Niños asesinos

descarga (14)George Stinney, de 14 años de edad, asesinó a dos niñas en julio de 1944.  Fue condenado culpable de las muertes de Betty Jane Binnicker (11 años) y Mary Emma Thames (8 años). Reconoció haber matado a las chicas ante la negativa de Betty al proponerle relaciones sexuales. Stinney les quitó la vida golpeándoles en la cabeza con un hierro de la vía del tren. Fue juzgado como un adulto y condenado a la silla eléctrica, convirtiéndose en la persona más joven en ser ejecutada en los EE. UU. en el siglo XX

Mary-bell-wikiMary Bell, en mayo de 1968, a la edad de 11 años, estranguló a un Martin Brown (4 años). En julio de ese mismo años, junto a una amiga, Norma Joyce Bell (13 años) estranguló a Brian Howe, de 3 años de edad, mutilándole los genitales. Aunque en un primer momento fueron acusadas de homicidio involuntario, el inspector jefe que la interrogó, al darse cuenta de que era muy inteligente, consiguió que fuera condenada por homicidio con atenuante. Se sabe que salió de la cárcel en 1980, procediéndose a proteger su identidad y la de su hija.

descarga (15)Craig Price, de 15 años de edad, llevó a cabo el asesinato de John Heaton (39 años) y a sus dos hijas (de 8 y 10 años) en septiembre de 1989. Desde un primer momento se pensó que el agravante no fue otro que el robo pero, al ser descubierto, forcejeó con las víctimas. El padre presentó alrededor de unas 60 heridas de arma blanca, y sus hijas unas 30 cada una. El asalto fue tan brutal que el cuchillo que empleó se rompió en el cuello de una de las niñas. Al interrogarle la policía observaron que presentaba heridas en una mano por lo que optaron por investigarle. Encontraron un cuchillo y varios objetos salpicados de sangre. Finalmente se declaró culpable de ese crimen y de otro ocurrido dos años antes en el mismo barrio. Fue condenado y todavía se encuentra en prisión

tumblr_m5h7izsPGt1rxyq6so1_500Robert Thompson y Jon Venables, ambos de 10 años, secuestraron en un supermercado de Liverpool a un niño de 2, James Bulger. Se alejaron del recinto golpeando a la víctima, le arrojaron ladrillos, le golpearon con una barra de metal y lo torturaron con baterías eléctricas. Encontraron el cuerpo del niño abandonado en las vías del tren, partido por la mitad. Fueron condenados a cárcel hasta que cumplieran la mayoría de edad, momento en que se les ofreció una nueva identidad debido a que las familias se vieron obligadas a huir de la ciudad. Jon venables fue apresado de nuevo en 2010 por posesión de pornografía infantil.

descarga (16)Natsumi Tsuji, de 11 años, cortó el cuello de una compañera de colegio, Satomi Mitarai, en un aula vacía durante el recreo. Según dicen, la víctima le hacía bulling y la insultaba. Tras el asesinato, sus compañeros corrieron a fotografiarla. En septiembre de 2004 se dictaminó su ingreso en un correccional durante 4 años  . Resulta curioso que esta chica tenga un gran número de admiradores. Se la conoce como “Nevada -Tan”

marcelo-pesseghiniMarcelo Pesseghini, a los 13 años fue acusado de asesinar a su padre (policía), su madre, su abuela y su tía abuela. Tras cometer los crímenes se dirigió a la escuela y, a la vuelta, puso fin a su vida con un disparo en la cabeza. La misma manera con la que les quitó la vida a sus víctimas mientras estaban en la cama. Según cuenta un amigo del muchacho, Marcelo quería deshacerse de sus padres para convertirse en asesino a sueldo. Algunos de sus parientes se niegan a creer que los hechos fueran así a pesar de las pruebas.

{E9A82A57-A5C7-44E3-9806-18BBE85A6704}Eric Smith, mató a un niño de 4 años en 1993, a la edad de trece años. La víctima, Derrick Robie, fue estrangulada, golpeada y sodomizada. El motivo se desconoce, pero se le diagnóstico trastorno explosivo intermitente. Se sabe que sufría de acoso escolar debido a su aspecto. Actualmente sigue en prisión, habiéndole sido denegada varias veces la petición de la condicional.

descarga (17)Barry Dale Loukaitis,  a los 14 años acabó con la vida de dos estudiantes y un profesor del Frontier Middle School, en Moses Lake (Washington) en el año 1996. Iba vestido de vaquero, armado con un rifle y dos pistolas. Tuvo retenido a sus otros compañeros durante un tiempo hasta que por fin pudo ser detenido.

Photo from the Lawrence County JailJordan Brown, mató a la novia de su padre a la edad de 11 años. La víctima, Kenzie Marie Houk, murió de un disparo en la cabeza, estaba embarazada de 8 meses. Esto ocurrió en febrero de 2009. Mientras los tribunales deliberaban sobre la pena, estuvo durante tres años en un correccional de menores. A pesar de ser menor de edad fue juzgado como un adulto (hecho que discutió Amnistía Internacional). En mayo de 2013 la Corte Superior resolvió que en el juicio se habían producido irregularidades y no se respetó el derecho de presunción de inocencia.

article-0-037F59CB0000044D-846_306x525Graham Young, fue un niño británico fascinado por la química y sus reacciones sobre el organismo. Su primer crimen lo cometería a la edad de 14 años, envenenando a su madrastra. Sus más allegados serían sus cobayas. Solía contaminar alimentos en su casa para poder ver los efectos de las sustancias que empleaba. Era un gran autodidacta. Fue desenmascarado por un profesor suyo que, al registrar su taquilla, encontró botellas con veneno. Tras esto fue enviado a un hospital mental hasta los 23 años, momento en que fue recogido por su hermana. Sin embargo, seguiría experimentando con compañeros de trabajo, matando a dos de ellos. Murió en prisión, donde se encontraba tras haber sido pillado con antimonio y otras sustancias nocivas.

Tumblr_m615nuru2j1r13gsho1_500Andrew Golden y Mitchell Johnson, de 11 y 14 años respectivamente, llevaron a cabo un tiroteo que acabó con la vida de 5 personas, dejando a otras 10 gravemente heridas. Este hecho tuvo lugar en Jonesboro (Minnesota), en la Westside Middle School. Activaron la alarma de incendio y una vez que los alumnos y profesores salieron al exterior, arremetieron contra ellos varias veces. Los chicos tenían amplios conocimientos en el manejo de armas gracias a la pertenencia de familiares a asociaciones de éstas, por lo que era algo que habían visto desde pequeños. Parece ser que lo tenían todo planeado, pues tenían preparada una caravana con con suficientes víveres para escapar. Se les condenó a reclusión hasta la edad de 21 años debido a la ley de Arkansas.

Jesse_PomeroyJesse Pomeroy, parece ser que empezó su carrera delictiva en 1870, a la edad de 11 años. Secuestró a 7 niños, los ató, torturó y clavó agujas por su cuerpo, hecho que le llevó al reformatorio, del que salió un año más tarde debido a su buen comportamiento. A los 15 años secuestró y mató a Katie Curran, de 10 años. La policía encontró el cuerpo de la niña en el sótano de la tienda de la madre de Jesse. Fue sentenciado a cadena perpetua hasta su muerte a los 72 años. Se le acusó de la muerte de un niño de 4 años cuyo cuerpo fue hallado mutilado, hecho que no pudo probarse.

Anuncios

Manuel Delgado Villegas: el Arropiero (1943-1998)

descarga (12)Manuel Delgado Villegas (Sevilla, 25-1-1943-Badalona, 2-2-1998), fue el mayor asesino en serie de la historia de España. Era huérfano de madre desde su nacimiento. Se crió con su abuela, puesto que su padre se dedicaba a vender dulces caseros fabricados con arrope (de ahí su mote: el Arropiero). Se cuenta que su niñez fue complicada, recibía constantes golpes por parte de sus familiares.

En 1961, a los 18 años, si incorporó a la Legión, donde aprendería a dar el golpe en el cuello que lo caracterizó en algunos de sus crímenes posteriores. Sufría ataques epilépticos, lo que motivó su salida de la Legión. A partir de ahí realizaría un recorrido, en el que normalmente se dedicaba a vagabundear, por España, Francia e Italia en el que cometería todo tipo de delitos, como robos o el ejercicio de la prostitución.

miembro_del_tercio_ampliacion

Hay que tener en cuenta la personalidad del personaje. Padecía esquizofrenia, lo que sumado a su alcoholismo le hacía más violento y carente de empatía. Tenía una desviación genética que le provocaba un aumento brusco de testosterona, que le hacía mucho más violento. Sufría de epilepsia y un cierto grado de retraso mental.

images (4)Mataba de forma casual, nunca utilizó el mismo modus operandi, lo que dificultó las investigaciones de la policía. El mismo Arropiero llegó a auto inculparse de más de 40 crímenes, pero la policía solo pudo probar 8. El primero de ellos fue en enero de 1964 en Garraf (Cataluña), golpeó a un hombre en la cabeza con una piedra hasta matarlo para robarle. El segundo de los asesinatos que se le pudo probar es un caso más escabroso. Tuvo lugar en Ibiza. La víctima, la francesa Margaret Helene Boudrie fue hallada golpeada y con una puñalada en la espalda. Según la versión del autor del crimen, tuvo relaciones con la víctima una vez muerta y, después, le robó una cadena. Manuel también presentaba esa desviación mental, realizaba prácticas necrófilas en sus crímenes.

Otro caso sobrecogedor es el de Anastasia Barrella Moreno, de 68 años. El 23 de noviembre de 1969 salió de trabajar y se topó con el Arropiero que, según cuenta tenía ganas de una mujer. Le preguntó a la anciana si quería sexo con él. Al negarse la mató a golpes con un ladrillo y la escondió en un túnel donde practicó la necrofilia con el cadáver hasta que fue encontrado cuatro días más tarde por unos niños.

excitacion_mortal_full_landscape

Sería tras la desaparición de Antonia Rodríguez Riquelme cuando la policía comenzó a seguirle la pista hasta que fue detenido en enero de 1971 en el Puerto de Santa María. Con esta última víctima, que padecía de retraso mental, el Arropiero mantenía una relación sentimental. El día en que la mató la condujo en una moto hasta el campo donde, tras discutir con ella, la estranguló con unos leotardos mientras practicaba sexo con ella. Esta situación la repitió hasta que fue detenido por la policía.

19276097.jpg-r_640_600-b_1_D6D6D6-f_jpg-q_x-xxyxx arropiera3--300x180

Una vez detenido se culpó de una cantidad tan grande de asesinatos que los investigadores no le creyeron, acotando sus posibles víctimas a un total de 22 de las que tan sólo pudieron probar 8. Durante dos años estuvo viajando con la policía para reconstruir sus crímenes hasta que el Juzgado de Madrid  ordenó que se detuvieran las investigaciones para que Manuel Delgado fuese internado en un hospital psiquiátrico de Carabanchel. Dado su penoso estado mental nunca fue juzgado por ninguno de sus crímenes al ser declarado faltó de responsabilidad penal dada su enfermedad psiquiátrica. En 1996 fue trasladado a Santa Coloma de Gramanet donde moriría dos años después por una enfermedad pulmonar agravada por su tabaquismo.

descarga (13)

 

Fuentes:

PIERA PELLICER, J.A.. Los crímenes del Arropiero. En: Lucía Botín [en línea]. [Consulta: 16 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://www.luciabotin.com/publicaciones/arropiero.pdf

Administrador. Manuel Delgado Villegas “el Arropiero”; biografía del mayor asesino en serie de la historia de España. En: biografías de asesinos [en línea].[Conulta: 16 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://biografiasdeasesinos.blogspot.com.es/2013/03/asesino-5-manuel-delgado-villegas-el.html

ALCAIDE, S. “El Arropiero”, el mayor asesino de España, murió tras 26 años en prisión sin ser juzgado. En: El País [en línea]. [Consulta: 16 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://elpais.com/diario/1998/04/08/espana/891986414_850215.html

DUVA, J. La Audiencia pretende juzgar ahora a “el Arropiero”, después de 21 años preso acusado de 22 asesinatos. En: El País [en línea]. [Consulta: 16 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://elpais.com/diario/1992/09/05/espana/715644006_850215.html

PÉREZ, D. <“El Arropiero” disfrutaba matando>. En: El Correo [en línea]. [Consulta: 16 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://www.elcorreo.com/vizcaya/20130602/mas-actualidad/sociedad/arropiero-disfrutaba-matando-201305282055.html

Documentales:

Películas:

elarropiero_pelicula

Arropiero, el vagabundo de la muerte (2008). Dirigida por Carles Balagué

 

 

Vlad Tepes: el empalador (1431-1476)

descarga (9)

Vlad III (noviembre 1431-diciembre 1476), también conocido como Vlad Draculea o Vlad Tepes (el empalador), fue hijo del voivoda (príncipe) de Valaquia Vlad II. En 1456 se hizo con el poder, manteniéndolo hasta 1462, momento en que tuvo que exiliarse hasta que en 1474 recuperó el trono hasta su muerte dos años más tarde. Este gobernante, considerado uno de los más duros de la Europa Oriental durante el siglo XV pasó a la historia por su crueldad a la hora de castigar a enemigos y traidores. En cambio, habrá que tener en cuenta el contexto de la época. Nos encontramos en un periodo en el que las guerras de frontera eran una constante, donde las represalias y las ejecuciones no eran algo extraño.

A los 13 años fue enviado a Turquía, junto con su hermano Radu, como garantía de sumisión, debido a la alianza que Vlad II estableció con los otomanos. Esta alianza significó la enemistad de Juan Hunyadi (regente de Hungría), que en 1447, apoyado en la burguesía de Valaquia (los boyardos) llevó a cabo un ataque que se tradujo en la muerte de Vlad II y de su sucesor, su hijo Mircea.  Ante esta situación, el sultán Murat II declaró a Vlad Draculea como sucesor al trono. Éste, en 1448, logró hacerse con el poder tras derrotar a Hunyadi en Kosovo, sin embargo, a los pocos meses fue depuesto, tras lo que corrió a refugiarse en Moldavia, donde tenía familia.

Anduvo buscando apoyos hasta que en 1453, Juan Hunyadi lo llamó a su corte. Los húngaros se sentían cada vez más amenazados por los turcos debido al acercamiento con éstos por parte del príncipe de Valaquia Vladislav II. Hunyadi pensó en Vlad como su sustituto. De esta manera, en 1456, apoyado por gentes de Transilvania y un noble de la casa Bathory, derrotó a Vladislav II en Târgusor, lo ejecutó y se proclamó príncipe.

02

En un primer momento se lanzó a eliminar amenazas, sobre todo la de os boyardos, por quienes sentía un odio eterno tras el asesinato de su padre. Mató a un gran número de nobles, y aquellos que quedaron con vida, vieron reducir su papel económico. Llevó a cabo ejecuciones y empalamientos en aquellas ciudades que no lo reconocían, sin importar sexo y edad. En una ocasión empaló a unos 30.000 colonos alemanes de Brasov, los cuales se negaban a pagarle tributos, fue la noche de San Bartolomé. En esta ocasión organizó una cena alrededor de los empalados, mientras los verdugos iban eliminando a los líderes de la sublevación.

images (3)El apelativo de Tepes (empalador en rumano) proviene por el gusto del príncipe por empalar a sus víctimas. Este castigo consistía en introducir por el recto un palo, de unos 3,5 metros, lo fijaban a la carne mediante clavos para, posteriormente, ponerlo en vertical. De esta manera, la víctima moría lenta y dolorosamente. Le gustaba realizar empalamientos masivos. Se calcula que bajo sus órdenes  murieron unas 40.000-100.000 personas, tanto por la práctica del empalamiento como por medio de otras torturas. Hay numerosos documentos que versan sobre su sadismo.

En la Pascua de 1459, invitó a los boyardos a vestir sus mejores galas para acudir a una cena. Al término de ésta mató a los más viejos  y, a los más jóvenes los mandó desde Târgoviste (lugar de la cena) hasta un castillo en ruinas (el famoso castillo de Drácula), situado cerca del río Arges, que les hizo restaurar. Los nobles irían muriendo víctimas del cansancio y el agotamiento a lo largo de los meses.

En 1461, Mehmet II intentó tenderle una trampa citándole en Giurgiu para solucionar el problema fronterizo. Allí le esperaba un destacamento pero Vlad III, aparte de con los tributos, se presentó con un numeroso ejército de caballería, derrotando a los otomanos con facilidad. Éstos fueron llevados a Târgoviste y empalados. Se dice que ese mismo año Mehmet II se echó para atrás cuando se disponía a atacar Târgoviste debido al panorama que se encontró en el “bosque de los empalados” (más de 20.000 personas empaladas). Ante esta situación se vino arriba y cruzó el Danubio. En 1462 envió una carta al rey de Hungría (Matías Carvino)en la que le informaba acerca del número de muertes que había llevado a cabo, fijando la cifra en unos 24.000. Le envío dos sacos llenos de cabezas, orejas y narices. Finalmente, Mehmet II tomó la capital con unos 150.000 hombres al mando de Radu, hermano de Vlad Draculea, el cual, en inferioridad numérica, procedió a efectuar una guerra de guerrillas. Finalmente, ante la falta de apoyo de la nobleza, que se inclinó hacia su hermano, se refugió en la fortaleza de Poenari, donde fue detenido por las tropas turcas (el rey húngaro se alió con Mehmet II gracias a que éste último le engañó mediante la falsificación de documentos).

castillo dracula

El famoso castillo de Drácula

 

Vlad III fue liberado en 1474 y junto a un ejército de transilvanos, valacos y moldavos tomó Valaquia por última vez hasta 1476, sin embargo, su situación era muy débil. Los turcos, apoyados por los boyardos, no tenían dificultades para penetrar en Valaquia.

Definitivamente, Vlad III moriría en una batalla contra los turcos, sin saber exactamente cómo, ya que don muchas las versiones sobre su muerte. Se dice que los turcos colocaron su cabeza en una estaca en Constantinopla.

1205267485_fEn las crónicas de su época se le presentó como alguien aficionado a la tortura y la muerte lenta, que cenaba bebiendo sangre de sus victimas mientras estaban empalados. Estas noticias fueron las que llevaron a B. Stoker a crear su personaje de Drácula en su novela de 1897.

Vlad Tepes llevó a cabo empalamientos, amputación de miembros extracción de ojos con ganchos, desollamiento, exposición a animales salvajes o elementos del clima. Su odio hacia los mendigos o los pobres le llevó en una ocasión a invitarlos a cenar para después, una vez que iban bebidos les prendió fuego.  Su aversión a los gitanos también fue patente. Una vez asó a tres de sus líderes y les obligó a: comérselos o a alistarse en el frente turco (lógicamente optaron por lo segundo).

Una vez, un comerciante acudió a él para denunciar el robo de una bolsa de oro, Vlad le dijo que acudiera al día siguiente. Cuando lo hizo encontró tanto a los ladrones como a sus familiares empalados en el patio del Castillo. Le hizo al comerciante contar las monedas y decir si faltaba alguna, le contestó que no, que sobraba una. Esto fue una trampa del príncipe. En caso de no haber dicho nada, el comerciante hubiera corrido la misma suerte que los ladrones

En otra ocasión, cuando encontró a un campesino con mal aspecto en sus ropajes le reguntó que si no tenía mujer y, de ser así, a que dedicaba sus ratos libres. Ordenó llevaran la mujer ante él para preguntarle que hacía durante el día, a lo que contestó que el pan, la comida, coser. Ante esta respuesta señaló las ropas del marido y, como no la creyó la mandó empalar a pesar de la negativa del marido. Mandó a otra mujer a casarse con el campesino advirtiéndole sobre las consecuencias que sufriría en caso de no dedicarse a sus labores.

DSC_0027

A pesar de todos estos hechos, los historiadores rumanos han definido a Vlad Draculea como un héroe nacional ya que, en aquellos tiempos el uso del terror era una forma muy eficaz para intimidar a los enemigos. Visto así, Vlad III sería simplemente un hombre de su época. En 1976 N. Ceauçescu lo declaró un Héroe de la Nación. Habría que plantearse hasta qué punto son ciertas estas historias. Está claro que muchas de ellas son pretenciosas. Sin embargo, pocos fueron los que llevaron tan lejos sus prácticas de tortura y eliminación de enemigos.

Fuentes:

Administrador. Vlad Tepes. En: Biografías y vidas [en línea]. [Consulta: 17 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/v/vlad_tepes.htm

Martín Alarcón, J. El sepulcro de Vlad Tepes, “Drácula”, en una iglesia de Nápoles. En: el Mundo [en línea]. [Consulta: 17 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://www.elmundo.es/la-aventura-de-la-historia/2014/06/16/539ecb3cca47416d528b4579.html

Administrador. Vlad Tepes-Vlad Draculea-Vlad III (1431-1476). En: escalofrío [en línea]. [Consulta: 17 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://www.escalofrio.com/n/Asesinos/Vlad_Dracul_-_Vlad_Tepes/Vlad_Dracul_-_Vlad_Tepes.php

Bibliografía:

FARRAC, J. La verdadera historia de Drácula. Ediciones 22

MÄRTIN, R.-P. Los “Drácula”. Vlad Tepes, el Empalador, y sus antepasados. Tusquets Editores, Barcelona, 1993.

MARTÍNEZ LAÍNEZ, J. Tras los pasos de Drácula. Punto de Lectura, Madrid, 2002

VALDALISO, Covadonga. “Vlad el empalador, el Drácula histórico”. En: Historia, National Geographic, Nº 46.

Documentales:

Películas:

Vlad Tepes (1979). Dirigida por Doru Nastase. Única película de tinte histórico sobre este personaje, no influenciada por el Drácula de Bram Stoker.

Vlad Tepes (1979). Dirigida por Doru Nastase. Única película de tinte histórico sobre este personaje, no influenciada por el Drácula de Bram Stoker.

Josef Mengele: el Ángel de la Muerte

josef_mengele_by_decoengel-d4qxju5

Josef Mengele (11 de marzo de 1911) fue un “doctor” alemán que realizó estudio y experimentos sobre presos del campo de concentración de Auschwitz, principalmente sobre gemelos, estaba muy interesado en los nacimientos múltiples. Su sueño era crear una súper raza aria que, una vez conseguida, pretendía imponerse sobre las otras. los nacimientos múltiples serían interesantes para sustituir a las razas o pueblos que ellos consideraban inferiores.

Sería tras un discurso de Hitler sobre la superioridad de la raza germana, en la Universidad de Múnich,  cuando Mengele decidió unirse al partido nazi, entrando a formar parte en 1934. Eran momentos en los que el antisemitismo tomaba impulso entre la comunidad científica y, conceptos como eugenesia, pureza hereditaria, esterilización (de los inferiores) o superioridad racial se abrían hueco  en los laboratorios e investigaciones.

Aunque inicialmente se doctoró en filosofía, más adelante ingresó en medicina en la Universidad de Frankfurt. Sería en el Instituto de Herencia Biológica e Higiene Racial donde llevaría a cabo sus primeras investigaciones sobre lo que a él tanto le interesaba, la genética, publicando un artículo sobre ésta y los niños.

En mayo de 1937 presentó la solicitud para convertirse en miembro de las SS (para ello se exigía pureza racial, incluso conyugal, al menos hasta la cuarta generación). En los primeros compases de la guerra seguía centrado en sus investigaciones biológicas pero, en el momento en que se abrieron dos frentes, Mengele fue movilizado al frente oriental, donde fue herido en combate y condecorado con la Cruz de Hierro.

Tras este episodio, en mayo de 1943, ya como capitán, se le asignó como médico en el campo de concentración de Auschwitz, lo que le daría vía libre para llevar a cabo miles de experimentos sobre las cantidades ingentes de prisioneros que llegaban a ese lugar. Sobre todo en gemelos, en los que estaba muy interesado.

descarga (6)

Sus investigaciones se centraron en lograr la perfección de la raza aria, en conseguir la “higiene racial”. Su afán por los estudios sobre gemelos radicó en que pensaba que ahí estaba  la clave para la reproducción selectiva de la raza aria, quería conseguir un aumento de la población germana con el objetivo de sustituir a todas las demás razas inferiores. Estaba fascinado por el genotipo humano rubio con ojos azules. Intentó cambiar el color de los ojos mediante la inyección de sustancias químicas. Sus ideas sobre la pureza de la raza le tenían obsesionado. Llevó a cabo proyectos de esterilización masiva mediante la castración o la introducción de químicos.

images (1)Como siempre, hablar de cifras resulta farragoso. Se calcula que, en el momento en que Mengele fue asignado como médico a Auschwitz, el centro contaba con unas 140.000 personas y que se podía llegar a acabar con la vida de unas 9.000 personas al día. Se ha calculado el número total de muertos en unos dos millones aproximadamente.

Hacia Auschwitz se dirigían una gran cantidad de vagones llenos de prisioneros desde donde el propio Mengele seleccionaba a aquellos que consideraba aptos para la experimentación. Los experimentos llevados a cabo por él eran considerados como inhumanos. Estaba interesado, como ya dijimos, en el estudio sobre gemelos, sobre gente con heterocromía (ojos de distinto color), gente con anomalías físicas o enanos.  Les inyectaba todo tipo de sustancias: cloroformo, insecticidas, nafta, para después realizarles autopsias. Realizó experimentos sobre la capacidad del hombre para resistir el dolor, practicaba vivisecciones (autopsia aún en vida) sin aplicar anestesia, realizaba pruebas de radiación en humanos, así como también pruebas sobre la hipotermia, sumergiendo a sus víctimas en agua helada a fin de observar las reacciones corporales hasta la muerte. No tenía remordimientos en hacer experimentos sobre bebés. En una ocasión pretendió crear siameses con dos gemelos de 4 años. Cuando aparecieron de nuevo en el campo de concentración estaban cosidos por la espalda, incluso por las venas, hasta que murieron por la gangrena. A personas con malformaciones genéticas, como en el caso de la familia de enanos Ovitz (rumanos judíos), les extrajo la médula ósea o le virtió agua hirviendo por los oídos. Quería comprobar si las malformaciones eran hereditarias o tenían alguna relación con la raza. En todas las ocasiones, los objetos de investigación eran asesinados. Era un hombre que carecía de escrúpulos, una vez infectó con el virus del tifus a gemelos judíos y húngaros, a los que extrajo la sangre por etapas, siguiendo el curso de la enfermedad hasta su muerte.  En otra ocasión eliminó a 14 gemelos mediante la inyección de cloroformo directamente en el corazón.

mengelepassport_r620x349-260x260

Pasaporte de Mengele

En noviembre de 1944 se ordenó suspender las actividades de los campos de concentración, por lo que Mengele haría su última selección. De las 509 últimas personas que llegaron, desaparecieron 461. El doctor recogió sus anotaciones y en enero de 1945 desaparecería para siempre. La teoría más extendida sobre su desaparición fue que abandonó su uniforme de las SS y salió camuflado con uno de las Wehrmatch (ejército alemán). Aunque fue capturado por los aliados, no fue reconocido por éstos, por lo que finalmente fue liberado.  Temiendo ser apresado, se decidió por abandonar el país y se dirigió a Sudamérica. Primeramente se instaló en Argentina, con un nombre falso, donde se sintió seguro gracias a Odessa (organización secreta), sin embargo, cuando se enteró que el gobierno alemán habría exigido a Argentina la extraditación de nazis huyó a Paraguay y, finalmente a Brasil, cuando ya no se sentía seguro del Mossad. Allí fue acogido por una familia apellidada Strammer hasta 1976, momento en que solicitó una nueva familia, los Bossert. Con ellos estaría hasta su muerte en 1979. Fue enterrado en el cementerio de Ambu bajo el pseudónimo de Wölfgang Gërhard. La exhumación del cadáver en 1985 permitió identificarlo como Josef Mengele.

Mengele murió sin ser juzgado ni condenado por ninguna de las miles de muertes que pesaban sobre sus espaldas.

images (2)

Fuentes:

Administrador. Josef Mengele el Ángel de la Muerte. En: sgm.casposidad.com [en línea]. [Consulta: 21 de diciembre de 2014]. Disponible: http://sgm.casposidad.com/prensa/angelmuerte.htm

VILLATORO, Manuel P. Mengele, el sádico doctor nazi obsesionado con los experimentos humanos. En: abc.es [en línea]. [Consulta: 21 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://www.abc.es/archivo/20130319/abci-mengele-historia-militar-201303151702.html

Zapata Mendo, P. Los experimentos médicos aberrantes de los nazis. En: monografías.com [en línea]. [Consulta: 21 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://www.monografias.com/trabajos96/experimentos-medicos-aberrantes-nazis/experimentos-medicos-aberrantes-nazis.shtml

Bibliografía:

ASTOR, G. Mengele, el último nazi. Barcelona. Ediciones B.

BASSO PRIETO, C.; CAMARASA, J. América nazi. Aguilar.

GOÑI, U. La auténtica Odessa: la fuga nazi a la Argentina de Perón. Paidós Ibérica, 2002.

HERNÁNDEZ, J. Bestias nazis. Melusina, 2013

LEVIN, I. Los niños del Brasil. Zeta Bolsillo, 2011

POSNER, G. L.; WARE, J. Mengele: el médico de los experimentos de Hitler. Madrid, La esfera de los libros, 2002.

Documentales:

Filmografia:

ZONA-GRIS

La Zona Gris (2001). Dirigida por Tim Blake Nelson

descarga (7)

Commando Mengele (1987). Dirigida por Andrea Bianchi

descarga (8)

Los niños del Brasil (1978). Dirigida por Fanklin J. Schaffner

Thug Behram y el culto Thuggee

elnorte50f8d08c62fa7_20-thugThug Behram (1765-1840) fue el último líder del culto Thuggee, una secta que operó en territorio indio desde, según algunos autores, la Edad Media (hay referencias hacia este grupo desde el siglo XIV, en el paraje de la Historia de Firoz Shah de Ziua-d din Barni, 1356). Otros autores, como el historiador británico Mike Dash, opina que los Thuggee actuaron alrededor de siglo y medio, hasta que las fuerzas británicas acabaron con este grupo.

Este grupo fue considerado como una especie de mafia religiosa, cuyos orígenes se desconocen. Lo que está claro es que se trata de una secta de miembros musulmanes e hinduístas, cuyo modo de vida consistía en perpetrar asesinatos para robar.

Ellos consideraban que sus actos estaban justificados, el asesinato como medio para beneficiarse era un deber religioso, por lo tanto creían que desempeñaban una profesión totalmente digna, en la que la ética o la moral no formaba parte. Eran adoradores de la diosa Khali, diosa de la muerte y la destrucción. Pensaban que con cada muerto se evitaba la presencia de esta diosa por un periodo de 1000 años.

kali

Khali. Divinidad Hindú de la que los thuggees eran adoradores

El método empleado por este grupo para llevar a cabo los asesinatos consistía, en un primer momento, en acercarse a los a los peregrinos o comerciantes que iban y venían a través de las rutas y caminos para, posteriormente, matarlos y desvalijarlos. Lo llamativo de este grupo de ladrones era la forma de terminar con la vida de sus víctimas. Tenían una especie de ritual de estrangulamiento con un pañuelo ceremonial, conocido como el rumal, de color amarillo y blanco. Tras haber obtenido el botín se deshacían del cadáver enterrándolo o arrojándolo a un pozo. Aunque podía existir otros métodos, el estrangulamiento era la práctica más utilizada, ya sea con el rumal, o con un pañuelo de seda con un pomo en un extremo.Thugs_Strangling_Traveller

La forma de actuar de esta secta fue transmitida de generación en generación. Actuaban en grupos de número variable, usaban una jerga propia (el ramaní) y una simbología que les permitía reconocerse entre sí en cualquier parte de la India.

Thug Behram, úlitmo líder de los thuggee, actúo desde 1790 hasta 1830. Durante ese periodo, se le atribuyeron un total de 931 muertes (de ser así, sería el mayor asesino no militar de la historia). Esta cifra sería, tal vez, la del número de asesinatos que presenció. Él mismo no recordaba la cifra exacta de sus víctimas, que calculó alrededor de unos 125. El propio líder traicionó a su grupo y lo confesó todo a cambio de no ser juzgado, sin embargo, fue condenado a pena de muerte, lo sentenciaron a la horca, muriendo a los 75 años de edad. De esta manera, el imperio británico ponía fin a este grupo de asesinos y ladrones en 1830.

Fue tal la popularidad que alcanzó este grupo durante la época en que el Imperio Británico dominó la India que el término thug pasó a ser sinónimo de ladrón, estafador o asesino.

ccf05022013_00000

Como dato curioso señalar que el Libro Guinness de los Récords hace responsables a los Thuggees del asesinato de unos dos millones de personas, en cambio, el historiador M. Dash les atribuye alrededor de 50000 asesinatos, basándose en el hecho de que este grupo llevaría a cabo sus andanzas durante unos 150 años hasta su desaparición.

Fuentes:

Administrador. Thug Behram y “los Thug”. En: asesinos-en-serie [en línea] [consulta: 20 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://www.asesinos-en-serie.com/thug-behram-y-los-thugs/

Redacción de El Norte. Historia del crimen: Thug Behram: el mayor asesino de todos los tiempos. En: el Norte [en línea] [consulta: 20 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://diarioelnorte.com.ar/nota20175_historia-del-crimen-thug-behram-el-mayor-asesino-de-todos-los-tiempos.html

Bibliografía:

DASH, M. Thug: The True Story of India´s Murderous Cult. Granta Books. 2005

Películas:

descarga (5)

Gunga Din (1939). Dirigida por George Stevens.

Indiana_Jones_y_el_templo_maldito-908089771-large

Indiana Jones y el Templo Maldito (1984). Dirigida por Steven Spielberg y producida por George Lucas.

o5F6V

The Deceivers: la secta de los falsarios (1988). Dirigida por Nicholas Meyer

John Ketch: el verdugo de Carlos II de Inglaterra

descarga (3)Con este nombre se conoce a uno de los personajes más controvertidos de la historia moderna de Inglaterra, que concretamente actuó a partir del último tercio del siglo XVII. Este sujeto, cuyo verdadero nombre era Richard Jacquet, fue un verdugo que, debido a su peculiar aspecto y a su forma de actuar en sus ejecuciones, llegó al grado más “alto” en este oficio, hasta tal punto que se convirtió en el verdugo que actuaba bajo las órdenes de Carlos II (1630-1685).

La primera noticia que llega de John Ketch es en 1663, anteriormente debió de emplearse como verdugo de alquiler. Pero, a partir de ese momento, se convirtió en el “arma más mortífera del gobierno inglés”, ya que durante 20 años estuvo llevando a cabo sus ejecuciones.

Lo peculiar de este personaje era su aspecto: baja estatura, poco peso y la cara marcada por la viruela. A ello se unía el hecho de que hacía de sus ejecuciones un espectáculo. Allí donde actuaba John Ketch la plaza quedaba concurrida por una multitud enardecida que no quería perderse el número de aquel psicópata. Durante sus ejecuciones tendía a humillar a los reos, llevando el hacha hasta la nuca del condenado para después pasar a dirigirse al público, les desnudaba o les desposeía de lo que pudieran llevar. Seguramente, las víctimas de John Ketch (o Richard Jacquet) debieron de padecer más de la cuenta debido al mal estado de las armas con las que trabajaba el verdugo, a lo que hay que añadir que su escasa fuerza le impediría dar golpes certeros.

La memoria colectiva del pueblo inglés quedaría marcada en 1679, tras una actuación que incluso llegó a repugnar a la gente del momento. En esta ocasión, el verdugo liquidó en un sólo día a 30 condenados, sin ningún tipo de ayuda ni de reparo. Este hecho marcaría el declive de Ketch.

220px-Monmouth's_Execution

Ejecución del duque de Monmouth, 1685, con denado por traición.

Seguidamente, acciones como las que tuvieron lugar con Lord Rusell o el duque de Monmouth, terminarán por firmar su sentencia. En 1683, el primero de ellos estuvo condenado por traición, por diseñar un plan para secuestrar a Carlos II. En el momento de la ejecución, Rusell acordó con el verdugo (tras el pago de 10 guineas nos dicen las fuentes) un trabajo rápido, sin sufrimiento. En cambio, el primer hachazo no fue certero, por lo que la cabeza siguió unida. Hay una anécdota que relata que en ese momento Rusell espetó: oye cabrón, ¿te he dado diez guineas para que me trates tan inhumanamente. Necesitó dos golpes más para terminar el trabajo. En 1865, el duque de Monmouth, también condenado por traición, acordó un pago de 6 guineas. Peor suerte corrió, ya que se necesitó de 5 golpes de hacha y, aún así tuvo que terminar la faena a cuchillo.

image005A partir de ese momento terminaría su historia. Fue arrestado por deudas y en el momento que salió de la cárcel mató a golpes a una prostituta. Este hecho le llevaría a ser condenado a la horca. Incluso su muerte fue peculiar, su poco peso hizo que Jacquet estuviera pataleando durante unos minutos hasta que murió. Era noviembre de 1686.

Entre los trabajos llevados a cabo por Ketch, a parte de las ejecuciones, realizó trabajos de amputaciones, ya sea de nariz, lengua o alguna oreja, muy característico de la época.

En algunas civilizaciones de la antigüedad el oficio de verdugo estuvo institucionalizado, pero con el final del Imperio Romano hizo que el puesto oficial se diluyera. La Edad Media supuso un momento de desafuero en la administración de la justicia, que se convirtió en algo arbitrario. El deseo de que la pena fuera un instrumento

de disuasión para toda la comunidad, hizo que la ejecución se convirtiera en un espectáculo. Se volvió a un modelo arcaico en la ejecución de sentencias. La pena de muerte se institucionalizó como instrumento jurídico de las sociedades complejas en forma de teatro moral puesto al servicio del control social y la prevención del delito (Pérez Fernández, et al., 2012)

En algunos lugares de Centroeuropa, a modo de rito de paso, el adulto más joven era el encargado de las ejecuciones. En Franconia, el último recién casado de la comunidad. En Amberes, por ejemplo, las autoridades designaban un carnicero de los más antiguos del gremio.

image002

En España, el verdugo era designado para la ocasión cuando no había si bien el cargo se transmitió de adres a hijos, pues en muchos lugares no les estaba permitido relacionarse nada más que con otras familias del mismo gremio Desde la Edad Media hasta el siglo XVIII, el ejecutor gozaba de un trabajo estable. A partir del siglo XIX se a transformar en un individuo a sueldo del estado.

Durante mucho tiempo, debido al rechazo social que generaba el oficio, el puesto estaba bien dotado económicamente. En algunos lugares recibía donativos en especie porque eran pocos los que se atrevían a recibir dinero salido de su bolsa. A parte del dinero entregado por el reo o sus familiares para reducir al máximo los daños.

En el siglo XVII el oficio de verdugo adquiere el carácter de funcionario público, era habitual la creencia sobre que el ejecutor, en tanto que profesional de la muerte, mantenía contactos con el más allá.  El vulgo otorgaba enormes prodigios a los instrumentos con los que el verdugo realizaba sus ejecuciones o a los productos de las mismas: cuerdas, cuchillos, sebo con el que supuestamente fabricar velas mágicas, semen de ahorcado, retales de ropa de los ajusticiados, dedos amputados, manos momificadas, un largo etcétera de elementos que otorgaba pingües beneficios y acrecentaba el rechazo a este gremio.

Deberemos de considerar que el oficio de verdugo se ha mantenido hasta la actualidad. En periodos de posguerra sobre todo, había personas que se dedicaban a ejecutar a traidores y enemigos. Si bien con otros métodos, la finalidad era la misma. Se cambió el instrumental, se pasó del hacha o los objetos afilados a otros medios como las cámaras de gas o la silla eléctrica por ejemplo, sin embargo, la consideración hacia el ejecutor también cambió. Ahora no sufrirían del rechazo de antaño pero ¿por qué no?

Fuentes:

Administrador. John Ketch. En: Encyclopaedia Britannica [en línea]. [Consulta: 10 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://global.britannica.com/EBchecked/topic/315648/Jack-Ketch

CEBRIÁN, J. A. Pasajes del Terror: Verdugo John Ketch. En: Onda Cero [en línea]. [Consulta: 10 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://www.ondacero.es/audios-online/la-rosa-de-los-vientos/pasajesdelterror/pasajes-terror-verdugo-john-ketch_2010101100034.html

Bibliografía:

CEBRIÁN, J. A. Psicokillers: perfiles de los asesinos en serie más famosos de la historia. Nowtilus. Madrid.

ESLAVA, J. Verdugos y torturadores. Ediciones Temas de Hoy. Madrid. 1993.

PÉREZ FERNÁNDEZ, F. “La figura institucional del verdugo como espejo público (siglos XVIII-XX). El ejecutor de sentencias y sus variantes psicológicas”. En: Revista de Historia de la Psicología. Nº 43, 2013.

Documentales:

Jeffrey Dahmer: el carnicero de Milwaukee

MTE1ODA0OTcxNTk5NzU4ODYxJeffrey Dahmer, nacido en West Allis (Wisconsin), el 21 de mayo de 1960, fue un asesino en serie que conmovió a la sociedad norteamericana. Ha sido mucho lo que se ha publicado sobre este personaje, en forma de entrevistas o documentales.

       Al contrario que otros asesinos en serie que muestran trastornos del comportamiento, Dahmer creció en un ambiente estructurado, fue un niño querido, sin embargo desarrollo una personalidad extraña y un miedo al abandono que sería lo que marcaría su conducta asesina. Desde pequeño, según cuenta su padre en una entrevista, ya mostró interés por recoger animales y desmembrarlos para después blanquear sus huesos y coleccionarlos. En el instituto, todos tenían a Jeffrey como alguien extravagante y raro. Esto le granjeó las burlas de los demás, lo que sin duda contribuyó a reforzar esa sensación de abandono que mencioné antes. Algo que acentuó todavía más ese rechazo por parte de los demás fue el hecho de que desarrollara un temprano alcoholismo, acudía bebido a clase, que como él decía, era su medicina. Esto atenuaba su tendencia hacia la excentricidad. Sus padres se divorciarían antes de que el cumpliera los 18, hecho que agravó todavía más el miedo al abandono, cuestión que como veremos más adelante será fundamental para poder entender sus crímenes.

Su inclinación sexual también marcaría sus posteriores crímenes. Comenzó a masturbarse con pornografía homosexual u observando las entrañas de los animales que cazaba y desmembraba.

Steven-Hicks-2

Steven Hicks. Primera víctima de J. Dahmer

Sería pues, tras el divorcio de sus padres cuando llevaría a cabo su primer asesinato. Una de sus fantasías consistía en recoger a un autoestopista y poseerlo, acción que llevó a cabo en 1978. Su primera víctima sería Steven Hicks. Recogió al muchacho haciendo autoestop, lo llevo a su casa, donde estuvieron bebiendo cerveza. Una vez Steven decidió irse, Jeffrey no supo como retenerlo, por lo que optó por asestarle un golpe con una barra de pesas y posteriormente asfixiarlo con esa misma barra. Se masturbó una vez lo había asesinado. Al día siguiente fue a hacerse con un cuchillo de caza, desmembró el cuerpo, lo depositó en bolsas de plástico y salió para deshacerse de él. De camino se encontró con la policía, quien lo detuvo por conducir demasiado pegado a la izquierda. Tras hacer un primer análisis de alcoholemia que resultó negativo, observaron el maletero del vehículo y le preguntaron por las bolsas que portaba. Dahmer les dijo que se trataba de basura, los agentes lo creyeron pero, sin embargo, tuvo que regresar a su casa. Una vez allí guardó las bolsas en el sótano a excepción de la cabez, que la usó como imagen para masturbarse. Del cadáver de Steven Hinks se deshizo enterrándolo en un desagüe de su casa, donde lo mantuvo durante unos dos años y medio, hasta que volvió del ejército y troceó los huesos para esparcirlos por la maleza.

Tras este primer asesinato, la vida de Dahmer pareció reconducirse. Su padre lo convenció para que ingresara en la Universidad. Lo hizo en la Ohio State University, pero sus problemas con el alcohol le llevaron a tener que abandonar. Su padre volvería a insistir y logró convencerle de que se alistase en el ejército. Estivo destinado en Alemania, donde la preparación como médico de campo le sirvió para ampliar conocimientos sobre anatomía que le serían muy útiles en sus crímenes. De nuevo por problemas con el alcohol se vio obligado a licenciarse. Tras ello, pasó un tiempo en Florida antes de regresar a Ohio. Una vez allí, tras deshacerse de los huesos de su primera víctima intentó dar un cambio a la situación. Se fue a vivir con su abuela, donde parece que hizo un intento por reinsertarse, sin embargo pronto comenzó a tener esas extrañas fantasías sexuales. Escondió un maniquí en casa de su abuela con el que intensaba satisfacer sus necesidades sexuales, pero no era suficiente, acudía a saunas gays, pero tampoco encontraba lo que necesitaba, ya que eran ligues de una noche que sabía no iban a quedarse a su lado. En estos momentos realizó un acto conmovedor, se enteró del funeral de un chico de dieciocho años y, por la noche quiso ir a desenterrarlo. Por suerte, el suelo estaba demasiado congelado, por lo que Dahmer no pudo llevar a cabo su propósito.

Pasarían casi diez años para hasta que Jeffrey llevara a cabo otro asesinato. En septiembre de 1987 conocería Steven Toumi en un bar de ambiente. En este caso fueron juntos a una habitación de hotel. Jeffrey Dahmer asegura no recordar nada de lo que pasó, simplemente que al despertar se encontró con el cadáver del chico y signos de haber forcejeado. Ante tal situación, se decidió a comprar una maleta de gran tamaño donde meter el cadáver para transportarlo hasta el sótano de su abuela. Allí practicó la necrofilia con el cadáver antes de descuartizarlo para deshacerse de él, a excepción de la cabeza, que la hirvió para blanquearla y quedársela como trofeo.

descarga (1)

Fotografía realizada por J. Dahmer mientras realizaba sus procesos de descuartizamiento.

A partir de ese momento, entraría en una espiral de asesinatos a fin de satisfacer sus necesidades sexuales. Siempre usaba el mismo modus operandi con sus víctimas, primero les ofrecía dinero a cambio de sexo, una vez en su apartamento les administraba somníferos en la bebida para posteriormente estrangularlos. Desde el punto de vista de la criminología Dahmer mostraba características de asesino mixto, es decir, organizado (acechaba a sus víctimas, las engañaba, y eliminaba las pruebas) y desorganizado (practicaba necrofilia, comía carne, mutilaba a las víctimas, conservaba alguna de sus partes).

adler_dahmer

Debido a su obsesión por el abandono, intentaba crear una especie de “zombies” a fin de tener a alguien sumiso bajo su total control. Para ello trepanó el cráneo de alguna de sus víctimas y vertía ácido o agua hirviendo. Fotograma del film Dahmer vs Ottis

En 1989 Dahmer fue procesado por intentar seducir a un menor de trece años, pero no cumplió más de 10 meses de prisión. Sin embargo antes de entrar convenció a Anthony Sears para ir a su apartamento para sacarle unas fotografías. Allí lo estranguló, practicó la necrofilia y lo descuartizó. Lo curioso es que en esta ocasión le pintó el cráneo con aerosol. Sería tras su paso por prisión cuando el ritmo en los asesinatos aumentó, doce fueron sus víctimas desde este momento hasta su detención en 1991. El 23 de julio de ese año, Tracy Edwards,  un joven maniatado consiguió alertar a la policía. Arguyó que un hombre le había amenazado con arrancarle el corazón y comérselo. En ese momento se llevó a cabo un registro de la casa, los policías no podían creer lo que allí les aguardaba. Encontraron corazones en la nevera, cabezas en el congelador, bidones con ácido con cuerpos en descomposición, así como un cadáver descompuesto en la cama.

Jeffrey Dahmer presentaba una personalidad que debió de forjarse a partir de las continuas humillaciones de los demás. Se sentía aislado, fuera de lugar en la mayoría de lugares. cuando comenzó a darse cuenta que era homosexual, para tuvo que ser un trauma el hecho de que fuera un tema tan tabú en Ohio, sin embargo, esta represión no debe de ser algo clave en sus asesinatos, como tampoco lo fue el tema de la separación de sus padres. Ya de joven, Dahmer tenía fantasías recurrentes imaginando a las víctimas inmóviles, por lo que es algo que desarrolló durante su madurez sexual. Aunque es algo que parece intentó reprimir, y que pensó que nunca llevaría a cabo, cada vez se dejó ir más lejos. Buscaba nuevas sensaciones masturbándose mientras frotaba las vísceras de las víctimas, se bañaba con los cadáveres, guardaba un cuerpo en su cama. Las fantasías de Dahmer no pudieron ser sofocadas con el maniquí. Es de destacar el tema del canibalismo, que si bien no es algo que practicó hasta el final, dan una nueva dimensión al personaje. También choca el hecho de que tuviera en mente crear una especie de zombis. Para ello trepanó el cráneo de las víctimas, inyectándoles ácido o agua hirviendo, no obteniendo los resultados esperados.

descarga (2)

Emperador Palpatine (Star Wars)

Dahmer tenía en mente, como así lo confesó en una entrevista, de crear una especie de “centro de poder”, a partir de dos esqueletos y varias calaveras. Todo organizado en torno a esa idea de poder absoluto que pretendía proyectar hacia sus víctimas. En ese contexto, simplemente como curiosidad, destacar que quería crear un ambiente similar al de Star Wars, ya que se sentía identificado con el emperador Palpatine en ese deseo de control total que proyectaba sobre sus víctimas.

Cuando la policía lo detuvo, el escenario que allí encontraron era macabro. Sin embargo esa situación podía haberse podido evitar si la policía hubiese actuado con más precisión en alguno de los casos en los que pudo ser pillada, como por ejemplo cuando ejecutó su primer asesinato y lo retuvieron por conducir demasiado a la izquierda, logrando convencer a los policías de que las bolsas que portaba eran de basura. En otra ocasión, un joven de catorce años llamado Konerak Synthasomphone (hermano de Keison Synthasomphone, cuya denuncia llevó a Dahmer a prisión por primera vez por intento de seducir a un menor) fue llevado al apartamento de Jeffrey donde, tras haberle drogado (procedimiento habitual) le trepanó el cráneo y le vertió ácido. En plena faena decidió ir a tomar una cerveza antes de que cerrara el bar pero cuando salió se encontró al joven laosiano desnudo en la hacer y rodeado por policía. El joven estaba aturdido y Dahmer consiguió convencer a la policía diciendo que se trataba de su amante, que estaba completamente borracho. Estos le ayudaron a subir al joven hasta su apartamento y, a pesar del hedor que desprendía el piso (de lo que si dejaron constancia) no registraron y dejaron el joven en manos de su asesino). En otra ocasión, una víctima llamó dando la dirección y diciendo el nombre de su asesino, pero no fue tenido en cuenta. Ante esto Dahmer se creía totalmente impune, debido a que, sin esconderse demasiado, había pasado desapercibido.

dahmer2 (1)
Gracias a que a Dahmer le gustaba sacar fotografías de todo el proceso, hay un impactante archivo sobre el caso, ya que se contaron con 83 Polaroids sacadas por el mismo.

maxresdefaultEl carnicero de Milwaukee fue sentenciado a 900 años de cárcel por los  17 crímenes cometidos, pero no llegaría a cumplir más de tres desde su detención. El hecho de que un gran número de sus víctimas fuera gente de color, hizo que corrieran teorías sobre un supuesto racismo, algo que Dahmer siempre negó. Esto le llevó a granjearse la enemistad de grupos de negros en la cárcel. En una ocasión fue apuñalado por un grupo de presos negros, pero no sería hasta finales de noviembre de 1994 cuando un preso afroamericano puso fin a la vida de Dahmer de la misma manera con la que él mismo acabó con su primera víctima, golpeado por una barra de pesas.

Las_v_ctimas

Jeffrey Dahmer nunca negó los hechos, se mostró arrepentido, pidió disculpas a la familia de sus víctimas y a la suya propia. Este personaje desmonta todas las teorías del psicoanálisis convencional, porque ningún hecho fue lo bastante dramático como para marcarle de por vida y empujarle a esa vida de asesinatos.

Tras su muerte, los padres biológicos entablaron una lucha en los tribunales por la posesión del cerebro de Jeffrey Dahmer. La madre quería venderlo a un hospital mental para que realizaran estudios sobre el cerebro de su hijo mientras que, su padre, lo que pretendía era enterrar el cerebro y ponerlo en algún lugar condenado al olvido.

Para conocer la historia de Dahmer es fundamental leer la entrevista que Robert K. Reesler, pionero en la psicología forense, le hizo en la cárcel. Esta entrevista nos permite conocer los detalles más escabrosos de las acciones llevadas a cabo por una de las mentes más perversas de la historia de los asesinos en serie.

Entrevista de Robert K. Ressler con Jeffrey Dahmer:

Retrocedamos a la época de Bath, cuando cometiste tu primer delito, y quitaste la vida a un ser humano. ¿Antes de eso…?
–No hubo nada.
¿Ninguna agresión, ni nada parecido?
–No. Violencia contra mí, sí. Fue a mí a quien atacaron, sin motivo.
¿Puedes describir brevemente lo que ocurrió?
–Había ido a visitar a un amigo y volvía de noche a casa; vi que se me acercaban tres chicos del instituto, estudiantes de último año. Uno de ellos sacó una porra y me golpeó en la nuca. Así, sin motivo. Eché a correr.
Hablemos un poco de la ruptura de tu familia. Es doloroso para mucha gente, para la gente que ha hecho lo mismo que tú, y puede convertirse en un elemento importante de su vida. Permíteme que te pregunte: ¿en algún momento sufriste alguna agresión sexual?
–No.
Entonces, ésta no fue la causa. He oído de tu interés por diseccionar animales y cosas por el estilo. ¿Cuándo empezó?
–A los quince o dieciséis años.
¿Empezó en la clase de biología?
–Sí. Nos hicieron diseccionar un lechón.
¿Cómo describirías tu fascinación por, bueno, por la desmembración (Dahmer se ríe) de animales?
–Pues… uno fue un perro grande que encontré en la carretera. Iba a separar la carne, blanquear los huesos, reconstruirlos y venderlo. Pero no llegué a hacerlo. No sé cómo empecé a meterme en esto; es una afición un poco rara.
Me parece recordar que pusiste la cabeza en un palo y lo dejaste detrás de tu casa.
–Fue una broma. Encontré al perro y lo rajé para ver cómo era por dentro. Después se me ocurrió que sería divertido clavar la cabeza en una estaca y dejarla en el bosque. Llevé a uno de mis amigos y le dije que me lo había encontrado entre los árboles.
¿Qué edad tenías entonces?
–Creo que dieciséis.
¿Qué año era?
–A finales de los setenta.
Estábamos ahora preparados para adentrarnos en el terreno de los asesinatos. Dahmer tiene una imagen fija en la cabeza, el momento de recoger a un hombre haciendo dedo, y cuando ésta se materializa en la vida real, se siente arrastrado por los acontecimientos y tiene que llegar hasta el final.
Tenías unos dieciocho años cuando cometiste el primer asesinato, ¿no es cierto?
–Antes llevaba un par de años teniendo la fantasía de encontrar a un hombre guapo haciendo dedo y (pausa dramática)… gozar sexualmente de él.
¿De dónde la sacaste: de una película, de un libro?
–No. Me vino de dentro.
De dentro.
–Ocurrió por casualidad una semana que no había nadie en casa. Mi madre estaba fuera con David, en un motel a unos ocho kilómetros; yo tenía el coche, eran más de las cinco de la mañana y regresaba a casa después de haber bebido. No buscaba a nadie, pero a un kilómetro de casa, lo vi. Hacía dedo. No llevaba camisa y era guapo. Me sentí atraído por él. Pasé por delante de él, frené y pensé: “¿Qué hago? ¿Lo hago subir o no?”. Le pregunté si quería fumar un porro y él respondió: “¡Estupendo!”. Fuimos a mi habitación, bebimos unas cervezas y en el rato que pasamos juntos vi que no era gay. No sabía cómo retenerlosi no era agarrando la barra de las pesas y golpeándolo en la cabeza. Luego lo estrangulé con la misma barra.
¿Tienes idea de dónde te vino esta fantasía de tomar a alguien por la fuerza? ¿También imaginabas quitar la vida a alguien?
–Sí, sí. Todo… todo giraba alrededor de tener un dominio absoluto. Por qué, o de dónde me vino esto, no lo sé.
¿Te sentías fuera de lugar en tus relaciones con la gente?
–En el pueblo donde vivía, la homosexualidad era el máximo tabú. Nunca se hablaba de eso. Yo sentía deseos de estar con alguien, pero nunca conocí a nadie que fuera gay, por lo menos que yo supiera; sexualmente era muy frustrante.
¿Y después de estrangularlo? ¿Hubo actividad sexual antes de eso?
–No. Yo estaba muy asustado por lo que había hecho. Anduve un rato de un lado para otro por la casa. Al final me masturbé.
¿Estabas excitado por lo ocurrido?
–Por tenerlo cautivo.
Bien. Estaba inconsciente, o muerto; no podía ir a ninguna parte. ¿Eso te excitaba?
–Exacto. Más tarde bajé el cadáver al sótano. Me quedo allí, pero no puedo dormir, vuelvo a subir a la casa. Al día siguiente tengo que pensar en una manera de deshacerme de las pruebas. Compro un cuchillo de caza. Por la noche vuelvo a bajar, le abro el vientre y me masturbo otra vez.
¿Te excitó sólo el físico?
–Los órganos internos.
¿Los órganos internos? ¿La acción de destriparlo?
–Sí, luego le corto un brazo. Luego todo el cuerpo en pedazos. Meto cada trozo en una bolsa y después todo en tres bolsas grandes de plástico para la basura. Pongo las bolsas en la parte trasera del coche y me voy a tirar los restos a un barranco, a quince kilómetros. Son las tres de la madrugada. Voy por una carretera secundaria desierta y, a mitad de camino, me para un policía, por ir demasiado a la izquierda. El agente pide refuerzos. Son dos. Me hacen la prueba de alcoholemia. La paso. Iluminan el asiento trasero con la linterna, ven las bolsas y me preguntan qué es. Les digo que basura, porque cerca de mi casa no hay ningún vertedero. Me creen a pesar del olor. Me ponen una multa por circular demasiado a la izquierda… y vuelvo a casa.
¿Y qué hiciste con las bolsas?
–Las volví a dejar en el sótano. Agarré la cabeza, la lavé, la puse en el suelo del cuarto de baño, me masturbé; luego volví a meter la cabeza con el resto de las bolsas, abajo. A la mañana siguiente… metí las bolsas en una tubería de desagüe enterrada que medía unos tres metros. Aplasté la entrada de la tubería hasta cerrarla y las dejé unos dos años y medio dentro.
¿Cuándo volviste a buscarlas?
–Después del ejército, después de trabajar un año en Miami. Abrí la tubería, agarré los huesos, los rompí en trozos pequeños y los esparcí por la maleza.
¿Por qué rompiste los huesos?
–Para acabar con todo. El colgante que él llevaba y las pulseras… los arrojé al río.
¿No conservaste nada de aquel episodio? –No. Quemé las ropas.
No quiero que me describas cada uno de los casos, pero me gustaría centrarme en algunos. ¿El siguiente homicidio cuándo ocurrió?
–En 1986. Invité a un chico que había conocido en un bar gay, detrás del Hotel Ambassador, a pasar una noche de sexo y emociones. Ya había empezado a dar píldoras a la gente.
¿Qué tipo de droga usabas?
–Píldoras para dormir.
¿Cómo te aficionaste a ellas?
–Llevaba un tiempo yendo al sauna y la mayoría de los que conocía allí quería sexo anal; a mí esto no me interesaba, prefería encontrar una manera de quedarme toda la noche con ellos sin necesidad de esto.
¿Qué efecto notabas en ellos?
–Quedaban inconscientes unas cuatro horas.
¿Cuál era tu plan?
–Tener control sobre los demás sin hacerles daño.
En aquella época, ¿tenías intenciones de llevarte a alguien a casa?
–No, en absoluto. Por eso empecé a utilizar el maniquí. ¿Sabía esto? Buscaba la manera de satisfacerme sin hacer daño a nadie.
¿Intentaste apartarte de todo esto?
–Sí. Durante dos años. Alrededor de 1983 empecé a frecuentar la iglesia con mi abuela. Quería enderezar mi vida. Iba a misa, leía la Biblia, intentaba apartar todo pensamiento relacionado con el sexo, y durante esos dos años salí adelante. Pero una noche, en la biblioteca local, leyendo un libro y pensando en mis cosas, se me acercó un chico, me tiró una nota en el regazo y se alejó apresuradamente. La nota decía: “Si bajas al lavabo de la planta baja, te la chupo”. Me lo tomé a broma y no le di más importancia. Pero unos dos meses después empecé otra vez, el impulso, la compulsión. Aumentó el deseo sexual. Volví a beber y a frecuentar los sex-shops. En aquel tiempo tenía controlado el deseo, pero quería encontrar la manera de saciarme sin hacer daño a nadie. Así que me hice socio del sauna, iba a bares gay e intentaba obtener satisfacción con el maniquí. Luego ocurrió el incidente del cementerio. Leí la esquela de un joven de dieciocho años y me presenté en el tanatorio. Vi el cadáver y era un hombre muy atractivo. Cuando lo hubieron enterrado, agarré una pala y una carretilla con la intención de llevarme el cadáver a casa. Alrededor de medianoche me dirigí al cementerio, pero el suelo estaba helado y tuve que abandonar mi propósito.
¿Descubriste que en los bares era fácil conseguir que alguien se fuera contigo? –Exacto. Era un muchacho muy guapo. Le invité a la habitación del hotel. Estuvimos bebiendo. Yo tomaba cola con ron de alta graduación. Le hice beber a él también y se quedó dormido. Yo seguí bebiendo y debí de quedarme en blanco, porque no recuerdo nada de lo que ocurrió hasta que me desperté por la mañana. El estaba tumbado de espaldas, con la cabeza colgando del borde de la cama; yo tenía los antebrazos llenos de contusiones y él algunas costillas rotas y otras lesiones. Al parecer, lo había golpeado hasta matarlo.
¿No tienes ningún recuerdo de haberlo hecho?
–No recuerdo haberlo hecho y no tenía ninguna intención de hacerlo.
¿Qué haces a continuación?
–Estaba horrorizado. Pero… tenía que hacer algo con el cadáver. Lo encerré en el armario, me fui al centro comercial y compré una valija grande con ruedas. Lo metí dentro. Reservé la habitación para otra noche. Me quedé ahí sentado, aterrorizado. La noche siguiente, a la una de la madrugada, abandoné el hotel, pedí al taxista que me ayudara a meter la valija en el portaequipajes, y me dirigí a casa de mi abuela. Escondí la valija en el sótano y lo dejé allí aproximadamente una semana.
¿Y no despedía ningún olor?
–No, porque hacía frío. Era la fiesta de Acción de Gracias y no podía hacer nada porque iban a venir unos familiares de visita.
¿Por qué no dejaste el cadáver en la habitación?
–Porque estaba a mi nombre.
Sigamos. Tienes el cadáver escondido allí abajo una semana.
–Mi abuela sale un par de horas para ir a la iglesia, y yo bajo a buscarlo. Agarro un cuchillo, le rajo el estómago, me masturbo, luego separo la carne y la meto en bolsas, cubro el esqueleto con una colcha y lo hago pedazos con una maza. Lo envuelvo todo y el lunes por la mañana lo echo a la basura. Excepto el cráneo. El cráneo me lo guardé.
¿Cuánto tiempo lo conservaste?
–Una semana. Lo metí en lejía concentrada para blanquearlo. Quedó limpio, pero demasiado frágil y lo tiré.
¿No te dio miedo tirar todo a la basura?
–No sabía qué otra cosa hacer.
¿Y tu abuela no se imaginó algo raro?
–Sólo se quejaba de algunos malos olores.
En cierto momento te fuiste de su casa.
–Pensé que, después de ocho años con ella, era hora de tener mi propia casa, donde no me viera tan restringido.
¿Y dónde estaba esa primera casa?
–En la calle Veinticuatro. Allí es donde saqué aquella foto (de la primera víctima laosiana). No quería hacerle ningún daño.
Era muy joven, ¿no? ¿Cuántos años tenía?
–Trece, catorce. Creí que era mayor. Ya sabe, un asiático puede tener veintiún años y seguir teniendo cara de niño.
Así es. ¿Qué te impulsó?
–Era un domingo por la mañana. Había salido a dar un paseo. Necesitaba actividad sexual. Lo vi, era muy atractivo. Le ofrecí cincuenta dólares por sacarle unas fotos. El aceptó. Le hice dos fotos, le di una bebida y creí que estaba inconsciente. Se escapó, y se presentó la policía.
Ahí te salió el tiro por la culata. La policía te detuvo.
–Mmm-hmm. El agente y yo volvimos al apartamento. Registraron la casa. No encontraron el cráneo que tenía en una cómoda del vestíbulo.
¿Cómo es posible que no lo vieran?
–Estaba debajo de la ropa. En Ohio se les pasaron por alto las bolsas de basura, y ahora no veían el cráneo.
Si lo hubieran encontrado, las cosas habrían cambiado considerablemente, ¿verdad?
–Sí. Y salir del hotel como lo hice. No era nada normal. Cuestión de suerte. En el diálogo siguiente, observarán que Dahmer interpreta mal lo que yo le digo. Yo digo que la voluntad de los homosexuales de relacionarse con desconocidos es una práctica peligrosa para ellos, pero él interpreta toda referencia al peligro como peligro para él, no para otros.
La mayor parte de tus víctimas las sacabas de bares o barrios gay. ¿Qué opinas de su disposición a relacionarse con desconocidos? ¿No crees que es peligroso?
–Sí, lo pensaba, pero la compulsión pasaba por encima de todo.
Según parece, habías elaborado un plan muy detallado para convencer a la gente de que fuera contigo. Estabas seguro de que siempre lo conseguirías.
–Sí.
Pero algunas veces no funcionaba.
–Algunas veces, muy pocas, estaba muy borracho, y me llevaba a alguien que no era tan atractivo como había creído, y por la mañana tenía resaca y se iba. Otras veces no quise matarlos, porque no quería estar con ellos. Esto me ocurrió tres o cuatro veces. Otras noches no quería estar con nadie y volvía a casa a ver un video o leer.
No tenías muchas cintas de video.
–A medida que pasaban los años, fui dejando de lado los videos y las revistas que no me atraían. Aparte de las películas porno, las del Jedi (trilogía de La guerra de las galaxias), el personaje del Emperador, con su control absoluto, encajaba perfectamente en mis fantasías. Supongo que a mucha gente le gustaría tener el control total, es una fantasía muy común.
Esta idea de dominación y control, ¿consideras que fue en aumento desde la segunda víctima hasta la última?
–Mmm-hmm.
Y empezaste a perfeccionar tu técnica de llevarte chicos a casa.
–Se convirtió en el impulso y el foco de mi vida, lo único que me daba satisfacción.
Tuviste algo con las ciencias ocultas. ¿Era un intento de conseguir más poder?
–Sí, pero no fue nada serio. Hice algunos dibujos. Iba a librerías especializadas en ciencias ocultas y compraba material, pero nunca hice ningún ritual con las víctimas. Probablemente lo habría hecho seis meses más tarde, si no me hubieran detenido.
Tengo una copia de un dibujo tuyo. Es toda una fantasía, ¿eh?
–Habría sido una realidad, con seis meses más.
Dahmer quería construir lo que él unas veces llamaba “centro de poder” y otras “templo”, formado por una larga mesa en la que colocaría seis calaveras. Dos esqueletos completos la flanquearían, uno a cada extremo, suspendidos del techo. Una gran lámpara se erguiría en el centro de la mesa y extendería seis globos de luz sobre las calaveras. El propósito de Dahmer era crear un entorno desde donde conectar con otro nivel de percepción o del ser, a fin de conseguir el éxito en el amor y las finanzas.
¿Pensabas comprar todo ese equipo?
–Sí. Ya tenía las lámparas y los esqueletos.
¿Alguna vez creíste…?
–Nunca estuve seguro, pero…
¿Qué había detrás del hecho de que conservaras los esqueletos, los cráneos, el pelo, las partes del cuerpo….
–Conservar los cráneos era una manera de sentir que había sido un desperdicio total matarlos. Los esqueletos iba a utilizarlos para el templo, pero ésta no fue la motivación para matarlos; se me ocurrió después.
Parece que tolerabas mal que la gente se marchara.
–Eran levantes de una noche. Siempre me dejaban claro que tenían que volver al trabajo. Y yo no quería que se fueran.
¿Crees que era realista? ¿No pensaste nunca en establecer una relación permanente?
–No podía. Cuando fui a vivir al apartamento, ya estaba hasta el cuello en cierta manera de hacer las cosas. Además, nunca conocí a nadie que me inspirara la confianza para mantener ese tipo de relación.
Entonces, ¿lo habrías preferido pero era imposible encontrar?
–No me quedaba tiempo para andar buscando. Trabajaba seis días a la semana, tenía limitaciones de tiempo, y quería soluciones inmediatas.
Con el primer muchacho, al que intentaste convertir en zombi, no te salió bien. ¿Volviste a intentarlo?
–Lo intenté otra vez, doblé la dosis y el resultado fue fatal. Esta vez no hubo estrangulamiento. Luego intenté inyectar agua hirviendo. Más tarde se despertó. Estaba muy aturdido. Le di más píldoras y volvió a dormirse. Esto fue la noche siguiente. De día lo dejaba allí.
¿Le habías atado?
–No. Estaba siempre acostado. Aquella noche murió.
¿Y qué me dices de (otra víctima)?
–Le puse la primera inyección cuando estaba drogado, me fui por una cerveza y cuando regresé…
¿Eso fue antes o después de que viniera la policía?
–Antes. La primera inyección fue antes. Salió del apartamento. Me lo volvieron a traer, creyendo que estaba borracho. Le puse la segunda inyección, y eso fue fatal.
¿Fue inmediato o…?
–Inmediato. Era el hermano del que había fotografiado. Fui a dar una vuelta al centro comercial y me topé con él. No lo conocía. ¿Cuántas posibilidades había de que ocurriera algo así? Astronómicas.
¿Hasta donde perforaste?
–Sólo hasta el hueso. Lo inyecté. Estaba dormido y salí a tomar una cerveza rápida al bar de enfrente antes de que cerrasen. Cuando volvía, le vi sentado en la acera y alguien había llamado a la policía. Tuve que pensar deprisa: les dije que era un amigo mío que se había emborrachado y me creyeron. En mitad de un callejón oscuro, a las dos de la madrugada, con la policía a un lado y los bomberos al otro. No podía ir a ninguna parte. Me pidieron el carnet de identidad y se los enseñé. Trataron de hablar con él y les respondió en su lengua. No había rastros de sangre; le examinaron y se creyeron que estaba completamente borracho. Me dijeron que me lo llevara adentro; él no quería entrar, pero entre dos agentes lo subieron al apartamento.
¿Lo examinaron?
–No. Lo tumbaron en el sofá y echaron un vistazo al apartamento. No entraron en mi dormitorio. Si lo hubieran hecho, habrían visto el cadáver (de una víctima anterior) que aún estaba allí. Vieron las dos fotos que le había sacado antes al muchacho, que estaban encima de la mesa del comedor. Un agente le dijo al otro: “¿Lo ves? Ha dicho la verdad”. Y se marcharon.
¿De dónde has sacado esta tranquilidad? En situaciones así, la gente se pone a temblar.
–La primera vez que vinieron, temblaba… Bueno, no lo sé. No sé de dónde he sacado esta tranquilidad. ¡No lo sé!

Muchos asesinos en serie conservan trofeos o recuerdos de sus víctimas. Dahmer había llevado esta tendencia mucho más allá. De las paredes de su apartamento colgaban numerosas fotos de esbeltos modelos masculinos. Le pregunté si las poses de las víctimas en sus fotos imitaban esas otras.
–Era para dar más realce a su físico.
¿Qué significado tenía esto para ti?
–Era una manera de ejercer el control, de que tuvieran el aspecto que yo deseaba.
Era importante conservar las fotos.
–Las utilizaba para masturbarme.
Tenías montones. ¿Y no las escondías?
–Antes sí, pero en la época de la detención me estaba volviendo muy descuidado.
Volviendo al muchacho del apartamento: ¿cuánto esperaste para descuartizarlo y deshacerte del cadáver?
–Hasta el día siguiente.
¿Cuánto tardaste?
–Unas dos horas.
¿Tan sólo?
–Tenía mucha práctica. Es un trabajo sucio. Trabajaba deprisa.
¿Siempre en la bañera?
–Sí.
Y te deshiciste de él. ¿Arrojaste mucho por el inodoro? ¿No se atascaba?
–No, jamás se me atascó.

Pregunté a Dahmer si había leído algo de otros asesinos en serie como Gacy y me respondió que, cuando había oído hablar de éste por primera vez, él ya había matado a varias personas. No puedo asegurar si mentía o no, porque es frecuente que los asesinos lean sobre los crímenes de otros asesinos, y, aparte de la satisfacción que les produce ver que actúan de la misma manera, a veces aprenden sus técnicas.
¿Torturaste a alguno de esos muchachos?
–Jamás. Jamás.
¿Se trataba siempre de anular su conciencia con las drogas y con la muerte?
–Quería que fuese lo menos doloroso posible.
¿Cuándo tenía lugar la actividad sexual?
–Después de drogarlos.
¿Crees que era realista mantenerlos en aquel estado?
–Drogados no. Por eso empecé con las trepanaciones. Drogarlos no funcionaba.
Tenías reparos en hacerles daño. Cuando estaban conscientes y les hacías daño, ¿te preocupaba?
–Por eso no pude seguir con (nombre de la víctima). Y acabó llamando a la policía. Pero no le creyeron. Estaba a tres kilómetros de mi casa y me lo traje otra vez. Tenía el cuchillo, pero fui incapaz de utilizarlo.
¿Alguna vez los mordiste?
–Sí, sí. Al primero. Cuando ya estaba muerto le mordí el cuello.
¿Y qué había detrás de eso, cuál era la motivación?
–La sensación de que pasaban a formar parte de mí.
¿Con cuál de las víctimas empezaste a comerlas?
–Con M. Fue después (del laosiano). Creo que el tercero del apartamento.
Más o menos el número siete.
–Supongo.
¿Cómo ocurrió?
–Mientras lo desmembraba. Guardé el corazón. Y los bíceps. Los corté en pedazos pequeños, los lavé, los metí en bolsas de plástico herméticas y las guardé en el congelador; buscaba algo más, algo nuevo para satisfacerme. Después los cociné, y me masturbé mirando la foto.
¿Nunca sentiste inclinación por los niños? ¿Cuáles eran tus preferencias?
–Los hombres hechos y derechos.
¿De tu misma edad?
–Mmm-hmm.
Blancos, negros y morenos.
–Esta es la cosa. Todo el mundo cree que era una cuestión racial, pero eran diferentes. El primero era blanco, el segundo era un indio norteamericano, el tercero era hispano y el cuarto era mulato. El único motivo de que levantara hombres negros era que en los bares gay eran mayoría.
Entonces era una cuestión de zona.
–Sí. Espero que haya quedado claro.
¿Te han acosado los negros en la cárcel por este motivo?
–Sí. Creen que… se trata de algo racial.

La vez que Dahmer abrió un armario y el administrador olió el contenido de un barril de plástico con capacidad para más de cien litros, lleno de la solución de ácido que utilizaba para disolver los huesos, el administrador a punto estuvo de desvanecerse. El le explicó que allí vertía el agua sucia de la pecera y el hombre se lo creyó.
¿De la pecera? ¿Era una excusa creíble?
–Yo creo que no. Pero, según parece, se la tragó.
Poco después, tiró el barril con su contenido y se agenció un enorme bidón azul de petróleo.
¿Qué había dentro?
–Los torsos sin cabeza.
Ese bidón azul, ¿era para guardarlos y procesarlos más tarde?
–Era para el ácido. Para tratar los torsos.
¿Cuál era el propósito de las lámparas?
–Eran globos azules. Apagaba la luz de arriba y conseguía dar una atmósfera misteriosa y oscura al escenario. Efectos especiales.
¡Vaya escena!
–Como en las películas del Jedi.
¿Y por qué barnizar los cráneos?
–Para darles un aspecto más uniforme. Después de unas semanas, algunos no estaban tan blancos como los otros y tenían un aspecto artificial, como fabricados para un anuncio.
He visto fotos y es verdad, casi parecía una campaña comercial. ¿Los sacaste alguna vez?
–Hace mucho tiempo. Una vez me llevé a casa a un muchacho de Chicago. Los vio y creyó que eran comprados.
Algunos cadáveres tenían las plantas de los pies rebanadas. ¿Por qué?
–Eso era simplemente para que el ácido tuviera una mayor superficie para desintegrar la carne. La piel de la planta de los pies normalmente es muy gruesa.
Seguimos hablando de dos casos que no terminaron en homicidio. En el primero, un hombre joven había sobrevivido a “la bebida” en casa de la abuela y Dahmer le permitió marcharse, pero más tarde el muchacho tuvo que ser hospitalizado y denunció el incidente a la policía, que no hizo un seguimiento muy bueno del asunto. A continuación sigue la narración, palabra por palabra, del segundo caso.
¿Qué pasó con aquel muchacho que golpeaste con un martillo?
–Se marchó furioso, diciendo que iba a llamar a la policía. Quince minutos más tarde, regresó. Llamó a la puerta y le dejé entrar. Dijo que necesitaba dinero para el teléfono, o el taxi, o no sé qué. Me pareció increíble que volviera. ¿Puede creérselo?
¿En lugar de ir a la policía?
–Tenía miedo de dejarlo ir otra vez; forcejeamos unos cinco minutos. Los dos estábamos agotados. Estuvimos en el dormitorio hasta las siete de la mañana. Lo calmé; me prometió que no llamaría a la policía. Fuimos a la esquina, paré un taxi y ésa fue la última vez que lo vi.
Es raro que no presentara una denuncia.
–Lo hizo, pero contó una historia absurda de que yo le había pegado y no le creyeron.
Beber más de la cuenta ha sido un problema constante en tu vida, ¿verdad?
–Sí. Era mi manera de sobrellevar la vida familiar. El divorcio. Y los golpes. Bebía para borrar la memoria. Durante un tiempo funcionó.
¿Puede decirse que te mantenías en un estado de semi..?
–En un estado de borrachera.
¿Lo sentías como una necesidad?
–Así parecía todo más fácil.
¿Te producía placer el acto de cortar en sí?
–Al principio sí. Luego pasó a ser una rutina.
¿Y el sexo después de la muerte?
–Placentero.
¿Y con los restos?
–No era tan placentero como cuando los tenía enteros.
¿Has sabido siempre que lo que hacías estaba mal?
–Sí, sí.
¿En algún momento llegaste a decirte: “Esto es una locura”?
–Sí. Cuando empecé con lo del taladro. Fue en el número doce, o por ahí.
¿Eras consciente de que…?
–De que aquello ya era demasiado.
¿Te dijiste: “No volveré a hacerlo”?
–No. Quería conseguir la técnica del zombi.
¿Por qué crees que la dominación, el control, el poder sobre los demás era tan importante? Para la gente corriente, son factores importantes, pero no hasta el extremo que los llevaste.
–Si hubiera tenido intereses y aficiones normales, como el deporte, no habrían sido tan importantes. ¿Por qué lo eran? No lo sé. (Larga pausa). Supongo que me hacían la vida más atractiva, o más plena.
De acuerdo. Pero se trataba de un poder y un control… fuera de control. ¿Entiendes lo que quiero decir?
–Ahora sí.
Cuando empezaste con lo del taladro, ¿tuviste la sensación de que iban a agarrarte?
–No. Creía que podía evitar que me descubrieran. Fue después de perder el trabajo cuando se me empezó a desmoronar todo.
¿Fue poco antes de que te detuvieran?
–Tal vez un mes.
¿Por qué perdiste el empleo?
–Porque llamé una noche, cuando estaba con el levantador de pesas negro. Creía que aún me quedaba un día de baja por enfermedad, pero no. Decidí pasar la noche con él, porque pensaba que al día siguiente aún tendría el trabajo. Fue por eso.
¿Y lo de las lentes de contacto amarillas?
–Los dos protagonistas de estas películas (El retorno del Jedi y El Exorcista III) llevaban unas lentes en los ojos que emanaban poder. Formaba parte de mi fantasía.

Seguí con la lista entera de crímenes para descubrir algún indicio de su estado mental en la época de cada uno de ellos. Para mí, el acontecimiento clave era lo que había ocurrido en el Hotel Ambassador en 1986. Me interesé por cómo era su vida en aquella época.
–Por aquel entonces había dejado de intentar resistirme a los deseos, pero, cuando conocía a alguien, iba a su casa y me limitaba a pasar una noche de sexo con ellos. La violencia no entraba en mis planes.
Pero esta vez te despiertas y el chico está muerto. Desde entonces hasta enero de 1988 pasan dos años, pero desde enero de 1988 hasta marzo de 1988 pasan sólo dos meses. Lo que ocurrió en el Ambassador, ¿te pareció agradable…?
–No.
…¿o terrible?
–Terrible.
¿Por qué?
–No lo había planeado. Para mí fue una sorpresa encontrarme con lo ocurrido.
Y que él te acompañara a casa de tu abuela, ¿qué fue? ¿Un cúmulo de circunstancias?
–Sí. Nos desnudamos. Estuvimos en la cama, acariciándonos. Nos masturbamos. Y… lo encontré tan atractivo que quise conservarlo.
Las siguientes preguntas tenían por objeto discernir qué crimen en concreto había sido planeado y cuál espontáneo. Revisamos todos los casos en una secuencia temporal. El siguiente había sido en marzo de 1988.
¿Dónde lo encontraste?
–Yendo de copas. Llevaba toda la noche bebiendo y ya me iba a casa. Cuando salí, lo vi y le hice el ofrecimiento.
¿Y otra vez a casa de la abuela, las drogas y todo lo demás?
–Mmm-hmm, el mismo plan.
¿En aquel momento sabías…?
–En aquel momento… sí, sin duda. El plan… Mmm-hmm.
Después pasa un año. Estamos en marzo de 1989. Aquella vez, cuando saliste de casa, ¿ibas en busca de alguien? ¿Planeabas hacerlo?
–Sí, sí. Buscaba a alguien para llevarme.
El siguiente crimen se produjo catorce o quince meses más tarde. “¿Cuáles habían sido las circunstancias?”, pregunté.
–Lo encontré delante de un bar. Se dedicaba a la prostitución y era muy guapo. Le ofrecí dinero, fuimos a casa, y… el mismo plan.
Cuando fuiste a Chicago, ¿habías quedado con alguien?
–Sí.
¿Pensabas que la cita podía terminar en homicidio?
–Sí, probablemente.
Le pregunté a Dahmer si, en medio de una serie de crímenes, antes de salir a la caza fantaseaba sobre lo que ocurriría.
–Sólo mirando fotos de víctimas anteriores. Videos, películas pornográficas, revistas. No tenía fantasías elaboradas antes de salir.
Entonces, te valías de las fotos y la pornografía para llenar los huecos entre…
–Exacto.
…entre sucesos.
–Sí.
Le pregunté de nuevo por sus preferencias sexuales, qué tipo de persona habría deseado como compañero sexual.
–Me habría gustado tener un hombre blanco bien desarrollado y complaciente. Habría preferido tenerlo vivo y que estuviera siempre a mi lado.
¿Que saliera a trabajar y que llevara una vida normal, o que sólo estuviera contigo?
–Que sólo estuviera conmigo.
Menos preferible, pero aún deseable, dijo Dahmer en respuesta a otras preguntas, habría sido dejar a alguien en “estado zombie”. Bajando la escala, dijo que habría preferido “lo que he estado haciendo”, es decir, ligar con hombres en los bares y llevárselos a casa para matarlos. Bajando más aún en la escala de las preferencias, sin embargo, dijo: “Nada”. Ni sexo homosexual normal ni sexo heterosexual normal, ninguna pareja. O, en todo caso, la pornografía.
¿Y después?
–Celibato, sin ninguna actividad sexual. Éste era el estado que intentaba alcanzar los dos años en que fui a la iglesia.
¿Intentabas alcanzar ese estado porque sabías que así no te meterías en líos?
–En efecto, en efecto.
En la época en que cometiste los crímenes, ¿creías que tenías derecho a hacer lo que hacías?
–Siempre intentaba no llegar a conocer demasiado bien a la persona. Así se parecían más a un objeto inanimado. Pero siempre supe que no estaba bien. Tenía de culpa.
¿Alguna vez pensaste que el otro había hecho algo mal y que tú tenías justificación para…?
–No. Esto es lo que creía Palermo, el psicólogo forense. Que lo hacía para librar el mundo de malvados. Y no lo hacía por eso.

Fuentes:

Administrador. Jeffrey Dahmer, el caníbal de Millwaukee. En: Estudio Criminal [en línea]. [Consulta: 8 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://www.estudiocriminal.eu/media/Jeffrey%20Dahmer.doc.pdf

MONTAGUT, A. El “carnicero de Millwaukee” descuartizó y devoró a sus víctimas, según su abogado. En: El País [en línea]. [Consulta: 8 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://elpais.com/diario/1992/01/31/sociedad/696812401_850215.html

Administrador. Jeffrey Dahmer. En: murderpedia [en línea]. [Consulta: 8 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://murderpedia.org/male.D/images/dahmer-jeffrey/docs/jeffrey-dahmer-info.pdf

Administrador. Jeffrey Dahmer Biography. En: Biography [en línea]. [Consulta: 8 de diciembre de 2014]. Disponible en: http://www.biography.com/people/jeffrey-dahmer-9264755

Bibliografía:

BACKDERF, D. Mi amigo Dahmer. Astiberri Ediciones.

RESSLER, R. K. Dentro del mostruo: un intento de comprender a los asesinos en serie. Alba Editorial, 2010.

SCHWARTZ, A. E. El hombre que no mató lo suficiente: los macabros secretos del “Carnicero de Millwaukee”

Películas:

The Jeffrey Dahmer Files

The Jeffrey Dahmer Files (2012). Documental dirigido por Chris James Thompson

Dahmer_el_carnicero_de_Milwaukee-340659142-large

Dahmer, el caníbal (2002). Dirigida por David Jacobson

American_Psycho-503776720-large

American Psycho (2000). Dirigida por Mary Harron

 

Enlaces:

images

Tatuaje con el rostro de Jeffrey Dahmer, reflejo de hasta donde puede llegar la imagen de un asesino en la cultura popular.