente que los asesinos lean sobre los crímenes de otros asesinos, y, aparte de la satisfacción que les produce ver que actúan de la misma manera, a veces aprenden sus técnicas.
¿Torturaste a alguno de esos muchachos?
–Jamás. Jamás.
¿Se trataba siempre de anular su conciencia con las drogas y con la muerte?
–Quería que fuese lo menos doloroso posible.
¿Cuándo tenía lugar la actividad sexual?
–Después de drogarlos.
¿Crees que era realista mantenerlos en aquel estado?
–Drogados no. Por eso empecé con las trepanaciones. Drogarlos no funcionaba.
Tenías reparos en hacerles daño. Cuando estaban conscientes y les hacías daño, ¿te preocupaba?
–Por eso no pude seguir con (nombre de la víctima). Y acabó llamando a la policía. Pero no le creyeron. Estaba a tres kilómetros de mi casa y me lo traje otra vez. Tenía el cuchillo, pero fui incapaz de utilizarlo.
¿Alguna vez los mordiste?
–Sí, sí. Al primero. Cuando ya estaba muerto le mordí el cuello.
¿Y qué había detrás de eso, cuál era la motivación?
–La sensación de que pasaban a formar parte de mí.
¿Con cuál de las víctimas empezaste a comerlas?
–Con M. Fue después (del laosiano). Creo que el tercero del apartamento.
Más o menos el número siete.
–Supongo.
¿Cómo ocurrió?
–Mientras lo desmembraba. Guardé el corazón. Y los bíceps. Los corté en pedazos pequeños, los lavé, los metí en bolsas de plástico herméticas y las guardé en el congelador; buscaba algo más, algo nuevo para satisfacerme. Después los cociné, y me masturbé mirando la foto.
¿Nunca sentiste inclinación por los niños? ¿Cuáles eran tus preferencias?
–Los hombres hechos y derechos.
¿De tu misma edad?
–Mmm-hmm.
Blancos, negros y morenos.
–Esta es la cosa. Todo el mundo cree que era una cuestión racial, pero eran diferentes. El primero era blanco, el segundo era un indio norteamericano, el tercero era hispano y el cuarto era mulato. El único motivo de que levantara hombres negros era que en los bares gay eran mayoría.
Entonces era una cuestión de zona.
–Sí. Espero que haya quedado claro.
¿Te han acosado los negros en la cárcel por este motivo?
–Sí. Creen que… se trata de algo racial.

La vez que Dahmer abrió un armario y el administrador olió el contenido de un barril de plástico con capacidad para más de cien litros, lleno de la solución de ácido que utilizaba para disolver los huesos, el administrador a punto estuvo de desvanecerse. El le explicó que allí vertía el agua sucia de la pecera y el hombre se lo creyó.
¿De la pecera? ¿Era una excusa creíble?
–Yo creo que no. Pero, según parece, se la tragó.
Poco después, tiró el barril con su contenido y se agenció un enorme bidón azul de petróleo.
¿Qué había dentro?
–Los torsos sin cabeza.
Ese bidón azul, ¿era para guardarlos y procesarlos más tarde?
–Era para el ácido. Para tratar los torsos.
¿Cuál era el propósito de las lámparas?
–Eran globos azules. Apagaba la luz de arriba y conseguía dar una atmósfera misteriosa y oscura al escenario. Efectos especiales.
¡Vaya escena!
–Como en las películas del Jedi.
¿Y por qué barnizar los cráneos?
–Para darles un aspecto más uniforme. Después de unas semanas, algunos no estaban tan blancos como los otros y tenían un aspecto artificial, como fabricados para un anuncio.
He visto fotos y es verdad, casi parecía una campaña comercial. ¿Los sacaste alguna vez?
–Hace mucho tiempo. Una vez me llevé a casa a un muchacho de Chicago. Los vio y creyó que eran comprados.
Algunos cadáveres tenían las plantas de los pies rebanadas. ¿Por qué?
–Eso era simplemente para que el ácido tuviera una mayor superficie para desintegrar la carne. La piel de la planta de los pies normalmente es muy gruesa.
Seguimos hablando de dos casos que no terminaron en homicidio. En el primero, un hombre joven había sobrevivido a “la bebida” en casa de la abuela y Dahmer le permitió marcharse, pero más tarde el muchacho tuvo que ser hospitalizado y denunció el incidente a la policía, que no hizo un seguimiento muy bueno del asunto. A continuación sigue la narración, palabra por palabra, del segundo caso.
¿Qué pasó con aquel muchacho que golpeaste con un martillo?
–Se marchó furioso, diciendo que iba a llamar a la policía. Quince minutos más tarde, regresó. Llamó a la puerta y le dejé entrar. Dijo que necesitaba dinero para el teléfono, o el taxi, o no sé qué. Me pareció increíble que volviera. ¿Puede creérselo?
¿En lugar de ir a la policía?
–Tenía miedo de dejarlo ir otra vez; forcejeamos unos cinco minutos. Los dos estábamos agotados. Estuvimos en el dormitorio hasta las siete de la mañana. Lo calmé; me prometió que no llamaría a la policía. Fuimos a la esquina, paré un taxi y ésa fue la última vez que lo vi.
Es raro que no presentara una denuncia.
–Lo hizo, pero contó una historia absurda de que yo le había pegado y no le creyeron.
Beber más de la cuenta ha sido un problema constante en tu vida, ¿verdad?
–Sí. Era mi manera de sobrellevar la vida familiar. El divorcio. Y los golpes. Bebía para borrar la memoria. Durante un tiempo funcionó.
¿Puede decirse que te mantenías en un estado de semi..?
–En un estado de borrachera.
¿Lo sentías como una necesidad?
–Así parecía todo más fácil.
¿Te producía placer el acto de cortar en sí?
–Al principio sí. Luego pasó a ser una rutina.
¿Y el sexo después de la muerte?
–Placentero.
¿Y con los restos?
–No era tan placentero como cuando los tenía enteros.
¿Has sabido siempre que lo que hacías estaba mal?
–Sí, sí.
¿En algún momento llegaste a decirte: “Esto es una locura”?
–Sí. Cuando empecé con lo del taladro. Fue en el número doce, o por ahí.
¿Eras consciente de que…?
–De que aquello ya era demasiado.
¿Te dijiste: “No volveré a hacerlo”?
–No. Quería conseguir la técnica del zombi.
¿Por qué crees que la dominación, el control, el poder sobre los demás era tan importante? Para la gente corriente, son factores importantes, pero no hasta el extremo que los llevaste.
–Si hubiera tenido intereses y aficiones normales, como el deporte, no habrían sido tan importantes. ¿Por qué lo eran? No lo sé. (Larga pausa). Supongo que me hacían la vida más atractiva, o más plena.
De acuerdo. Pero se trataba de un poder y un control… fuera de control. ¿Entiendes lo que quiero decir?
–Ahora sí.
Cuando empezaste con lo del taladro, ¿tuviste la sensación de que iban a agarrarte?
–No. Creía que podía evitar que me descubrieran. Fue después de perder el trabajo cuando se me empezó a desmoronar todo.
¿Fue poco antes de que te detuvieran?
–Tal vez un mes.
¿Por qué perdiste el empleo?
–Porque llamé una noche, cuando estaba con el levantador de pesas negro. Creía que aún me quedaba un día de baja por enfermedad, pero no. Decidí pasar la noche con él, porque pensaba que al día siguiente aún tendría el trabajo. Fue por eso.
¿Y lo de las lentes de contacto amarillas?
–Los dos protagonistas de estas películas (El retorno del Jedi y El Exorcista III) llevaban unas lentes en los ojos que emanaban poder. Formaba parte de mi fantasía.

Seguí con la lista entera de crímenes para descubrir algún indicio de su estado mental en la época de cada uno de ellos. Para mí, el acontecimiento clave era lo que había ocurrido en el Hotel Ambassador en 1986. Me interesé por cómo era su vida en aquella época.
–Por aquel entonces había dejado de intentar resistirme a los deseos, pero, cuando conocía a alguien, iba a su casa y me limitaba a pasar una noche de sexo con ellos. La violencia no entraba en mis planes.
Pero esta vez te despiertas y el chico está muerto. Desde entonces hasta enero de 1988 pasan dos años, pero desde enero de 1988 hasta marzo de 1988 pasan sólo dos meses. Lo que ocurrió en el Ambassador, ¿te pareció agradable…?
–No.
…¿o terrible?
–Terrible.
¿Por qué?
–No lo había planeado. Para mí fue una sorpresa encontrarme con lo ocurrido.
Y que él te acompañara a casa de tu abuela, ¿qué fue? ¿Un cúmulo de circunstancias?
–Sí. Nos desnudamos. Estuvimos en la cama, acariciándonos. Nos masturbamos. Y… lo encontré tan atractivo que quise conservarlo.
Las siguientes preguntas tenían por objeto discernir qué crimen en concreto había sido planeado y cuál espontáneo. Revisamos todos los casos en una secuencia temporal. El siguiente había sido en marzo de 1988.
¿Dónde lo encontraste?
–Yendo de copas. Llevaba toda la noche bebiendo y ya me iba a casa. Cuando salí, lo vi y le hice el ofrecimiento.
¿Y otra vez a casa de la abuela, las drogas y todo lo demás?
–Mmm-hmm, el mismo plan.
¿En aquel momento sabías…?
–En aquel momento… sí, sin duda. El plan… Mmm-hmm.
Después pasa un año. Estamos en marzo de 1989. Aquella vez, cuando saliste de casa, ¿ibas en busca de alguien? ¿Planeabas hacerlo?
–Sí, sí. Buscaba a alguien para llevarme.
El siguiente crimen se produjo catorce o quince meses más tarde. “¿Cuáles habían sido las circunstancias?”, pregunté.
–Lo encontré delante de un bar. Se dedicaba a la prostitución y era muy guapo. Le ofrecí dinero, fuimos a casa, y… el mismo plan.
Cuando fuiste a Chicago, ¿habías quedado con alguien?
–Sí.
¿Pensabas que la cita podía terminar en homicidio?
–Sí, probablemente.
Le pregunté a Dahmer si, en medio de una serie de crímenes, antes de salir a la caza fantaseaba sobre lo que ocurriría.
–Sólo mirando fotos de víctimas anteriores. Videos, películas pornográficas, revistas. No tenía fantasías elaboradas antes de salir.
Entonces, te valías de las fotos y la pornografía para llenar los huecos entre…
–Exacto.
…entre sucesos.
–Sí.
Le pregunté de nuevo por sus preferencias sexuales, qué tipo de persona habría deseado como compañero sexual.
–Me habría gustado tener un hombre blanco bien desarrollado y complaciente. Habría preferido tenerlo vivo y que estuviera siempre a mi lado.
¿Que saliera a trabajar y que llevara una vida normal, o que sólo estuviera contigo?
–Que sólo estuviera conmigo.
Menos preferible, pero aún deseable, dijo Dahmer en respuesta a otras preguntas, habría sido dejar a alguien en “estado zombie”. Bajando la escala, dijo que habría preferido “lo que he estado haciendo”, es decir, ligar con hombres en los bares y llevárselos a casa para matarlos. Bajando más aún en la escala de las preferencias, sin embargo, dijo: “Nada”. Ni sexo homosexual normal ni sexo heterosexual normal, ninguna pareja. O, en todo caso, la pornografía.
¿Y después?
–Celibato, sin ninguna actividad sexual. Éste era el estado que intentaba alcanzar los dos años en que fui a la iglesia.
¿Intentabas alcanzar ese estado porque sabías que así no te meterías en líos?
–En efecto, en efecto.
En la época en que cometiste los crímenes, ¿creías que tenías derecho a hacer lo que hacías?
–Siempre intentaba no llegar a conocer demasiado bien a la persona. Así se parecían más a un objeto inanimado. Pero siempre supe que no estaba bien. Tenía de culpa.
¿Alguna vez pensaste que el otro había hecho algo mal y que tú tenías justificación para…?
–No. Esto es lo que creía Palermo, el psicólogo forense. Que lo hacía para librar el mundo de malvados. Y no lo hacía por eso.

Fuentes:

Administrador. Jeffrey Dahmer, el caníbal de Millwaukee. En: Estudio Criminal [en línea]. [Consulta: 8 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://www.estudiocriminal.eu/media/Jeffrey%20Dahmer.doc.pdf

MONTAGUT, A. El “carnicero de Millwaukee” descuartizó y devoró a sus víctimas, según su abogado. En: El País [en línea]. [Consulta: 8 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://elpais.com/diario/1992/01/31/sociedad/696812401_850215.html

Administrador. Jeffrey Dahmer. En: murderpedia [en línea]. [Consulta: 8 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://murderpedia.org/male.D/images/dahmer-jeffrey/docs/jeffrey-dahmer-info.pdf

Administrador. Jeffrey Dahmer Biography. En: Biography [en línea]. [Consulta: 8 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://www.biography.com/people/jeffrey-dahmer-9264755

Bibliografía:

BACKDERF, D. Mi amigo Dahmer. Astiberri Ediciones.

RESSLER, R. K. Dentro del mostruo: un intento de comprender a los asesinos en serie. Alba Editorial, 2010.

SCHWARTZ, A. E. El hombre que no mató lo suficiente: los macabros secretos del “Carnicero de Millwaukee”

Películas:

The Jeffrey Dahmer Files

The Jeffrey Dahmer Files (2012). Documental dirigido por Chris James Thompson

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Dahmer, el caníbal (2002). Dirigida por David Jacobson

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American Psycho (2000). Dirigida por Mary Harron

 

Enlaces:

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Tatuaje con el rostro de Jeffrey Dahmer, reflejo de hasta donde puede llegar la imagen de un asesino en la cultura popular.

JOEL RIFKIN (1959- )

Nacido el 20 de enero de 1959 de una pareja de adolescentes y adoptado con tres semanas de edad por Bernard y Jeanne Rifkin, Joel Rifkin está considerado el peor asesino en serie de la historia de Nueva York. Tres años después de ser adoptado sus padres dieron la bienvenida a una hija, también adoptada. Y con la que Joel estaba muy unido. Joel estaba especialmente unido a su madre, con la que compartía su pasión por la fotografía y la artesanía. Pero nunca tuvo amigos y fue objeto de burlas en el colegio. El instituto no le fue mejor, y por mucho esfuerzo que pusiera no era un buen estudiante; y la realidad es que era realmente inteligente, pero era disléxico. Tras graduarse en el ´77 Rifkin pasó 12 años con trabajos intermitentes, sin conservar ninguno mucho tiempo y mantuvo una relación con una joven depresiva, algo que no le ayudaba a su personalidad solitaria.

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En 1987 Joel recibe un golpe que cambiaría su vida, su padre, Bernard Rifkin, se suicidó por su incapacidad para soportar el dolor de un cáncer y un enfisema. A raíz de esto Joel empieza a trastornarse y caer en profundas depresiones, y comienza a relacionarse con prostitutas. Y a esto le sumamos su creciente obsesión por las noticias sobre violencia, prostitutas y asesinos en serie, a los que empieza a considerar “héroes”. En 1989 se cruza en su camino, Susie, una prostituta drogadicta con la que acabara pelando y finalmente la asesinara estrangulándola en su casa. Tras matarla, Joel lo limpia todo y la mete en su cama, para después dormir junto a ella. Tras despertar la llevó al sótano, donde la descuartizó. La cabeza de Susie acabará en un frasco de pintura y el resto del cuerpo descuartizado, en bolsas de basura. Además de esto le arranca los dientes y las yemas de los dedos, todo para evitar su posterior identificación. Después de esto Joel recorre las calles de Manhattan con el coche de su madre, arrojando las bolsas con las partes descuartizadas de Susie. Años después el frasco de pintura con la cabeza de Susie fue localizado en un campo de golf, pero no pudo ser identificada hasta que el propio Rifkin confeso su asesinato en 1993, asustado tras enterarse de que Susie era portadora del VIH.

En 1990 Rifkin llevó a una segunda prostituta, Julia, a su casa. Esa noche mantiene relaciones sexuales con ella, para después asesinarla, violar su cadáver y descuartizarla, como ya hizo con Susie. En esta ocasión metió los trozos en cajas recubiertas de cemento, y volvió a arrojarlo en la ciudad. Un año después la víctima es Barbara Jacobs. A la que estrangula y cuyo cuerpo mete en una bolsa para posteriormente doblarlo y meterlo en una caja de cartón.

Un día después el cuerpo es encontrado en el rio Hudson por unos bomberos de prácticas. Y apenas dos meses después, el 1 de septiembre de 1991 Joel asesina a Mary Ellen De Luca, otra prostituta drogadicta. Esta última es la que más desconcertó al propio Fifkin, ya que en una entrevista en prisión declaro que le pregunto a Mary Ellen si deseaba morir y esta le contesto que sí, y es más, no opuso resistencia cuando la estrangulo. Su cuerpo fue encontrado un mes después, pero no fue identificada hasta la confesión de Rifkin en 1993. El 26 de diciembre de ese mismo año la prostituta y drogadicta, Lorraine Orvieto, fue la siguiente victima; y fue encontrada en julio del año siguiente.

La mecánica de Fifkin no se limitaba solo a la estrangulación, hay víctimas, como Jane Doe y Maryann Holloman, que fueron golpeadas hasta morir. Y normalmente las descuartizaba y las tiraba por la ciudad o al rio, pero está el caso de Iris Sánchez, a la que ocultó bajo un colchón.

La lista de víctimas continúo con Anna López en mayo del ´92 y Jenny Soto en noviembre de ese mismo año. Pero esta última consiguió herirlo en la cara. Tras lo que Rifkin se tomó un descanso de 15 semanas para recuperarse y replantearse su método de asesinato, ya que corría muchos riesgos. Regresó a la actividad con el asesinato de Leah Evens el 27 de febrero de 1993, a la que entierra de forma deficiente en Northampton. Donde fue encontrada en mayo de ese mismo año. La forma de enterrarla era tan apresurada que una mano de la víctima se veía sobresalir de la tierra.

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Finalmente Joel Rofkin es detenido el 28 de junio del ´93. Y todo gracias al exceso de velocidad con la que conducía de madrugada. Cuando los agentes que le dieron el alto se acercaron al vehículo de Rifkin observaron un bulto envuelto en platico y atado con cuerdas; se trataba de Tiffani Bresciani, una prostituta de 22 años. Ese mismo día Rifkin confiesa la autoría de 17 asesinatos y lo confeso todo sin remordimientos, explicando con todo detalle los nombres, localizaciones y formas en que mato a todas sus víctimas.

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Tras esto su madre dio autorización para que la policía registrara su habitación, donde se localizaron varias docenas de carnets de conducir, fotos, joyas, maquillaje y ropa femenina. En el garaje se encontraron diversas bragas manchadas de sangre y una sierra con restos humanos.

Ya en prisión el propio Rifkin le conto a su psiquiatra que tenía visiones en las que moría a los 64 años, como su padre y que la razón por la que mataba a prostitutas era para enviarlas al más allá para que su padre no se sintiera solo. Finalmente fue condenado a 203 años de prisión, condena que continua cumpliendo en una prisión aislada, en las montañas del estado de Nueva York.

Documental:

Serial Killer – Joel Rifkin- Documentary/Interview with FBI Profiler Mark Safarik. Youtube. [Consulta: 11 de diciembre de 2014] Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=wl_rS_YxoI8

Fuentes:

Escalofrío. Administrador. [Consulta: 11 de diciembre de 2014] Disponible en: http://www.escalofrio.com/n/Asesinos/Joel_Rifkin/Joel_Rifkin.php

Pasarmiedo.com. B. Pesce de Asesinos Seriales, Las Crónicas del horror, editorial circulo latino. [Consulta: 11 de diciembre de 2014] Disponible en: http://www.pasarmiedo.com/joel_rifkin.php

Matando que es gerundio. Juliki, 2009. [Consulta: 11 de diciembre de 2014] Disponible en: https://matase.wordpress.com/2009/10/29/joel-rifkin/

Klownsasesinos.com. Penelope Callau, 2010. [Consulta: 11 de diciembre de 2014] Disponible en: http://www.klownsasesinos.com/joel-david-rifkin-1959-i/

JOSEPH VACHER (1869-1898)

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Conocido como el Destripador de Francia, el sobrenombre lo dice todo sobre esta “joya”. Este asesino en serie hizo temblar de pavor a la Francia del siglo XIX. Y su aspecto físico no ayudaba, pues tenía el rostro desfigurado debido a un intento de suicidio y siempre llevaba un sombrero de piel de conejo. Vacher nació el 16 de noviembre de 1869 en Bourg-en-Bresse, Beaufort, Francia.  Era el menor de 15 hermanos; su familia era granjera y tenían la costumbre de enviar a sus hijos a estudiar a una estricta escuela católica. Desde muy temprana edad dio muestras de inestabilidad mental, y pasaba la niñez torturando a los animales y maltratando físicamente a las jóvenes con las que mantenía relaciones sexuales.

A la edad de 19 años fue arrestado por el intento de violación de un niño. Esto, sumado a la precaria situación familiar le empujó a alistarse al ejército. Donde no progreso y sufrió un ataque depresivo que lo llevo a su primer intento de suicidio cortándose la garganta. Apenas 4 años después, y mientras aun servía en el ejército, se enamoró de una joven sirvienta e intento conquistarla, pero finalmente fue rechazado. Sin embargo Vacher insistió en sus atenciones y tras acabar su servicio militar le propuso matrimonio, para finalmente ser rechazado de nuevo. Ante este rechazo Vacher reacciono disparándole a la joven 4 veces, pero por suerte ninguno de estos disparos fue mortal. Tras este incidente Vacher intentó suicidarse de nuevo, esta vez disparándose dos veces en la cabeza. Una de las balas se incrusto en su cráneo para el resto de su vida y tuvo como consecuencia la paralización de los músculos de la parte derecha de su cara, incluyendo su ojo. Estos acontecimientos desembocaron en su ingreso en la institución mental de Dole, en Jura.

Pero este no fue el fin de su historia, a los pocos días de su ingreso Vacher consiguió escapar para acabar siendo capturado de nuevo tras el descubrimiento del cuerpo de un joven de 17 años, apuñalado y con el vientre abierto. Vacher se declaró culpable de este crimen y acabo de nuevo ingresado en el sanatorio, hasta que fue dado de alta en abril de 1894. Cuando Vacher fue liberado tan solo tenía 24 años y paso otros 4 años más vagando por el sur de Francia como un vagabundo, tocando un acordeón y trabajando cuando se le presentaba la oportunidad.

Fue liberado de la institución mental al ser considerado curado, pero esto estaba lejos de ser verdad. En el transcurso de esos cuatro años de vagar por Francia cometió numerosos y dantescos crímenes. Se tiene constancia de que descuartizó a 6 mujeres y 5 adolescentes (a menudo pastoras que se encontraban aisladas en los campos); y que después de que las asesinará, violara sus cadáveres, para después mutilar sus órganos sexuales. Pero sus crímenes no se quedaban en la necrofilia y la descuartización, sino que también se comía sus vísceras, los sodomizaba, los destripaba, les sacaba los ojos y se bebía su sangre.

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Finalmente fue capturado el 4 de agosto de 1897, cuando atacó a una mujer de Ardèche que se resistió. Los gritos pidiendo ayuda de la mujer alertaron al esposo y al hijo de esta. Vacher fue llevado a las autoridades tras ser reducido, pero la policía no tenía pruebas de que fuera responsable de los asesinatos, y solo podían acusarlo del asalto a la mujer. Por lo que fue sentenciado a apenas 3 meses de prisión.

En este tiempo de detención Vacher fue investigado y examinado por un eminente profesor en psiquiatría, que declaro que Vacher estaba completamente cuerdo y era consciente de sus actos. Y que además Vacher había confesado con todo tipo de detalle los crímenes cometidos por el asesino tan buscado. Además, entre los objetos que Vacher llevaba encima en el momento de su detención encontraron la navaja con la que apuñalaba a sus víctimas. Durante el juicio se descubrió que a las victimas anteriormente comentadas se les tenía que sumar el asesinato de un pastor, una anciana, 5 pastoras y 5 adolescentes más. Las hipótesis giraban a que las victimas podrían haber alcanzado la treintena.

Curiosos son dos hechos que sucedieron durante el juicio; Vaucher grito diversas frases religiosas entre las que se encontraba: “¡Gloria a Jesús!, larga vida para Juana de Arco”. El segundo hecho curioso es una carta del propio Vacher dirigida al juez en la que confesaba los asesinatos, pero cometidos en momentos de rabia y todo debido a una demencia provocada por la mordedura de un perro con la rabia.

Joseph Vacher fue sentenciado a muerte a finales de octubre de 1898 y el último día del mes fue arrastrado hasta el cadalso, donde fue guillotinado.

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Documental:

Joseph Vacher, le 1º tueur en série français [ENTIER] [Consulta: 11 de diciembre de 2014] Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=Ss91KH5Cb7A

Fuentes:

El telégrafo. Administrador, 2014 [Consulta: 11 de diciembre de 2014] Disponible en:

http://www.telegrafo.com.ec/justicia/item/joseph-vacher-habria-mutilado-y-abusado-de-unas-30-personas.html

Escalofrío. Arturo Varas. [Consulta: 11 de diciembre de 2014] Disponible en:

http://www.escalofrio.com/n/Asesinos/Joseph_Vacher/Joseph_Vacher.php

Gilles de Rais: ”Barba Azul” (1405-1440)

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Gilles de Rais nació el 10 de septiembre de 1405 en el castillo de Champtocé en la región de Bretaña, en el seno de una gran familia aristocrática. A los nueve años vio como su padre agonizaba entre grandes dolores al ser embestido por un jabalí que le clavó los colmillos en el estómago y le sacó las entrañas. Eso afectaría profundamente a Gilles marcándole durante toda su vida. Al poco tiempo su madre también murió y su abuelo fue quien se encargó de él y su hermano, criándolos e inculcándoles la soberbia, el abuso de poder y el desprecio por la vida. Esto hizo que Gilles actuara la mayoría de veces por impulsos violentos y sin ningún tipo de respeto por nada ni nadie. A los 14 años fue proclamado caballero y a los 15 cometió su primer asesinato cando le cortó el cuello a un amigo suyo. En 1429 Gilles conoció a Juana de Arco y se unió a su causa en la lucha contra los ingleses. Según sus propias declaraciones: ‘’cuando la vi por primera vez parecía una llama blanca. Fue en Chinon, al atardecer, el 23 de febrero de 1429. Desde el principio fui su amigo, su campeón. En el momento que entró en aquella sala, un estigma maligno escapó de mi alma y ante el escepticismo del Delfín y la Corte, yo persistí en creer en su misión divina. En presencia de ella y por ese breve lapso, yo iba en compañía de Dios y mataba por Dios. Al sentir mi voluntad incorporada a la suya, mi inquietud desapareció’’. Como dicen sus declaraciones, a raíz de conocer a Juana de Arco, su personalidad dio un cambio radical, llegándose a convertir en un gran paladín y capitán del ejército de Carlos VII.

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Gilles de Rais y Juana de Arco

Sin embargo ese comportamiento cambiaria tras la muerte de Juana de Arco en 1431. Gilles sintió que todo para él había acabado, por ello abandonó la vida militar y se retiró a sus dominios a disfrutar de sus cuantiosos bienes y posesiones que había amasado al ser convertido mariscal de Francia. Las lujosas fiestas y la cantidad ingente de dinero que gastó pronto le llevaron a la ruina. Durante muchos años se encerró en sus grandes bibliotecas para leer a los clásicos y así enterrar el dolor que sentía por la pérdida de Juana y sus posesiones. Poco a poco su mente comenzó a obnubilarse y sus lecturas comenzaron a dirigirse a temas más oscuros como el ocultismo, la magia negra, la alquimia y el satanismo. Una de las personas que más le influyó negativamente fue un alquimista italiano que le embaucó diciéndole que la forma de conseguir la piedra filosofal era a través del culto al diablo mediante sacrificios humanos.

La primera víctima de Gilles fue un niño pequeño al que degolló, le cortó las manos, le extrajo el corazón y le sacó los ojos. Con la sangre de la víctima escribía fórmulas para invocar al diablo y libros de conjuros. A partir de ese momento, todos los niños de Anjou, Poitou y Bretaña comenzaron a desaparecer misteriosamente. Centenares de niños no regresaban a sus casas y por las calles se podían oír el dolor y los lamentos de las familias desesperadas. Allí por donde pasaba Gilles de Rais, los niños desaparecían. Viendo que el demonio no se le aparecía ni era capaz de transformar el metal en oro la frustración le invadió pero aunque su misión inicial se desvaneció, su pasión secreta había sido descubierta: la tortura, la violación y el asesinato de niños.

Gilles de Rais prefería a los niños varones de entre siete y catorce años. Mediante la excusa de que había sido un gran guerrero y que había peleado junto a una santa, convencía a las familias de que podía educar a los niños enviándolos al extranjero para secuestrarlos sin levantar sospechas. Si los padres no estaban presentes, directamente los secuestraba. Otros niños mendigos, atraídos por la fama de generosidad del barón, cuando iban al castillo a pedir limosna eran secuestrados y encerrados en los sótanos del castillo. Cuando los niños eran del gusto del secuestrador, los desnudaba, amordazaba y violaba para terminar desmembrándolos vivos poco a poco. Otras veces les abría el pecho con la daga y bebía del aire de sus pulmones. En ocasiones les producía heridas que iba agrandando poco a poco con sus manos. Según declaró el mismo: ‘’me sentía más contento gozando con las torturas, las lágrimas, el espanto y la sangre, que con cualquier otro placer’’. Aunque los niños eran sus víctimas preferidas, a veces también disfrutaba abriéndoles agujeros en el vientre o en la garganta a las niñas para penetrarlas y eyacular. Existe un caso donde a un niño le vació los ojos para penetrarlo por las cuencas vacías mientras el niño gritaba de dolor.

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Caricatura de Gilles Rais y las torturas a los niños

Cuando ver a los niños gritar de dolor y suplicar por sus vidas no fue suficiente, comenzó a practicar la necrofilia. Otra práctica era la de hacer concursos de belleza de las cabezas de los niños y cuando establecía un ganador, besaba sus fríos labios ensangrentados. El vampirismo también fue practicando, bebiendo la sangre de sus víctimas. En una ocasión, no tenía niños para matar por eso destripó a una mujer embarazada para deleitarse con el feto.

Los niños solían ser colgados de ganchos que se encontraban en la pared. Al escuchar los lloros y suplicas de los niños, Gilles fingía horror y los liberaba de los ganchos para cogerlos entre sus brazos y calmarlos. Cuando sentía que el niño se había ganado su confianza, sacaba la daga y le cortaba la garganta para luego violarlo. El niño continuaba vivo durante todo el proceso ya que de Rais cortaba lo suficiente para dejarlo únicamente paralitico. Cuando terminaba de violarlo cortaba hasta la medula espinal para que el niño muriese asfixiado. También solía golpearlos en la cabeza con garrotes de espinos hasta que el cráneo reventaba y el cerebro salía para luego comérselo.

Según los textos de la época, las victimas de Gilles de Rais fueron de 700 aunque son números inexactos. Lo que sí sucedió es que en regiones enteras los niños descendieron de forma devastadora. Las gentes de las aldeas lo apodaron como Barba Azul debido a su espesa y negra barba de tintes azulados.

Poco a poco las sospechas se fueron tornando hacia el barón, pero nadie se atrevía a acusarle por su posición elevada, además sus víctimas eran solamente campesinos y gente humilde de su propiedad. Finalmente fue el Obispo de Nantes quien le hizo frente y ordenó una investigación sobre las desapariciones.

A principios de 1440, llegaron los rumores hasta la corte del Duque de Bretaña, quién ordenó abrir una investigación sobre los secuestros. Al enviar a los guardias, se descubrieron ropas ensangrentadas, huesos, sangre y putrefacción lo que les sirvió para encarcelar a Gilles en el castillo de la Tour Neuve. Tras hacerle un juicio eclesiástico y otro civil, fue torturado para que declarara y reconociese sus crímenes. Finalmente y tras declarar fue ejecutado mediante el ahorcamiento.

Fuentes:

Gilles de Rais: ‘’Barba Azul’’. Escrito con Sangre. El Website de los asesinos. [en línea] [consulta: 12 de diciembre de 2014] Disponible en: http://escritoconsangre1.blogspot.com.es/2009/02/gilles-de-rais-azul.html

CEBRIÁN, Juan Antonio. El mariscal de las tinieblas. Lugar: Barcelona. Tema de hoy, 2005. ISBN: 9788484604976

Armin Meiwes, “El caníbal de Rothenburg” (1961-)

Armin Meiwes

Armin Meiwes “El caníbal de Rothemburg”

 

Armin Meiwes, nació en Alemania el 1 de diciembre de 1961. Fue un niño normal, aunque nunca supo encajar en la escuela, problema que suplió inventándose numerosos amigos imaginarios que mantuvo hasta bien entrada la adolescencia. La separación de sus padres siendo él un niño, le provocó algunos traumas que nunca logró superar. Vivió solo con su madre desde la adolescencia, sumido en una estricta disciplina y una dependencia mutua que rozaba lo perverso.

Armin Meives junto a su madre

Armin Meives junto a su madre

Cuando Armin cumplió los 18 años, él y su madre se fueron a vivir a una gran mansión situada a las afueras de Rotemburgo. La casa era demasiado grande, tenía unas 44 habitaciones, los amigos de Armin la llamaban “La casa de los espíritus”. Al poco tiempo, ingresó en el ejército, donde destacó por su disciplina, pero no terminó de encajar, entre otras cosas, porque se llevaba a su madre a las excursiones militares y dormía con ella, aunque en habitaciones separadas. Tras finalizar su etapa en el ejército, se especializó en técnico en informática y consiguió un buen trabajo que le permitía tener tiempo libre, que dedicaba sobre todo a la lectura de libros de asesinos en serie, caníbales, psicópatas, etc. En una ocasión cuenta una es amiga suya, que le regaló una muñeca y la separó en partes y se las comió una a una. Tenía una colección de muñecas que ocultaba de la severa vista de su madre.

En 1999, la muerte de su madre, dejó a Marvin solo en el mundo, sin ataduras ni lazos familiares. Aquella soledad le permitió dar sus primeros pasos en el mundo del delito sexual. Sus primeras actividades se restringieron al uso de Internet, lectura de páginas sobre canibalismo, colección de fotografgías porno, foros de canibalismo, etc. El siguiente paso consistió en utilizar las nuevas redes sociales, como foros y chats, para intentar quedar con hombres que quisieran ser devorados. Su primer anuncio decía; “Se busca hombre joven entre 21 y 40 años que quiera ser devorado”.

Anuncio que colgó Marvin en Internet

Anuncio que colgó Marvin en Internet

Rápidamente recibió numerosas respuestas con ofrecimientos para ser devorados. Llegó a recibir hasta tres hombres en su casa dispuestos a ser devorados, incluso a uno llegó a moderle el pene, pero una vez que tenían que pasar a lo que podría definirse como “momento caníbal”, sus víctimas de echaban para atrás y Marvin los dejaba marchar, aunque de mala manera, puesto que él especificaba en Internet que buscaba gente seria.

Después de varios intentos fallidos, conoció a Bermd Jürgen Brandes, un ingeniero de Berlín. Este sujeto presentaba muchos traumas de su niñez y un desprecio muy alto por la vida. Quería ver su cuerpo muriendo, desangrándose y así poder disfrutar con ello. Su madre se suicidó siendo él un niño y su padre no fue muy bueno criando a su hijo.

Bernd jürgen Branden

Bernd jürgen Branden

Brandes se declaraba asi mismo bisexual con gusto sexuales muy duros, le gustaba la tortura y el sadismo. En reiteradas ocasiones contrataba los servicios de hombres para que le arrancaran el pene a mordiscos, pero siempre se negaban, la oportunidad que le ofrecía Marvin era lo que siempre había soñado. Antes de citarse con Marvin, dejó todas sus pertenencias a su pareja por aquél entones. Esto es una clara evidencia de que Brandes iba en serio, sabía cual iba a ser su papel en aquél juego sexual. Según confirman algunos familiares, Brandes sentía culpa por el suicidio de su madre y quería pagar con su muerte.

El 10 de marzo del 2001 tuvo lugar el primer encuentro entre ambos. Quedaron para pasar un fin de semana juntos y así poder comenzar a realizar actividades caníbales. Cuando acabó el primer encuentro y Marvin llevó a Brandes a la estación de tren, antes de irse, Brandes le pidió quedarse y llevar a cabo el plan al completo. Marvin cuanta que se le acercó y le dijo; “Yo soy tu carne” con una alegría desmesurada.

Una vez en la mansión, decidieron que iban a comerse el pene de Brandes, para ello, consumió grandes cantidades de medicamentos, jarabes y whiskys. Después de intentar cortar el pene a mordiscos, sólo consiguieron desgarrarlo. Cansado de esperar, Brandes le pidió que lo cortara con un cuchillo. Marvin hizo caso y procedió.

Mesa donde le cortó el pene

Mesa donde le cortó el pene

Marvin Meiwes partió el pene en dos trozos y se puso a cocinarlo en una sartén  añadiendo sal, pimienta y ajo. Marvin dijo que a pesar de que Brandes estaba drogado y herido, estaba muy contento y decía que olía muy bien su pene cocinado. Al intentar comerlo, notaron que la carne que era muy fresca, había quedado muy reducida y muy cruda, siendo imposible se ingestión. Ante esto, Brandes se mostró molesto, según Marvin él quería una noche perfecta.

Después de la cena, Brandes empezó a desangrarse y perdió el conocimiento, por lo que Marvin decidió llevarlo a la bañera con agua caliente. Estuvo dormido unas diez horas. Cuando despertó, se alegró al ver la sangre brotar de su herida. Ante esta situación, ambos decidieron que Brandes debía morir para completar el sacrificio.

Bañera donde Marvin depositó a Brandes.

Bañera donde Marvin depositó a Brandes.

Marvin levantó el cuerpo herido de Brandes, lo llevó a una mesa y lo acuchilló hasta que murió.Una vez muerto, los destripó, lo descuartizó y enterró partes de su cuerpo en el jardín, otras las congeló para poder comerlas más adelante.Meiwes habñia cumplido sus deseos caníbales. Según dijo en el juicio, la carne humana le sabía muy bien y le recordaba al cerdo. Marvin filmó todo el proceso en un vídeo que dura unas 4 horas y que solamente se vio una vez durante el juicio. Las cintas están guardadas bajo una seguridad extrema y sólo se han filtrado tres imágenes. Marvin dioj a la polícia que Brandes disfrutó siendo comido. Comió más de 20 kilos de Brandes, según Marvin, siempre acompañado por una copa de vinto tinto chileno.

Marvin cortando el cuerpo de Brandes

Imagen extraída del vídeo que hizo Marvin en el momento del descuartizamiento.

Brandes descuartizado

Imagen extraída del vídeo que hizo Marvin en el momento del descuartizamiento.

Imagen extraída del vídeo que hizo Marvin en el momento del descuartizamiento.

Imagen extraída del vídeo que hizo Marvin en el momento del descuartizamiento.

Pasados unos meses del asesinato, Marvin se estaba quedando sin carne y su apetito caníbal empezó a aflorar nuevamente. Empezó a publicar en varios foros que quería comer carne joven, que ya la había probado y necesitaba más. Después de varios intentos fallidos, terminó por recibir una denuncia de un forero que sospechó de las repetidas veces que mencionaba el hecho de haber comido carne humana de verdad. Un año después del crimen, la policía arrestó a Marvin Meiwes, “el caníbal de Rotherburg”. Los primeros análisis psicológicos, dictaminaron que Marvin no tenía ninguna enfermedad mental, aunque sí que supusieron que su víctima los tenía.

La fiscalía pedía para Meiwes cadena perpetua, pero había un problema, y es que la víctima había consentido el asesinato, Marvin Meiwes no quería asesinar a nadie sin su permiso y eso lo demostraban las víctimas que dejó ir de su casa. El caso marcó un antes y un después en la justicia alemana, no es normal que la víctima consienta el asesinato e incluso lo planee.Sus abogados pedían que se lo juzgue por eutanasia ilegal, pero valió de poco y fue condenado a cadena perpetua.

Mucho se ha escrito sobre este caso, incluso el grupo alemán Rammstein hizo una canción del caso, también Marilyn Manson y un grupo español conocido como Undernoise.

Undernoise. El caníbal de Rothemburg. Youtube [En línea: https://www.youtube.com] 2 de octubre de 2012. [Consulta: 12 de diciembre de 2014]. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=WYD3pvU3Tq0

En el siguiente vídeo podemos ver un documental en español con las declaraciones en primera persona de Marvin Meiwes.

Documental: "Entrevista a un caníbal"

Documental: “Entrevista a un caníbal”

Fuentes: 

Armin Meiwes, “El caníbal de Rothenburg”. Escrito con Sangre. La web de los asesinos.  [En línea: http://escritoconsangre1.blogspot.com.es/] 5 de mayo de 2008. [Consulta: 12 de diciembre de 2014] Disponible en: http://tu.tv/videos/entrevista-a-un-canibal

DOCUMENTOS TV. Entrevista a un caníbal. Tu.tv [En línea: http://tu.tv/] 1 de febrero de 2010. [Consulta: 12 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://tu.tv/videos/entrevista-a-un-canibal